LA HISTORIA EN LA MEMORIA: MI PRIMER AÑO DE EXILIO

Foto de 1961 de la Torre de la Libertad  al que los cubanos llamábamos “El Refugio”

Por Martha Pardiño

No conozco a Ana Menéndez, pero al leer su escrito del pasado miércoles, estoy 100% de acuerdo que nosotros, orgullosos integrantes de ese exilio histórico al que ella llama viejos cansados, desposeídos e inútiles – por cierto, los padres de la periodista también son parte de ese exilio que para ella es patético -, debemos de contestarle porque al parecer ella no sabe lo que está diciendo.

Hay una frase de Goethe que me gustaría recordarle a la Sra. Menéndez que traducida al español dice: “El que no está orgulloso de sus ancestros es una persona que no puede tener estima de sí”.

Yo llegué a Miami en Julio del 1962.  Con los $100.00 mensuales que nos daba el gobierno de Kennedy y la comida del Centro de Refugiados, que consistía en leche en polvo, una bolsa grande de huevo en polvo, una lata grande de spam, frijoles blancos, mantequilla de maní, un queso velvetta grandísimo, harina de maíz y mantequilla, pudimos resolver y nunca nos quejamos, al contrario, nos considerábamos afortunados porque habíamos llegado a esta ciudad de Miami con tres mudas de ropa y sin un centavo en los bolsillos.

Nos hospedamos en el hotel COLONY de Miami Beach, que por aquella época estaba cerrado pero un cubano listo lo arrendó y lo alquilaba a los cubanos que llegábamos por $45.00 al mes.  Claro está sin aire acondicionado ni servicio de hotel.  El cuarto nuestro era un horno pero le dábamos gracias a Dios que podíamos vivir allí.  Algo que ahora recuerdo y me causa risa, era que cuando encendíamos la cocina, se apagaba el refrigerador y cuando éste andaba, se apagaba la cocina.

Nos pasábamos las noches hasta las 4 ó las 5 de la madrugada sentados en la terraza del hotel, conversando y matando al tirano. Todos estábamos convencidos de que aquello no duraba un año más.  Todos pensábamos con optimismo que teníamos un  pie en la isla y otro en Miami,  y estábamos seguros de que este exilio sería muy corto.

Alberto y yo íbamos todos los días caminando desde la playa hasta el downtown donde teníamos a un cura y a un médico cubano, nuestros amigos, que nos sanaban el alma y el cuerpo.  Siempre salíamos llenos de esperanza de la Iglesia El Gesu. El Dr. Amaury Robles atendía a todos los cubanos, los curaba, los animaba y les regalaba las medicinas en la Torre de la Libertad: todo gratis.

Alberto empezó a trabajar cortando césped con un amigo nuestro que tenía ese negocio. Ganaba 75 centavos la hora y nos sentíamos millonarios. Después se consiguió un trabajo en el Miami Heart Institute y un part time en una gasolinera. Nos compramos un transportation por $90.00 que tenía un hueco del lado del chofer que se veía el pavimento y el techo no tenía forro, pero para nosotros era un cadillac, pues nos resolvió miles de cosas, sobre todo que Alberto no llegara tarde a los dos trabajos.

Comenzamos a ir a misa todos los domingos a la iglesia San Juan Bosco, en ese tiempo ubicada en un lote que había sido un garaje en la calle Flagler y la 13 avenida del S.W.   Nos sentábamos en sillas de tijera, frente a un altar medio improvisado todos los domingos.  Allí mismo hoy se levanta orgullosa la vieja iglesia construída con amor y esfuerzo sin igual por el Padre Vallina y, al lado de ésta, la nueva iglesia de San Juan Bosco también producto del sacrificio y la bondad este Padre que ha sido providencial para todas las familias cubanas y de distintos países hispano parlantes que han venido a buscar refugio a este país. En San Juan Bosco hay un dispensario médico; una escuela para cuidar a los niños cuyos padres trabajan; un departamento de ayuda a familias pobres que cubre hasta entierros para quienes no puedan solventar ese gasto.

Después nos apuntamos en nuestra Parroquia de San Michael que hasta el día de hoy es nuestra iglesia. Nuestros tres hijos se bautizaron, hicieron la primera comunión, la confirmación y cursaron estudios hasta el octavo grado en Saint Michael.

Nuestra querida parroquia ayudó desde el principio a los cubanos exiliados, bajándonos la cuota mensual del colegio hasta que estuviéramos en posición de pagar la cuota completa.

En el downtown estaba la bella Iglesia de El Gesu, el Correo, el Ten Cent, McCrory, Three Sisters, el Royal Castle con café americano por 5 centavos y hamburgers a 10 centavos.  La verdad es que nadie se moría de hambre en ese tiempo.  También estaban tiendas de telas de judíos que tenían muchas rebajas   y siempre nos regalaban algo como un carretel de hilo, o unos botones, etc.  La Casa de las Viejas donde se vendían botones, encajes, hilo, hebillas, bueno, de todo un poco, y muy barato, también era visita obligada de las mujeres en aquel tiempo.

Capítulo aparte fue para nosotros la tienda “Diamonds”, que bautizamos con el nombre de “La Casa de las Mierditas”, porque allí se encontraba de todo y a muy buen precio.  Tenían adornos para fiestas de cumpleaños, platos y vasos de cartón, velitas, adornos de navidad, hilos, cintas, madejas de hijo de tejer, etc., etc., de todo un poco.

Nosotros en aquella época maravillosa de nuestras vidas – porque no teníamos dinero – pero todos los cubanos exiliados estábamos siempre juntos, dándonos fuerzas unos a otros, llorando unas veces, riendo las otras, en fin, éramos todos una gran familia.

El Dr. Amaury Robles se sentaba todas las tardes en la yerba del frente de su casa alquilada, con su mujer y sus 8 hijas, a rezar el rosario.  Cada vez que alguien se enfermaba, allí estaba Amaury curando, ayudando y hasta con la medicina que se necesitaba y, ni hablar de dinero – en ese tiempo nadie tenía para pagar ni médico ni medicina pero teníamos profesionales como Amaury

y muchos otros cubanos pertenecientes, por cierto, al inútil exilio histórico, como nos llama la Sra. Menéndez.

No les faltaron a los niños del grupo fiestas de cumpleaños que todavía hoy, después de mayores, recuerdan con cariño.

Gracias a mi gran amiga, Antonia Forment, que es una optimista impenitente, y una mujer fuera de serie, se hacía el cake de cumpleaños con harina, huevos y leche en polvo y mantequilla de maní del Refugio.  A este cake Antonia lo bautizó como CAKE REFUGEE.  Quedaba delicioso.  No faltaban las croquetas que se preparaban con la carne de lata (spam),  y se pasaban por harina y se freían y quedaban buenísimas.  Por unos centavos comprábamos en la Casa de las Mierditas (Diamond) unas velitas y platos de cartón y algunos jueguitos para rifar.  Por unas horas nos olvidábamos de todo y celebrábamos como si estuviéramos en nuestra patria.

Cuando alquilábamos un apartamento o una casa, en aquel entonces baratísimo, los muebles los conseguíamos yendo por Coral Gables y algunos lugares de la playa, donde botaban cosas buenísimas.  De esa manera yo me conseguí una estufa y un refrigerador casi de paquete de color amarillo porque los dueños de los mismos habían arreglado la cocina y se habían comprado todo nuevo.  También conseguimos una lavadora, un televisor en blanco y negro, un sofá, una cómoda, dos butacas, una bicicleta de varón, etc., etc.  Nos poníamos todos de acuerdo y nos montábamos en uno o dos carros y recorríamos las zonas donde la gente ponía en la calle cosas preciosas y casi nuevas. Ya eso no existe.

Podría escribir páginas y páginas de todo lo que hicimos e inventamos, al llegar de Cuba a este Miami que es ya nuestro hogar.  No puedo negar que el inglés en aquel tiempo era más que necesario pero también se podían coger clases gratis de inglés. Muchos de nosotros ya vinimos de la isla sabiendo inglés y eso nos hizo más fácil conseguir trabajo.

Por eso nunca me acordaré de esos días con amargura porque nosotros las mujeres y hombres que tuvimos que abandonar la patria donde nacimos, siempre hemos tratado de enaltecer el nombre de Cuba y hemos sido dignos, trabajadores, obedientes de la ley, y hemos educado a nuestros hijos para que sigan nuestro ejemplo.

Creo que hemos sido un exilio que ha dado ejemplo de disciplina, honor, decencia, y nos hemos adaptado a este país, sus costumbres y sus leyes pero siempre pensando y luchando por la libertad de nuestra tierra.

De nuestra inmigración, Gracias a Dios, han salido muchos triunfadores que hoy ocupan altos cargos en el gobierno de este país y muchos otros que tienen grandes industrias y negocios que dan empleo a miles de personas, sin contar con los talentosos y distinguidos profesionales que han salido de nuestras familias.

Creo que para hablar de la comunidad cubana y del exilio histórico hay que saber y profundizar mucho más porque no es un tema que se puede despalillar a la ligera como lo ha hecho Ana Menéndez.

Nota del Director: Gracias Martha, por estas verdades y esta conmovedora historia que tanto me recuerda a la mía, llegado en julio de 1961.

(Publicado en la edición del miércoles 23 de mayo del 2007)

3 comentario sobre “LA HISTORIA EN LA MEMORIA: MI PRIMER AÑO DE EXILIO

  1. Que excelente historia para que la lean y aprendan los “perseguidos politicos(as), que en su mayoria traen en el cerebro el virus que le inyectaron su padrasto, Fidel, la bestia de Biran, y lo unico que les interesa es vivr de panza y turistear en Castrolandia, ademas de criticar al exilio historico, al que ellos no le llegan a los zapatos.

  2. Recordando a Martha Pardiño, excelente cubana, muy buena escritora y que la perdimos en Nov. 2015. Esta noticia impactó a todos los que la conocimos.
    Sin embargo esta historia contada ella y por Nuevo Accion, demuestra como un matrimonio cubano despojado de sus bienes y de su tierra, vinieron a este pais con una esperanza firme, de avanzar en esta nueva sociedad, sin pensar que no tenian regreso….se vivia con la esperanza solamente, algo que nunca se logró, para ellos y miles como ellos, que jamas han regresado a la Patria añorada.
    Descanse en Paz, la amiga Martha Pardiño.

  3. Todos nosotros luchamos por salir adelante ayudándonos todos. Fuimos unas generaciones de exiliados llenos de fe, honestidad y decencia. Yo salí el 11 de Julio de 1960. Dios bendiga a todos los cubanos de bien. Creamos nuevas generaciones de familias llenas de generosidad, capacidad de trabajo y amor por el prójimo. Me apena que haya personas como Ana Menendez que no lo entienda. Definitivamente la ignorancia es osada y peligrosa.

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