LA HISTORIA EN LA MEMORIA: PORQUÉ LA BRIGADA DE ASALTO 2506 ENTREGÓ SU BANDERA AL PRESIDENTE KENNEDY PARA SU CUSTODIA TEMPORAL

Por:  Mayor General (DCNG-Ret.) ERNEIDO A. OLIVA, Ex-Segundo Jefe Militar de la Invasion de Bahía de Cochinos

Desde mi regreso de las cárceles cubanas después de nuestro fracaso en la Bahía de Cochinos el 17 de abril del 1961, me han preguntado cientos de veces el porqué la bandera de la Brigada de Asalto 2506 fue entregada al Presidente John F. Kennedy en el Orange Bowl de Miami el 29 de diciembre del 1962.

Hasta estos momentos, a muchos que desconocen los hechos, les parece que eso fue una acción paradójica, pues Kennedy es frecuentemente culpado por nuestra derrota en Bahía de Cochinos y como resultado de ser el responsable por casi cinco décadas de la dictadura de Fidel Castro y por añadidura del sufrimiento del pueblo cubano. Esta percepción es el resultado de la decisión del mandatario estadounidense de no proporcionar la cubierta aérea prometida a los combatientes por la libertad. Muchos opinan que la entrega de la bandera de la Brigada fue motivada por disculpas y halagos. Sin embargo, yo pensé en aquellos momentos como pienso ahora, que la entrega de la bandera al Presidente estuvo plenamente justificada, que fue correcto y patriótico lo que hicimos. Hasta estos momentos, he discutido este tópico solamente con un viejo amigo entre los numerosos periodistas que han tocado a mi puerta solicitando entrevistas, porque el tema incluía mucha información confidencial y no creí era el momento apropiado para discutirlas. Bueno, esa información ha sido declasificada y deseo ahora poner nuestras acciones en su debida perspectiva.

El 22 de diciembre del 1962, la mayoría de los miembros de la Brigada fueron liberados porque el gobierno de Estados Unidos había pagado el rescate demandado por Castro por nuestra libertad y se había ordenado nuestra salida de la isla. Antes de partir de la base aérea militar de San Antonio de los Baños, Castro tomó su tiempo para visitar privadamnente a los tres líderes de la Brigada: el Dr. Manuel Artime, José Pérez San Roman y a mí. Sus palabras de despedida incluyeron no solo reproches por lo que nosotros habíamos realizado – algo que habíamos escuchado en varias oportunidades durante nuestro cautiverio – pero en esta occasion nos amenazó de que si regresábamos de nuevo a Cuba con un arma en nuestras manos, seríamos fusilados de inmediato en el mismo lugar de nuestra captura. Nuestra partida fue retrasada por ocho horas hasta que el millon y medio de dólares en efectivo que pagaron por los tres líderes fueran depositados en la cuenta bancaria personal de Fidel Castro.

Cuando finalmente aterrizamos en la base aérea militar de Homestead en la Florida, no había puesto un pie en territorio libre cuando un estadounidense se aceró a mi corriendo y me informó que alguien había llamado a un teléfono de la base y deseaba hablar urgentemente conmigo. Yo me pregunte quien pudiera estar tan ansioso de hablar conmigo porque mi esposa, Graciela, se econtraba aún en Cuba con mi pequeña hija. Cuando pude llegar al lugar señalado y levanté el teléfono, al otro lado de la línea se encontraban el Secretario de Justicia y hermano del presidente, Robert F. Kennedy. Con palabras calurosas me dió la bienvenida a Estados Unidos y dijo que en los días subsiguientes discutiríamos tópicos de gran importancia para ambos.

Cuando, dos días después, Artime, San Román y yo nos reunimos con Robert Kennedy en la Ciudad de Washington, él nos proporcionó información sobre las operaciones que estaban realizando para precipitar el derrocamiento del regimen de Castro. Sus palabras nos hicieron olvidar de inmediato las amenazas de despedida del dictador y nos motivó a comenzar de nuevo planes para combatir otra vez por la liberación de nuestra patria nativa. Kennedy mencionó que los planes operacionales estaban ya siendo implementados, que quería asegurarse de que nosotros éramos incluidos en el proceso si así lo decidíamos. La operación llamada “Operación Mongoose” había sido aprobada por el Presidente Kennedy en noviembre del 1961, solo seis meses después de la invasión de Bahía de Cochinos. Las regulaciones de Operación Mongoose, recientemente declasificadas, establecia dos puntos muy importantes: “(a) llevando a efecto el derrocamiento del gobierno de Castro, los Estados Unidos utilizarán recursos nativos, internos y externos, pero reconoce que el éxito final requerirá una intervención decisiva de EE.UU.. (b) Al mismo tiempo que se identifican los recursos nativos, estos serán utilizados para preparar y justificar la intervención, y más tarde facilitarla y apoyarla.”

Durante los días que siguieron a nuestra reunión con Robert Kennedy, los tres líderes de la Brigada pasamos largas horas, en Washington y Miami, discutiendo los planes que nos habían presentado. Finalmente llegamos a la unánime conclusion de que por el bien de nuestra patria teníamos que olvidarnos de nuestras amargas experiencias con el Presidente Kennedy y la falta del prometido apoyo aéreo y que teníamos que aceptar la nueva oportunidad que se nos ofrecía. Nosotros también acordamos seguir los consejos de uno de nuestros nuevos asesores norteamericanos y no compartir esa información con nadie, ni siquiera con nuestros amigos más cercanos de la brigada.

Para demostrar al Presidente nuestra firme decisión de cooperar, así como también hacerle saber nuestra disposición de combatir de nuevo por la liberación de Cuba, Artime sugirió que hicieramos un gesto simbólico y presentáramos públicamente la bandera de la Brigada al Presidente Kennedy. También decidimos que yo hiciera la entrega después que San Román concluyera sus breves palabras de bienvenida. Cuando informamos al Secretario de Justicia de nuestra decisión, funcionarios de la Casa Blanca comenzaron inmediatamente a preparar los planes que culminaron en una extraordinaria ceremonia en el Orange Bowl de Miami, la que fue presenciada por miles de cubanos exiliados. Fue durante ese evento histórico que le entregué la bandera al Presidente Kennedy diciendo: “Senor Presidente, los hombres de la Brigada de Asalto 2506 le hacen entrega de su bandera, nosotros se la entregamos para su custodia temporal. El Presidente entonces desdobló la bandera, hizo una pausa de unos segundos, y con voz emocionada declaró: “Comandante, le aseguro a ustedes que esta bandera será devuelta a esta Brigada en una Habana Libre”.

Durante las semanas siguientes, varios funcionarios del gobierno, y en especial Robert Kennedy, nos informaron que la “Operación Mongoose” no estaba obteniendo los resultados previstos y que estaba siendo reemplazada por otra nueva operación encubierta. Se nos aseguró que los nuevos esfuerzos eran considerados de alta prioridad y que la administración estaba comprometida con la liberación de Cuba. También nos enteramos que cientos de hombres se encontraban implementando los nuevos planes y que decenas de operaciones psicológicas y paramilitares se estaban realizando contra el régimen de La Habana. Nosotros estábamos convencido que en esa ocasión, el resultado sería una victoria definitiva.

A fines de enero del 1963, Artime y yo nos reunimos de nuevo con Robert Kennedy en su residencia de McLean. Kenedy comentó que nosotros lucíamos completamente recuperados del duro tiempo pasado en las prisiones e indicó que había llegado la hora que nos uniéramos a las operaciones del gobierno contra Castro. A Artime se le proporcionaría todos los fondos necesarios para que comenzara operaciones paramilitares desde otro país, él dijo, y a mí se me permitiría, dentro de las Fuerzas armadas estadounidenses, entrenar y organizar las fuerzas convencionales necesarias para lograr la meta establecida por el Presidente. Dos meses más tarde, Artime partió para Nicaragua con cientos de hombres.

Yo me dirigí a Fort Benning, Georgia, con 207 oficiales de la Brigada que habían recibido unos días atrás sus comisiones como oficiales del ejército, la fuerza aérea y la marina de EE.UU. Otros 500 miembros de la Brigada fueron asignados al Fuerte Jackson, en Carolina del Sur,(Foto de arriba a la izquierda: 4to pelotón de la Compañía A-4-1-archivo personal de Aldo Rosado-Tuero, integrante de dicha compañía) donde se unieron a miles de cubanos voluntarios que se habían alistados durante la crisis de los cohetes de Octubre.

En una conferencia de prensa en enero, el Presidente anunció el ingreso en el ejército de los miembros de la Brigada y mi nombramiento como Representante de todos los cubanoamericanos alistados en las Fuerzas Armadas de EE.UU. Todos estos increibles eventos se desarrollaron con una velocidad incredible después de lo que muchos creyeron fue un firme compromiso firmado por el Presidente de Estados Unidos y el Primer Ministro de la Unión Soviética después de la crisis de los cohetes de no invadir militarmente a Cuba. A través de los años, muchos han mantenido firmemente este criterio. Académicos, periodistas, historiadores y algunos cubanoamericanos han culpado a John F. Kennedy por cancelar todas las operaciones contra Castro después de la fallida invasion de Bahía de Cochinos. Yo puedo asegurar, como testigo presencial, de que no fue así.

Como el resto del país, el asesinato del Presidente el 22 de Noviembre del 1963 fue un tremendo golpe para mí. Me encontraba en Fort Sill, Oklahoma, trabajando con otro oficial cubano asignado a esa base militar en planes para organizar una brigada de infantería dentro del ejército de EE.UU., cuando escuché la trágica noticia. Los oficiales de la Brigada se encontraban en esos momentos dispersos en varias bases de EE.UU. Yo no pude imaginarme en aquellos momentos la tremenda repercussion que tendría la pérdida del Presidente Kennedy en nuestros planes y que todos nuestros esfuerzos y sueños por ver a una Cuba Libre iban a desvanecerse prontamente. El 14 de enero del 1964, fue el nuevo Presidente Lyndon B. Johnson quien en la Casa Blanca, en presencia de Robert Kennedy, me informó de su decisión de terminar todas las acciones contra Cuba. Yo tuve que trasmitir personalmente la devastadora noticia a los cubanos exiliados que ostentaban el uniforme militar norteamericano. Realmente Castro fue el único que se benefició del acto criminal acontecido en Dallas.

En un libro titulado “Inner Circles”, fue el ex-Secretario de Estado y General del Ejército Alexander M. Haig el primero en hacer referencia de mi participación en Operación Mongoose. Durante la operación, Haig era un teniente coronel asistente del Secretario del Ejército Cyrus Vance, que cordinaba conmigo los planes del Pentágono hacia Cuba. En su libro, Haig narró: “Fue una declaración extraordinaria (las palabras del Presidente en el Orange Bowl) proveniendo de un hombre que había abandonado a la Brigada cuando él era el único que podia haberla salvado. Sin duda, él pensaba hacer lo que estaba diciendo… La Operación Mongoose fue autorizada por el Presidente Kennedy a raiz de la invasión de Bahía de Cochinos…Muchos de los que estaban presentes en el Orange Bowl aquella noche tenían que haber tenido conocimiento de su existencia. El pueblo Americano estaba ignorante de esto…Treinta incursiones en Cuba…fueron aprobadas durante un período de tres meses que comenzó en noviembre del 1963, los últimos tres meses de la presidencia de Kennedy. Con la aprobación de Vance y el asesoramiento de Erneido Oliva, entre otros, yo procesaba las decisiones, entregándoselas a un representante de la CIA para que fueran ejecutadas por sus operativos en el terrreno.

Confío sinceramente que los miembros de la Brigada y el público en general comprendan que la culpa por los 46 años de dictadura en Cuba no debe recaer exclusivamente sobre los hombros de John F. Kennedy. Es una realidad ineludible que nuestra derrota en las playas cubanas consolidó el régimen de Castro. Pero también tenemos que admitir que el Presidente Kennedy quería continuar su lucha para derrocar al tirano. El Presidente que nos falló en la Bahía de Cochinos estaba realmente arrepentido por no apoyarnos y quería restificar su error histórico y liberar a Cuba de la dictadura castrocomunista.

A través de los años, continué haciendo todo lo que estuvo al alcance de mis manos para convencer a funcionarios claves en la seis administraciones que siguieron la del Presidente Johnson para que hicieran algo por liberar al pueblo cubano. Como he dicho en repetidas oportunidades anteriores, nadie ha estado dispuesto a mover un dedo contra el tirano.

El dictador cubano a sólo unas 90 millas de nuestras costas, ha cometido muchos errores que le han hecho merecedor del aislamiento de inclusive sus propios ex-aliados europeos. Como Presidente del Consejo Militar Cubano-Americano (CAMCO), he tenido la oportunidad de hablar con muchos cubanos que han llegado recientemente a Estados Unidos. Estos nuevos exiliados han enfatizado el deterioro social y económico de Cuba. Ellos nos han informado sobre los chismes y expeculaciones entre los compinches de Castro que se encuentran preocupados por lo que pudiera suceder cuando el tirano desaparezca del escenario y cómo pudieran ellos sobrevivir la inevitable transición hacia la democracia. Los recien llegados también describen como el ansiano dictador está cada día más frágil, senil y excéntrico. Ellos muestran con dolor fotografías de las dos Cuba. Una Cuba mostrando las caras alegres de los turistas que viajan brevemente a la isla para disfrutar de las blancas arenas de sus playas, los lujosos hoteles y el cálido sol caribeño; y la otra Cuba, mostrando las caras tristes del 95 por ciento de la población – los pobres, los privados de sus derechos, los cautivos, la pobre gente “resolviendo” en hogares dilapidados y mendingando alimentos, agua, combustible y otras necesidades para subsistir.

Creo firmemente que la libertad de Cuba se acerca a pasos agigantados. Es muy posible que un día, que me parece cercano, los ex-miembros de la Brigada de Asalto 2506, sus familiares y el resto de la comunidad cubana, nos pudéramos reunir de nuevo. Esta vez, no en el Orange Bowl de Miami, pero en una Habana Libre, en un lugar hoy conocido como “Plaza de la Revolución” y que nosotros llamaremos “Plaza de la Libertad”. Y vislumbro ver y oir en esa plaza, a otro Presidente de Estados Unidos diciendo: “Miembros de la Brigada de Asalto 2506, estoy aquí en una Cuba Libre, devolviéndole a esta Brigada la bandera que nos fué entregada para nuestra custodia en diciembre del 1962”.

Un Comentario sobre “LA HISTORIA EN LA MEMORIA: PORQUÉ LA BRIGADA DE ASALTO 2506 ENTREGÓ SU BANDERA AL PRESIDENTE KENNEDY PARA SU CUSTODIA TEMPORAL

  1. Con todo respeto, los Kennedy’s se dejaron aconsejar por Oppenheimer y cuadrilla a abandonar la invasión. El error más grande de esa administración.
    Los que luchamos dentro de Cuba nos salvamos por la voluntad del Señor, porque hubiéramos fallecido todos si nos lanzábamos a la calle esperando a unas Fuerzas Armadas que nunca vendrían.
    Todo mi respeto y admiración a los miembros de la Brigada vivos y fallecidos. Yo también creí en los Kennedy’s pero aprendí lo traicioneros que fueron.

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