“LA IGNORANCIA MATA A LOS PUEBLOS…”

Por Vicente P. Escobal-Especial para Nuevo Acción

Desde hace ya algunos años me impuse una meta: permitir que los próceres de nuestra independencia descansen en paz y no andar desenterrándolos de sus sagradas sepulturas para que me sirvan de pretexto al desarrollar una idea o exponer un argumento. Quiero que esos sacros cadáveres de la Patria constituyan patrimonio de todos los cubanos y que sus ideas nos permitan sacudirnos el letargo y avanzar por los caminos de paz y libertad que ellos trazaron.

Pero hoy transgredo mi meta por un instante y coloco a mi lado a José Martí, sin calificativos ostentosos ni grandilocuentes. La grandeza de ese nombre no se mide por la pequeñez de una tenue alabanza. Y fue justamente Martí quien nos dejó esta lapidaria advertencia: “La ignorancia mata a los pueblos, por eso es preciso matar la ignorancia”. 

Todos, en mayor o menor medida, hemos sido testigos del daño causado a Cuba por la ignorancia de algunos de sus hijos y como ha ido desapareciendo el pensamiento crítico, la capacidad de análisis, el deseo de superación, la libertad de ideas.

Pasemos revista brevemente a algunas de las ignorancias más comunes entre muchos de los habitantes de la Mayor de las Antillas, convertida por la tiniebla y la barbarie comunista y, para vergüenza de todos, en la Menor de las Antillas.

Según la ridícula propaganda castrista, antes del 1 de enero de 1959 Cuba era un país de analfabetos, prostitutas, enfermos sin hospitales ni medicinas, discriminación racial, plagado de pillos y hampones, sometido al “norte revuelto y brutal”. Una nación de pandillas, dictaduras y corrupción.  Pero el manto de la ignorancia se descorre cuando examinamos algunos datos publicados por organizaciones y organismos internacionales que dan cuenta del desarrollo alcanzado por Cuba antes de la toma del poder por los promotores de la ignorancia.

El 20 por ciento de la ciudad de La Habana fue construido durante todos los años de la colonia española y el 80 por ciento en apenas cincuenta y seis años de república independiente. En 1958 Cuba contaba con un total de 18,384 grandes, pequeñas y medianas fábricas y 15,782 establecimientos comerciales y de servicios de todo tipo con un valor superior a los 4 mil millones de dólares de la época (Anuario Estadístico de la ONU, diciembre 1958).

En el año 1925, el entonces presidente Gerardo Machado pidió a su secretario de Obras Publicas Carlos Miguel de Céspedes iniciara el estudio de un proyecto para la construcción del Capitolio Nacional. La firma de arquitectos Govantes y Cabarrocas tuvo a su cargo el diseño del inmueble y Pudri & Henderson, una compañía estadounidense, se encargó de la construcción. Fue inaugurado el 20 de mayo de 1929 para servir de asentamiento al Congreso de la República.

El más representativo de los hoteles habaneros, el Habana Hilton, fue diseñado por la empresa norteamericana Welton Becket & Associates en colaboración con Arroyo-Menendez, una firma de arquitectos cubanos. El hotel fue construido con los fondos de la Caja de Retiro de la Federación de Trabajadores Gastronómicos (FTG) y dirigido por Frederick Snare Corporation. Abrió sus puertas al público el 22 de marzo de 1958 y contó con la presencia de Conrad Hilton en representación del “Grupo Hotelero Hilton” a quien la FTG arrendó el establecimiento. Fue el hotel de mayor altura física y de una excelente capacidad de servicio de América Latina.

En 1958, por sus reservas de oro, dólares y valores convertibles en oro, Cuba era el tercer país de Latinoamérica con una mayor solidez monetaria, detrás de Brasil y Venezuela (Fondo Monetario Internacional. Cuba; 1958)

En términos de inflación, la República de Cuba mostraba el índice más bajo de América Latina, con 1,4 porciento. La más alta la tenía Bolivia con el 63 porciento y la media de 7,8 porciento la reportó México. (Banco Interamericano de Desarrollo [BID]. Cuba. 1958).

La deliberada ignorancia sembrada por el castrismo entre los cubanos para manipularlos con mayor facilidad, oculta el hecho de que Cuba ocupaba el cuarto lugar a nivel internacional por recibir sus trabajadores el mayor porcentaje (66 por ciento) de la remuneración en relación con el ingreso nacional.

En el capítulo de distribución de las tierras, según el tamaño de las fincas registradas (56.7 hectáreas promedio), Cuba ocupaba en 1958 el primer lugar en el continente americano.

El 31 de diciembre de 1958 Cuba conquistaba el tercer lugar por el número de radioemisoras de alcance local y nacional (30) una cifra superada solamente por Brasil, con 593, y México, con 417.

En el sector de la telefonía, cuando la internet y los celulares no habían invadido el mercado internacional, Cuba se situaba en el tercer lugar según el número de teléfonos en servicio por cada 100 habitantes (28).

Ese pequeño archipiélago, con apenas seis millones de habitantes y cincuenta y seis años de independencia ¿arropaba la sociedad perfecta? No. ¿Era Cuba un paraíso sin convulsiones políticas o sociales? No. ¿Todos sus ciudadanos poseían grandes fortunas? No. ¿Trataba Cuba de sacudirse las secuelas del coloniaje? Si. ¿Los ciudadanos encontraban las vías y los medios, según posibilidades y talento, para superarse y educar a sus hijos en un ambiente de decencia y pulcritud moral? Si. ¿Repudiaban los cubanos las ideas represivas? Si. ¿Se condenaban las doctrinas políticas y las ideologías totalitarias? Si. ¿Era Cuba un país de emigrantes? Definitivamente no. La tasa de emigración anual apenas superaba el uno por ciento. Cuba era reconocida a nivel continental como un país de inmigrantes. En la Isla coexistían importantes comunidades de ciudadanos chinos, españoles, polacos, y de otras nacionalidades perfectamente adaptadas a la idiosincrasia de la nación.

¿Se ejercía en Cuba la libertad de prensa, de expresión, de asociación con fines pacíficos y de sindicalización? Si. Cuba contaba con un pujante movimiento sindical, profesional y empresarial. El salario diario promedio al cierre del 31 de diciembre de 1958 era de $6.00 situando a Cuba en el octavo lugar a nivel mundial en ese indicador.

La letal ignorancia sembrada en la población cubana, particularmente entre los nacidos después de 1959, ha ocultado el hecho de que el obrero cubano, desde el año 1933, gozaba de una jornada de trabajo de 8 horas diarias con 44 horas a la semana y un pago por 48. Y gozaban del derecho a un mes de descanso retribuido por cada once meses de trabajo. (Organización Internacional del Trabajo [OIT] – Resumen anual 1958).

El 15 de julio de 1925 el Congreso de la República de Cuba aprobó la construcción de la Carretera Central y el 27 de septiembre de 1926 se celebró la primera licitación. La segunda se efectúo el 30 de noviembre de 1926 y se adjudicaron a las empresas Compañía Cubana de Contratistas y la estadounidense Warren Brothers Company, bajo la dirección del ingeniero cubano Manuel A. Coroalles. El diseño tenía como objetivo conectar los principales centros de población y aprovechar al máximo el trazado de las calzadas y caminos existentes, decisión que ahorró tiempo, dinero y evitó expropiar terrenos. La carretera posee una longitud de 1,139 kilómetros.

Podríamos publicar un interminable cúmulo de comentarios, cifras y datos que abrumarían al lector y denotarían una imperdonable falta de consideración.

Cuando la pesadilla del castrismo desaparezca definitivamente, cuando los cubanos logren recuperar sus libertades y sus derechos, junto a sus deberes ciudadanos, cuando la nación cubana emprenda el camino de su reconstrucción material y ética, cuando las instituciones del Estado estén al servicio del bien común y no de una caterva de privilegiados sin moral ni escrúpulos entonces, y solo entonces, se habrán cumplido las advertencias, las ideas y los sueños de Martí.

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