LA LECTURA DEL SÁBADO

RECUERDOSDEAURELIONOVELAEN LA BREGA HASTA LA HUELGA DE ABRIL**

(**Fragmento del capítulo con ese título de la novela “Recuerdos de Aurelio”, de Aldo Rosado-Tuero, con un relato sobre la Huelga de abril del 1958, de cuyo hecho hoy se cumplen 58 años)

La clandestinidad a pesar de recibir duros golpes se incrementa notablemente. Los sabotajes están a la orden del día. Fracasan los intentos conciliatorios hechos por el Coronel de las Guerras de Independencia  Don Cosme de La  Torriente. La resistencia cívica logra paralizar casi toda Cuba. Y Fidel da la orden de preparar la huelga general revolucionaria. Faustino toma el timón para lo que debe de ser el puntillazo final a la dictadura. El aparato clandestino del Movimiento debe de dedicar todos sus esfuerzos a la realización de la huelga. Los combatientes, llegado el momento, bajarán de las montañas para apoyar al núcleo de las ciudades.

A Aurelio comienzan a no gustarle el festinamiento con que se anuncia la huelga. La Radio Rebelde, por órdenes de Fidel habla de ella. Cuando lo comenta con Faustino, éste aplaca sus temores, comentándole que así mismo hizo Fidel con el desembarco, anunciarlo a bombo y platillo, “Y ya sabes los resultados”. El dos de abril ya media Cuba sabe que la huelga debe de empezar de un momento a otro. Aurelio recibe la orden de marchar para Santa Clara donde debe de estar a más tardar el día 7. Allí debe de esperar, junto a un grupo de combatientes del clandestinaje, la orden de iniciar la huelga. Su grupo tiene la misión de paralizar el tráfico y obligar a los comercios a cerrar sus puertas. Para ayudarles les ha sido asignado un grupo de rebeldes del Escambray, que han bajado la loma para tal menester.

Se supone que las milicias del 26 en las ciudades reciban la orden de movilización 24 horas antes del inicio de las acciones que llevarán a la huelga. No ocurre así. Todos se enteran que la huelga ha comenzado el 9 de abril, alrededor de las 10 de la mañana, cuando, en la casa de seguridad en que están reunidos, escuchan por la radio de la Habana, como un Comando toma una de las emisoras e incita a iniciar la huelga inmediatamente. Hay frustración entre los muchachos. ¿Cómo es posible que no hayan dado la contraseña a tiempo como se había acordado? De todos modos no hay tiempo que perder. Hay que salir de inmediato a cumplir los planes trazados con anterioridad.

Se dividen en tres grupos, que se asignan  sectores de la Ciudad. A Aurelio le corresponde el sector del barrio del Capiro. Cuando salen a la calle cargados de sacos de botellas vacías que comienzan a romper en las calles, de algunas casas los secundan y arrojan basura, botellas y puntillas a las calles. Pero al caminar algunas cuadras se dan cuenta de que el ejército está sobre aviso. Hay tanquetas en las calles y en las esquinas estratégicas. La policía con armas largas recorre los comercios, obligando a abrir a los que han cerrado e impidiendo que cierren otros. Cuando están cerrando una bodega, aparece una patrulla policíaca. Aurelio ordena abrir fuego, al tiempo que dispara la carabina M-1 que lleva, pero que tiene muy poca provisión de municiones. El tiroteo se generaliza, pero los comandos revolucionarios tienen que retirarse ante la superioridad de fuego de los policías y la escasez de municiones. Los vecinos los ayudan a escapar abriéndoles sus puertas y pasándolos de una casa a otra por los patios.

Aurelio comprende temprano que la huelga ha fracasado. Si en otras ciudades ha ocurrido como en Santa Clara, seguro que las fuerzas revolucionarias han sufrido un duro revés. Al rato se entera de que los otros grupos han tenido los mismos contratiempos que el suyo.

Permanecen escondidos por unos días en la propia Santa Clara, donde se van enterando de los detalles y de la magnitud del fracaso. Su amigo Marcelo Salado Lastra, su antiguo profesor de educación física, ha sido muerto por la policía el mismo 9 de abril. Faustino ha logrado escapar con vida, pero ha sido llamado a la Sierra. En la reunión de Los Altos de Mompíe, en plena Sierra Maestra es amonestado en tono violento por Fidel Castro que, después de haber alertado a las Autoridades anunciando loa huelga, ahora lo culpa del fracaso , acusándolo  “debido a su mala organización”, junto a Marcelo Fernández Font y otros Cordinadores del M-26-7.

Fidel los destituye inmediatamente y acumula sobre su propia persona los cargos y las responsabilidades que hasta ahora han tenido Faustino como Coordinar Nacional del Movimiento, y los Coordinadores Provinciales. De un plumazo Fidel, aprovecha el fracaso del 9 de abril, para liquidar la independencia del 26 de Julio en las ciudades. Ahora todos quedan subordinados a su jefatura unipersonal y las células clandestinas de las ciudades pasan a ser milicias urbanas del Ejército Rebelde. Todo bajo el mando de la Sierra.

Meditando a posteriori, Aurelio se dará cuenta de que el fracaso le ha venido como anillo al dedo a Fidel, para resolver un problema que iba agrandándose, según se veía acercar la hora de la victoria: La creciente influencia y fuerza que acumulaban tanto las filas civiles del Movimiento, como la Resistencia Cívica, dirigida en muchos casos por líderes  ajenos al 26 de Julio.

Todo le luce como una jugada maestra de Fidel Castro, para hacerse con el poder absoluto y eliminar la competencia que podría surgirle de entre las filas civiles. Pero no puede, ni se atreve a compartir estos pensamientos con nadie, pero el tiempo le daría la razón.

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