LA LECTURA DEL SÁBADO: FRAGMENTOS DEL CAPÍTULO “EL TRIUNFO” DE LA NOVELA “RECUERDOS DE AURELIO”

andresabonleenenelopezenero1de1959yaguajay

Testimonio gráfico de la escena que se describe en la novela “Recuerdos de Aurelio”: Andrés Abon Li, al centro de la foto, con el cigarrillo en la mano; a su izquierda–extremo derecho de la foto–Nene López, ayudante de Camilo Cienfuegos

ALDOROSADOCIRCA1962Por, Aldo Rosado-Tuero

Primero de enero. La mañana amanece luminosa y alegre. Una típica mañana del invierno cubano. Todo en la naturaleza parece sonreírle al porvenir. Aurelio está de pie al lado del Chevrolet Bel Air, mientras espera que le llenen el tanque, para marchar a Yaguajay. Quiere estar en la entrega del cuartel. La noche anterior Abón Li ha accedido a rendir la plaza. Temprano hará entrega de la misma. Y Aurelio no quiere perderse, el acontecimiento histórico…

… Al llegar a Yaguajay, Aurelio encuentra el mismo ambiente de júbilo, que se vivía en toda Cuba. El 95 % de los cubanos, creía ingenuamente que con la huida de Batista, se habían terminado todos los problemas.

Al acercarse a Camilo éste lo saluda afectuosamente. Marchan al cuartel donde ya el Padre Guzmán, cura de Yaguajay ha preparado todo para la entrega oficial del cuartel a los sitiadores. Camilo se forma frente a la entrada principal, acompañado de su estado mayor, y rodeado por docenas de curiosos. En la puerta del cuartel aparece el Capitán Abón Li. Erguido. La vista al frente. La gorra militar debajo del brazo izquierda. Avanza marcialmente hacia el grupo de Camilo. Es un hombre de mediana estatura, más bien pequeño, pero su actitud le hace lucir más alto. De claras facciones asiáticas,  Serio sin ser dramático. Seguro de sí mismo. Al llegar frente a Camilo se cuadra y lo saluda militarmente. Camilo le devuelve el saludo. Pasan unos instantes de silencio, en los que la tensión se puede sentir en el aire. Aurelio no puede menos que admirar al adversario de la víspera. Es la viva estampa del militar pundonoroso. No la idea que él tiene de un esbirro que ha defendido la dictadura hasta el último momento. Esa figura no conjuga con la que él se ha hecho del capitán, a juzgar por los rumores que ha escuchado durante la batalla, acerca de los desmanes cometidos por el militar. Camilo se relaja, saca una caja de cigarrillos del bolsillo de su camisa llena de papeles y le ofrece uno gentilmente, que Abón Li acepta. El Nene López, se lo enciende y Abón Lee, aspira hondamente el humo que luego exhala en una bocanada. Cuando el capitán se dispone a desabrochar su cinturón con su arma corta de reglamento, Camilo lo rechaza y le dice que se quede con ella, que un militar que ha peleado con la valentía y la limpieza con que lo ha hecho él, se merece el respeto y la admiración del adversario.  Conversan unas cuantas palabras más que Aurelio no alcanza a escuchar y ambos, acompañados por el cura, se separan del resto y marchan para dentro del recinto militar. Aurelio no volvería nunca más a ver a Abón Li, pero bastaron esos minutos cruciales, para que le recordara siempre, no sólo como “un cojonudo de primera”, sino como la viva imagen de los militares honestas que salvaron la dignidad del Ejército Constitucional, frente a los ambiciosos y asesinos que pretendieron convertir ese cuerpo en un instrumento de represión y sostén de la dictadura batistiana o de los que vendieron su cooperación a los adversarios.

Camilo ha prometido que no habrá venganza con los defensores del cuartel, pero apenas ha marchado para La Habana a ocupar el Campamento de Columbia  y hacerse cargo de la Jefatura del Ejército, por órdenes expresas de Fidel, los hombres  del PSP que Félix Torres ha dejado a cargo del pueblo, comienzan la vendetta.

Esa misma tarde caen fusilados en los patios del cuartel, sin previo juicio, varios civiles que habían buscado refugio en el mismo al comenzar el sitio de Yaguajay. Algunos eran verdaderos chivatos, pero la mayoría eran políticos que por su afiliación o simpatías a los partidos afines al depuesto presidente, habían buscado el abrigo de los militares, temiendo lo peor. Y les ocurrió lo peor.

Aurelio, que había marchado acompañando a Camilo hacia la Capital, se enteraría después de la masacre y montaría en cólera. ¿Cómo era posible que los comunistas empezaran a tomar la justicia por sus manos? Para eso estaban los recién constituidos tribunales revolucionarios. Al comentar el incidente con otros líderes civiles de la insurrección se enteraría que igual cosa había ocurrido en Oriente con el visto bueno de Raúl. Era su primer choque con la realidad. Muy temprano empezó a ver que esa no era la Revolución Nacional  que él  había soñado. Sería el primer paso a su ulterior desencanto, que lo llevaría a lanzarse a luchar nuevamente, esta vez contra una tiranía mucho más sanguinaria y despiadada que la que acababan de derribar.

Un Comentario sobre “LA LECTURA DEL SÁBADO: FRAGMENTOS DEL CAPÍTULO “EL TRIUNFO” DE LA NOVELA “RECUERDOS DE AURELIO”

  1. Ahorita ya me sé “Recuerdos de Aurelio” de memoria, lo disfruto, lo he leido completo mas de tres veces, y como yo soy tan impaciente, siempre lo tengo en el auto para cuando voy al Hospital de Veteranos y tengo que esperar una hora, y encima de eso fue un regalo tuyo, asi es que no puedo pedir mas. Abrazo Estebita

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15