LA LECTURA DEL SÁBADO: LLEGADA DE CAMILO A LAS VILLAS

Fragmentos del Capítulo del libro “Recuerdos de Aurelio” de Aldo Rosado-Tuero

Después del fracaso de la Huelga de Abril, el gobierno estima que las fuerzas revolucionarias se han debilitado lo suficiente y que con un esfuerzo más las puede derrotar. Lo que no saben ni Batista ni sus estrategas es que el clandestinaje está casi intacto, que lo único que ha hecho Fidel es cambiar a sus jefes y subordinarlos a todos a su supremo comando. El Ejército Rebelde está intacto y ha recibido abundante cantidad de parque y armas del exterior.

El Ejército inicia lo que se dio en llamar la gran ofensiva, con la que confiaban exterminar los focos de rebelión en las montañas orientales.  El Ejército batistiano, desconocedor de las tácticas de la guerra de guerrillas no logra sus propósitos y los rebeldes no sólo paralizan la ofensiva, sino que se abastecen de abundantes armas, pertrechos y municiones arrebatadas al enemigo. Derrotada ” la gran ofensiva” Fidel decide iniciar la “invasión de Occidente”. Para eso asigna dos columnas-cada una de menos de cien hombres- a los Comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto “Ché” Guevara. Camilo comandará la Columna 2 “Antonio Maceo” y “El Ché” será el Jefe de la columna 8 “Ciro Redondo”.

Para esa época ya hay alzados en varios puntos del territorio nacional. Raúl ha establecido el Segundo Frente Oriental “Frank País” en las montañas de la Sierra  Cristal, El Directorio Revolucionario tiene tropas en el Escambray, donde también existe un grupo comandado por Eloy Gutiérrez Menoyo, llamado Segundo Frente Nacional del Escambray. En las montañas del Norte de la provincia de Las Villas, el 26 ha establecido un pequeño núcleo  de combatientes, bajo el mando del Capitán Regino Machado. En las mismas montañas, en un cambio de táctica significativo, el Partido de los comunistas, el Socialista Popular, ha llevado a las montañas de Yaguajay a un grupo de militantes bajo el mando militar del Ex-Secretario del juzgado Municipal de ese pueblo, Félix Torres que no realiza ninguna acción militar. Sólo se limitan a “comer vacas” y a indoctrinar a los pocos campesinos que conocen de su existencia. Aurelio sospecha que esa actitud  de permanecer en las montañas sin asumir un perfil verdaderamente beligerante obedece a algún taimado y secreto plan de “los ñángaras”.

El comienzo de la Invasión se anuncia por Radio Rebelde, que  escucha en onda corta por las noches el 90 % de los cubanos. El Gobierno trata de atajarlos y cerrarles el paso a las tropas de Guevara y Camilo, al bajar hacia el llano y después en las llanuras camagüeyanas. Fracasa en ambos intentos. El enorme poderío militar de la dictadura resulta nulo ante las dos tropas, que se  desplazan la mayor parte del tiempo a pie y que no suman ambas los 200 combatientes. En las filas del clandestinaje del 26, hay rumores de que el Coronel Jefe del regimiento de Camagüey ha vendido por una buena cantidad de dólares, que el Movimiento ha recaudado entre los ricos ganaderos de esa provincia, el paso de los rebeldes por el territorio a su mando. Aurelio nunca pudo averiguar ni encontrar pruebas fehacientes que confirmaran el rumor, pero al recibir a la tropa de Camilo, cuando los ayudó a cruzar el Jatibonico del Norte, para introducirlos en territorio villareño,  le resultó muy difícil no creerlo. Dos días antes, mientras esperaba el arribo de la columna había observado  a las bien pertrechadas fuerzas de los llamados “casquitos” que la dictadura había desplegado en territorio camagüeyano, y que las columnas invasoras habían atravesado casi sin combatir. Baste decir que la columna de Camilo inició la invasión el 22 de agosto de 1958 de la zona de El Salto, en Oriente, con 82 hombres y que después de atravesar gran parte de Oriente y todo Camagüey, llegó a Las Villas con 72 hombres. Solo perdió 2 hombres en escaramuzas militares. Los restantes 8 regresaron por enfermedades o por quedarse descalzos. El mayor enemigo de “los invasores” no lo fueron las fuerzas militares de la dictadura, sino las inclemencias del tiempo y los casi intransitables pantanos de la costa sur camagüeyana.  Iniciaron la invasión bajo un ciclón y llegaron al cruce de Camagüey con las Villas bajo las torrenciales lluvias y fuertes vientos provocados por otro huracán tropical.

A mediados de septiembre Aurelio recibe la orden de trasladarse con varios compañeros para la zona de El Río, cerca de Mayajigua, sobre el Río Jatibonico del Norte que servía como límite natural  entre Las Villas y Camagüey. Lo han escogido seguramente por su conocimiento de esa zona. Por allí está la finca Pesquería y toda esa zona había sido coto de caza del joven desde que era un niño. Deben de fingir unos, que están de cacería y otros que van a hacer carbón para realizar exploraciones en espera de la llegada de cualquiera de las dos columnas. La misión es ayudarlas, pertrecharlas, alimentarlas y llevarlas hasta las montañas donde ya existen núcleos de combatientes.

Aurelio establece su “cuartel “en Pesquería, con uno alterno en los terrenos de la finca Dos Provincias. No despierta sospechas… todo el mundo en la zona conocía de su pasión por la caza con jaulas y su empeño en capturar un tomeguín blanco, que casi nadie creía que existía. Vuelve a hacerse de jaulas y señuelos y comienza sus exploraciones cruzando el río y adentrándose en Camagüey. Ve movimientos de soldados, pero casi todos los prácticos que ha reclutado el gobierno, lo conocen y él “con su cara de comemierda bien administrada” sigue con sus jaulas cargadas de tomeguines y verdones, merodeando por los alrededores.

El 2 de octubre reciben un recado de la dirección provincial del Movimiento en la que les dicen que se ha recibido un mensaje del Coordinador Provincial de Camagüey, “Quino” Agramonte, en que les avisa que las columnas están al llegar a Las Villas y que Camilo y la Columna 2 están más hacia el Norte. Aurelio ordena redoblar la vigilancia y las exploraciones. “Los cazadores” y “los carboneros” se mueven con diligencia. El 3 se anuncia el paso de un ciclón. Llueve torrencialmente y el Jatibonico ruge anunciando una de sus clásicas crecidas. El 4 de octubre, Aurelio en compañía de otros 4 compañeros pasa la noche en la casucha abandonada de Dos Provincia…

… En la mañana del 5 salen bajo la lluvia a explorar. No llevan jaulas, pues nadie les creería que iban a cazar con ese tiempo. Si el Ejército los detiene dirán que tratan de abandonar la zona, debido a la crecida del río. Pero, asombrados constatan que el ejército ha sido retirado de la zona. El tiempo ¿o el dinero? han hecho el milagro. No hay un guardia en leguas a la redonda. Hacia las 8 de la noche cuando están ya preparados para regresar a su albergue, escuchan voces y se esconden. Por una estrecha senda abierta en la manigua avanzan unas cinco personas armadas. Aurelio y sus acompañantes piensan al principio que puede ser una patrulla de guardias, pero al fijarse en sus barbas y su desaliño se percatan de que están en presencia de rebeldes. Aurelio sin salir de su escondite, los llama. Los hombres sorprendidos se dispersan en zafarrancho de combate  y alistan sus armas.  Aurelio grita: “No tiren. Somos del 26” Alguien de la patrulla rebelde grita: “¿Quién vive?” y uno de los compañeros de Aurelio responde: “La revolución”. Un negro alto se planta en medio del camino empuñando una carabina San Cristóbal: “A ver, salgan con cuidado y con las manos en alto”.

En la foto: Camilo Cienfuegos, Nene López y “Pinares”

Todos  obedecen y se les acercan. Ya están rodeados por los demás integrantes de la patrulla. Aurelio  habla. Les da una contraseña y les dice que los han estado esperando por más de quince días. El Movimiento de Camagüey les ha alertado hace solo un par de días,  que estaban por llegar. La tensión cede y los rebeldes se identifican como una avanzada de la tropa de Camilo. El negro dice ser el capitán Lawton, otro, delgado y con un pelo largo y sucio dice ser el Capitán Pinares,  otro más bajo y entradito en carnes a pesar del hambre que ha pasado, de piel morena dice ser el Nene y un cuarto combatiente de elevada estatura, blanco y de fuerte constitución se identifica como Dariel. Aurelio enseguida le bautiza para sí mismo como “guajiro ñongo”, porque su estatura le da un aire de atarantado.

Después de conversar un rato, Pinares les confiesa que el grueso de la tropa está con Camilo a poca distancia en un cayo de monte que se vislumbra no muy lejos. Ordena que los muchachos permanezcan con los demás mientras él va a buscar a Camilo. Al poco rato regresa con Camilo y varios rebeldes más…Inmediatamente se hace cargo de la situación e interroga a Aurelio y sus acompañantes.

Pretende cruzar el río antes de que amanezca. Uno de los acompañantes de Aurelio argumenta que el río está muy revuelto y crecido, pero Aurelio, les explica que Camilo tiene razón. El conoce al Jatibonico y que hay que cruzarlo ahora. En las próximas horas aumentara el caudal de sus aguas y alcanzará un caudal que desbordará su cauce. Ordena a dos de sus compañeros que busquen a los demás integrantes del grupo y que se reúnan con ellos en las mismas márgenes del río. Camilo manda tres combatientes a acompañar a los mensajeros.

Un par de horas después toda la columna de Camilo, Aurelio y  varios de sus compañeros están en la margen camagüeyana del río y el resto de los integrantes del team de búsqueda en la parte villareña. El río mete miedo.  Está a punto de desbordar el cauce. Camilo le pregunta: “Tú conoces el río y la zona, ¿qué hacemos?” Aurelio responde que unos doscientos metros más abajo hay una parte más baja, como una especie de paso y que por ahí será donde deberán intentar el cruce. Les gritan instrucciones a los del otro lado y ambos grupos marchan paralelamente por ambas márgenes hacia el lugar señalado. Una vez llegados al lugar, le piden a los del otro lado que lancen una de las largas cuerdas que ellos han traído desde Pesquería. Después de varios intentos los del lado camagüeyano logran atrapar la cuerda y la atan a un árbol de la orilla. Aurelio se vuelve a Camilo y le dice: “Ahora usted decide, comandante, quienes son los primeros en cruzar. ¿Quiere usted que yo pruebe la cuerda cruzando  primero? “No, no. La vanguardia cruzará primero, pero tenemos algunas cosas más pesadas y documentos que no se pueden mojar”.

Aurelio se hace cargo de la necesidad. Hay tiempo de construir una balsa antes de que amanezca. Camilo, ¿por qué no mandas al guajiro ñongo ese-señalando a Dariel- y a un par de gente fuerte y grande como él a que comiencen a cortar cujes para fabricar una balsa?” A Camilo le hace gracia la salida del muchacho, pero antes de dar la orden se vuelve a Aurelio: “El guajiro ñongo se llama Dariel. Dariel Alarcón Ramírez” y le decimos Lalito.

El primer hombre en tratar de cruzar el río embravecido sujetándose a la cuerda, el Capitán Auditor de la Columna, William Gálvez, estuvo a punto de morir ahogado. Cuando estaba en el medio del río, por la fuerza de la corriente, se soltó de la cuerda y el río comenzó a arrastrarlo mientras se hundía con el peso de la mochila que cargaba. Efraín, uno de los hombres venidos con Aurelio, experimentado marinero y patrón de barcos, se lanzó al agua, nadó hasta donde estaba William Gálvez, y quitándole la mochila, lo haló por la camisa y lo llevó de nuevo hasta la cuerda, donde sosteniéndolo, lo condujo hasta la otra orilla. Aferrados a la cuerda, fueron atravesando el río e internándose en territorio villareño todos los integrantes de la columna. Ya casi amaneciendo la balsa quedó terminada y fue lanzada al río amarrada por otra cuerda, que habían traído de la otra rivera. Se colocaron en la balsa, envueltos en plásticos, las mochilas con documentación importante de la columna y otros enseres pesados, así como dos ametralladoras.

En la balsa se acomodaron, Cristino Naranjo, Dariel Alarcón, un mulato oriental que era teniente de la columna, llamado Arnaldo Ochoa, el doctor Sergio del Valle, Aurelio y Camilo. Hicieron lazo con una cuerda más pequeña que cruzaron alrededor de la  primera cuerda tensada que cruzaba el río de orilla a orilla, asegurada a sendos árboles a cada margen del río, para impedir que la balsa fuese arrastrada por la corriente río abajo. Todos los hombres halaban desde la otra orilla la cuerda atada a la balsa, mientras los tripulantes de la misma asían con fuerza el lazo alrededor de la cuerda que atravesaba el río.

Ya en suelo de las Villas, la extenuada y empapada columna, Aurelio los condujo al lugar, donde los esperaba  una opípara comida. Previsoramente, mientras se hacían los preparativos para el cruce del río, había mandado a alguien a casa de los Garañena para que mataran dos o tres cochinos y prepararan comida para cerca de cien hombres. Aquellos hombres, que apenas habían comido en la travesía desde Oriente, devoraron los alimentos como una jauría de perros hambrientos, sin prestar atención a los consejos del médico Sergio Del Valle, que les insistía que comieran con moderación. El resultado fue que al mediodía, casi todos estaban con diarreas y se había formado tremendo corre-corre hacia el platanal de los Garañena.  A Aurelio nunca se le olvidaría la sinfonía de pedos que los acompañó mientras se internaban en los montes del norte de Las Villas, buscando un lugar seguro para pernoctar. Camilo se le reveló como todo un carácter, por las bromas que les gastaba a sus hombres y por su campechanía. A él mismo lo trató como si lo conociera de toda la vida.

En un alto en el camino, Aurelio aprovechó para entregarle a Camilo un pomo de un galón de capacidad, de los que venían llenos de aceitunas de España, que guardaba, lleno con balas de distintos calibres, que había logrado reunir en las semanas antes, sabedor de lo que significaban para el Ejército Rebelde, las municiones. Camilo le dijo que se las entregara a Pinares. Pinares parecía niño con juguete nuevo cuando vació el contenido de aquel pomo sobre un pedazo de nylon. Entre municiones de distintos calibre, había una solitaria bala de calibre 50. Camilo la tomó y dijo escuetamente: “Ésta es para la guerra sicológica”. Semanas después, ya asentado el campamento y cuando se habían realizados un par de emboscadas en la que sorprendieron a las tropas de “casquitos”, causándoles varias bajas, Camilo ordenó colgar aquella solitaria bala en un lugar visible en el camino que conducía a Jobo Rosado, lugar donde había establecido la comandancia de la Columna 2, con un letrero que decía: ”  ATENCIÓN CASQUITO. AQUÍ COMIENZA EL TERRITORIO LIBRE DE CUBA. Y ESTO ES LO QUE RECIBIRÁS SI TE INTERNAS EN ÉL”. Increíblemente el Ejército de Batista, desde ese día, jamás se atrevió a pasar de esa línea invisible, marcada por la solitaria bala  calibre 50, conseguida por Aurelio.

… Cuando Camilo le pidió a Aurelio un informa sobre las condiciones de la zona, éste enseguida le habló del grupo de Regino Machado y le dijo  que no estaban muy lejos y se ofreció a llevarlo con ellos. Camilo se mostró por primera vez autoritario y le dijo tajantemente que no. Que vinieran ellos a donde él estaba.  Inmediatamente se envió a dos emisarios a buscar a Machado y sus hombres, Unas  dos o tres horas después llegó la tropa del 26. Camilo fue bastante seco con ellos e interrogó a su jefe delante de todos. ¿Número de hombres? Acciones ejecutadas, grado del responsable del grupo. Al terminar el jefe del grupo de contestar a sus preguntas, le dijo con un aire que a Aurelio se le antojó agrio: “En este Ejército los grados se ganan combatiendo, así que quedas de Capitán provisional, y vas que jodes, hasta que te ganes los grados peleando”.  Seguidamente le preguntó por sus relaciones con la tropa de Félix Torres y le explicó que no se tolerarían divisiones en las filas revolucionarias por cuestiones de sectarismo político. A pesar de lo bien que le había caído Camilo, aquello le sentó a Aurelio, como una patada en el hígado, además de que se extrañó del conocimiento que tenía Camilo de la existencia de los comunistas alzados en aquella zona…

No más vueltos los hombre del 26 a su campamento, Camilo le anunció a Aurelio que al otro día quería entrevistarse con Félix Torres. El muchacho le ofreció mandar a traerlo, recordando que en el caso de los compañeros del Movimiento Camilo se había negado a ir a visitarlos, pero éste le contestó que no, que irían todos hasta la Cueva del Indio, donde lo estaba esperando la tropa del PSP. Llegados al lugar, Aurelio se llevó la sorpresa de su vida, al encontrarse a Félix Torres, al frente de cerca de un centenar de hombres, evidentemente recién reclutados para recibir a la columna Antonio Maceo. La mayoría vestía uniformes recién estrenados. Camilo recibió a Félix Torres con un abrazo, y a diferencia de lo que había hecho con el Capitán Machado, se apartó de todos y estuvo conferenciando con Torres  por un largo periodo de tiempo. Al terminar la conversación, ambos se acercaron  a la tropa y Camilo les dirigió la palabra, anunciándoles que le había ratificado a Félix Torres el grado de Comandante, y que de ahora en adelante, ambas tropas que se encontraban operando  en esa zona se fundirían en la Columna Máximo Gómez, que quedaba al mando de Félix Torres. Las palabras de Camilo le cayeron a Aurelio como un jarro de agua fría. ¡Le zumbaba el clarinete! Tener que aliarse a los “ñángaras” para combatir a Batista. Ellos habían sido los mejores aliados de Batista hasta hacía poco. Pero no se dejó ganar por el desánimo. No había que discutir la táctica decidida por los jefes. Ya se descartaría a los rojos después del triunfo.  En aquellos momentos Aurelio sintió malestar, pero no llegó a albergar mayores sospechas. Meses después, ya despertando del sueño revolucionario, mirando en retrospectiva, se daría cuenta de muchas cosas que no podían haber ocurrido por coincidencia. ¿Cómo sabía Camilo con tantos detalles la existencia del núcleo del PSP en las montañas de Yaguajay? ¿Por qué Félix Torres armó tan a tiempo para la llegada de Camilo a su recién adquirida tropa? ¿Por qué el trato diferencial entre los supuestos correligionarios del 26 y los ajenos comunistas? ¿Por qué Camilo ratificó sin vacilaciones el grado de Torres, cuando éste no había combatido? ¿Por qué otorgó a un comunista el mando de la tropa unificada del 26 y del PSP? ¿Qué plan secreto se estaba llevando a cabo, desde antes del triunfo a espaldas de los combatientes y fundadores del Movimiento 26 de Julio? ¿Qué hilos secretos movían toda esa madeja? ¿Qué papel, consciente o inconscientemente había jugado Camilo en todo esto?

Arriba: Bohío donde Camilo estableció su campamento en Jobo Rosado, en las montañas del norte de Yaguajay

Una vez  establecido el campamento en la zona de Jobo Rosado, Camilo distribuye a sus hombres y comienzan a operar en la zona. Se producen varias emboscadas y las lomas se convierten prácticamente en “territorio libre”. Las fuerzas del gobierno no se  aventuran en los montes, solo transitan por caminos del llano y la carretera de Caibarién a Yaguajay.

Un Comentario sobre “LA LECTURA DEL SÁBADO: LLEGADA DE CAMILO A LAS VILLAS

  1. Tremendísima información. Una obra extraordinaria para los que somos estudiosos de la historia reciente de Cuba. Sobre todo lo escrito en rojo que denota claramente quien en realidad era Camilo Cienfuego, gracias Aldo……………

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