LA LECTURA DEL SÁBADO: LOS HIJOS DE LA LOBA- 2 Y FINAL

CUENTOSJODEOSOFICOSPORTADAFOTOGRANDE 001Del libro: “Cuentos Jodeosóficos” de Aldo Rosado-Tuero

NOTA DEL AUTOR:

IRREDUCTIBLESAl llegar a esta altura del relato, acudí como siempre, para que Rodolfo me siguiera contando de sus andanzas con “Los Hijos de la Loba” y para verter al papel con más precisión algunos detalles y datos que me había aportado anteriormente. Tales como en un viaje al Chile de Pinochet, al llegar al aeropuerto, y no más las Autoridades de Inmigración notar su acento cubano, a pesar de que viajaba con Pasaporte norteamericano de un supuesto puertorriqueño, lo detuvieron y se lo entregaron  a la DINA, donde permaneció encerrado por 15 horas, sin que nadie se le acercara, y cuando estaba más preocupado, tratando de ver cómo les hacía llegar un mensaje a los “contactos” dentro del gobierno de la equivocación cometida con él, se le acercó un teniente que le preguntó si tenía hambre y cuando Rodolfo, medio dormido y  con el cerebro embotado por el cautiverio y la incertidumbre, le respondió que “sí, un poco”, su interlocutor le dijo algo de un “emparedado”, por lo que Ruddy dedujo enseguida que lo iban a emparedar. Como él ya había oído relatos sobre el comportamiento y las torturas llevadas a cabo en las instalaciones dominadas por la policía política (DINA) por boca del agente de dicha agencia Michael Townley,  se imaginó que iba a finalizar sus días enterrado en una pared de ladrillos y comenzó a sudar frío y hasta estuvo a punto de faltar al juramento hecho antes del viaje de que no podría revelar a nadie(excepto a los “iniciados”) el verdadero propósito de su viaje. Le volvió el alma al cuerpo cuando, 20 minutos más tarde, se apareció el mismo teniente con un sandwich y un vaso de pisco y le dijo, casi amable:”aquí está tu emparedado”.

Según me había relatado Rodolfo, luego vinieron duros interrogatorios, por lo que pudo darse cuenta de que lo creían un agente castrista. Después de dos días terribles se atrevió a hablar con el mismo teniente del emparedado, de apellido Schneider, conocido por “El Barbas”, cuando escuchó que éste estaba “prestado” a la DINA por el SIFA (Servicio de Inteligencia de la Fuerza Aérea). A través  de “El Barbas” se aventuró a enviarle un recado al Capitán Ceballos del SIFA-que aunque Rodolfo no me lo aclaró, deduje que era uno de sus contactos en Chile-, pidiéndole que contactara al General Gustavo Leigh (Jefe de la Fuerza Aérea e integrante, en aquella época,de la Junta Militar de Gobierno que presidía Augusto Pinochet Ugarte), y al que Rodolfo me aseguró había conocido en otra visita a Chile, esta vez con un Re-Entry Permit con su verdadero nombre. Según su relato había conocido al General Leigh en una convención de Canaricultores, pues los dos (él y el general Leigh) eran aficionados a la crianza de canarios de colores. Rodolfo me había asegurado que el General logró su excarcelación y aclaró el equívoco. También me dijo que se había enterado que “El Barbas” era un antiguo militante “mirista”(Movimiento de Izquierda Revolucionaria) que cuando fue capturado, se había pasado a la filas del Gobierno.

Yo aspiraba a que esa noche me aclarara si el general Gustavo Leigh era un Hijo de La Loba. También estaba en mi agenda el clarificar lo que me había contado que le había dicho en Roma, el Profesor Enzo Carone, sobre los lupanares de Las ruinas de Pompeya. Según Ruddy, el profesor Carone le contó que en realidad Rómulo y Remo no habían sido amamantados por una loba, sino por una puta, ya que en Pompeya a los burdeles o balluses se les denominaba Lupanares, debido que, al caer la noche, en las obscuridad de las calles, las prostitutas llamaban la atención de sus posibles clientes aullando como lobas, (lupas en italiano) para orientarlos en las penumbras. De ahí que a las putas se les denominara lupas. Mi curiosidad, en éste particular caso, era aclarar si el profesor Carone, quería con esa teoría implicar que “Los Hijos de La Loba” eran unos hijos de puta. De ser así, resultaba obvio para mí que el mentado profesor Carone, era un tremendo “cabrone”.

Y por último, en mi agenda de esa noche, aparecía el pedirle más detalles a su actuación junto al italiano Pino Rautti, en el atentado al  chileno Bernardo Leigthon en Roma y además, sobre algo que me había esbozado o “tirado” como quien no quiere las cosas, así al pasar: sus relaciones con algunos “pied noirs” de Argelia, la OAS (Organización del Ejército Secreto Francés) y su amistad con el Coronel Jean Marie Basthien Thiry, fusilado por planear un atentado al General Charles De Gaulle. Y sobre todo quería terminar de tomar notas que me esclarecieran el proceso que llevó a los nacionalistas ultra católicos radicales y neonazis del Grupo Tacuara, discípulos del cura Julio Meinvielle, a convertirse en los marxistas Montoneros en la Argentina. Rodolfo me había relatado de sus contactos con ese  y otros grupos argentinos tales como “La Guardia Restauradora Nacionalista” y la facción de Tacuara conocido como “El Grupo Baxter”. Durante nuestras conversaciones en entrevistas anteriores, sobre ese proceso al yo hacer un comentario de que según dicen en Cuba, “del catarro a la tuberculosis no hay más que un paso”, creí adivinar una sonrisa de aquiescencia en su rostro y aspiraba a que esa noche me aclarara si él, a esta altura de su vida estaba de acuerdo conmigo que la diferencia entre nazi-fascistas y comunistas era mínima. De ahí lo del catarro a la tuberculosis….. Pero me quedé con las ganas.

Lo encontré como siempre sentado en su silla de ruedas en el portal, pero me sorprendió que esta vez estaba bien acicalado, con la barba recortada cuidadosamente y vistiendo una fina y bien almidonada guayabera tipo cubano. No habíamos acabado de intercambiar saludos, cuando yo sacaba mi cuaderno de notas y me disponía a sentarme, me atajó, con suavidad, pero con mucha firmeza en su voz, que denotaba una decisión inapelable. “Mira, me vas a perdonar por todo el tiempo que te he hecho perder, pero definitivamente no podemos seguir con esto. Se acabó. Kaput, finito. Ni una revelación más. No habrá novela”. Sorprendido fui a indagar por su salud, pero como si adivinara mi pensamiento, continuó: “No. Estoy bien de salud. Mira, yo aún mantengo relaciones con algunos viejos ‘camaradas de los buenos tiempos’ y les hablé con entusiasmo de tu proyecto de escribir una novela sobre mis peripecias como un “Hijo de La Loba”, y hasta le envíe a algunos por e-mail los primeros fragmentos que has escrito, pero ayer me llegó por correo especial un paquete con una nota y tres objetos simbólicos. Lo que me dice la nota, me convenció que lo mejor para todos: para ellos, para tí y para mí, es que demos por concluido el proyecto y lo cancelemos definitivamente. En la nota me explican con mucha cortesía, pero con una velada y cierta amenaza, que ‘aun no es tiempo de contar mis memorias. Que todavía viven muchos Hijos de la Loba y que varios “nietos” ocupan altas funciones y cargos en distintos países. Me recordaban, además, que actualmente se investiga en Argentina el atentado que costó la vida al general Pratts. Que, aunque ya Pino Rautti murió, aún quedan vivos en Italia varios de nuestros “hermanos” y que algunos trabajan muy cerca de Silvio Berlusconi, el Primer Ministro de ese país. Que en Méjico, los hijos de “El Tecolote” son Diputados por el PAN y que uno de ellos es Secretario de Gobierno en el Gabinete del Presidente Fox;  que la imprenta que se compró con el dinero que llevé hace ya un burujón de años, aun funciona. Que en Colombia (nombre omitido) fue hasta hace poco Ministro del gabinete de Alvaro Uribe y (nombre omitido) juega en la política de ese país.’. Me recordaban con mucha amabilidad, que yo podía perjudicar algunos planes de los que no tengo porque estar al tanto y me recordaban sutilmente que yo sé mejor que nadie que esos errores no se perdonan”.

Y agregó: “Terminaban reconociendo que yo podía estar molesto y decepcionado por la forma en que se organizó la acción en la que quedé paralítico a consecuencia del disparo que cercenó mi médula espinal, pero que ‘el hijo’ que mal calculó los riesgos pagó por su error y tu desgracia, y ya no existe más. Y en una postdata me prometían que de ahora en adelante subsanarían  su error y se ocuparían con más frecuencia de mí y que recibiría regularmente una ayuda monetaria”.

At terminar de hablar, Rodolfo me alargó su mano derecha, que sostenía una pequeña bolsa de plástico transparente que contenía tres objetos que relucían con destellos argentados. Tomé la bolsita, la abrí y vacié sobre la abierta palma de mi mano, los objetos que examiné con curiosidad. Eran de pura y fina plata: una cruz céltica con un enganche para poner al cuello con una cadena, y dos pequeñas, pero bien labradas cabezas de lobo, de plata más pesada, aunque de la misma calidad que la cruz. Las cabezas de lobo también tenían un orificio para un pasador ya fuera de corbata o de solapa o para enganchar a una cadena.

Después de admirar el fino trabajo de orfebrería, se los fui a devolver a Rodolfo, pero éste empujó suavemente mi mano, mientras me decía: “Te los regalo. Son tuyos, como un recuerdo. Por favor, olvídate de lo que te he contado. Mañana mismo me marcho de Miami. Si vivo algún tiempo más, algún día te contactaré o sabrás de mí. Adiós, amigo”. Abrió los brazos y me atrajo hacia su silla de ruedas. Mientras nos abrazábamos con fuerza, dos lágrimas rodaron por sus mejillas hasta ser absorbidas por su blanca barba.

Yo no prometí nada. Era obvio que no podría terminar la novela, si él no me contaba nada más, pero me hice el firme propósito de publicar lo que ya tenía escrito. Tal vez porque me jode tremendamente desperdiciar mi trabajo, y porque además tengo el convencimiento de que lo poco expuesto aquí no será suficientemente comprometedor como para que destimbalen a mi amigo Rodolfo o a mí me dejen capado.

P.S.- Por si algún lector incrédulo dudara de lo aquí expuesto, aún conservo la cruz céltica y las dos cabeza de lobo de pura plata. Las llevo prendidas a una cadena en mi cuello, en homenaje a mi amigo Rodolfo.

FIN.

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