LA LUZ DE SPOTORNO

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

Las páginas de la Historia de Cuba están repletas de acciones memorables protagonizadas por ilustres cubanas y cubanos que en actos de intrepidez insuperables y extraordinarias convicciones patrióticas y libertarias pusieron muy en alto la dignidad y el decoro ante ciertos actos de claudicación que emergieron desde minoritarios sectores del Ejercito Mambí.

La historiografía cubana recoge entre aquellos memorables acontecimientos un documento que se conoce como Decreto Spotorno, promulgado por la Cámara de Representantes mediante el cual se estableció que sería condenado a muerte y pasado por las armas todo emisario, español o cubano, que se presentara en el campo de la insurrección haciendo proposiciones de paz no basadas en los principios sustentados por los cubanos rebeldes, es decir, la total independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud.

Juan Bautista Spotorno Georovich fue un patriota cubano de origen italiano que llegó a ser presidente de la República de Cuba en Arma entre 1875-1876 alcanzando el grado de coronel y miembro de la Cámara de Representantes, cargo que ocupó con rectitud y honestidad, según las crónicas de la época.

Esos fueron quienes escribieron nuestra historia y nos legaron no solo la libertad sino también los altos principios del decoro. Hombres que no dimitieron, no pactaron con el enemigo, no traicionaron su causa ni a sus compatriotas.

Han pasado más de cien años de la promulgación del Decreto Spotorno, pero su espíritu mantiene una excepcional vigencia. Vigencia que nos indica que con el enemigo no hay conjuras ni diálogos ni claudicaciones.

Ahora desde La Habana llegan convocatorias al diálogo «ente la diáspora y la dictadura», entiéndase entre el exilio y los perpetradores de la tragedia que ha plantado la muerte entre decenas de miles de compatriotas.

El propósito de esta payasada es claro: la dictadura tiene el agua al cuello y está a punto de naufragar.  Necesita desesperadamente la salvadora moneda del enemigo para balancear sus finanzas y mantenerse a flote. No es despreciable la cantidad de dinero que llega a la isla mensualmente a través de las remesas. El tema de las familias separadas y dispersas desborda los bordes de la política y la ideología.

¿Qué derivará de este encuentro desde el punto de vista cívico, ético y moral­? La respuesta es obvia: nada, absolutamente nada.

¿Se atreverá alguien a plantear preguntas embarazosas para la tiranía? ¿Pondrán sobre la mesa el tema de las cárceles, los atropellos, las injusticias, los horrores? ¿Se exigirá la libertad incondicional de los prisioneros políticos y de conciencia? Primarán, eso sí, la cordialidad, las sonrisitas cómplices, la escenografía propagandística y la desvergüenza en su máxima expresión.

Dialogar con representantes de un régimen represivo y moralmente depredador es concederle una inaceptable prerrogativa.

Pongamos a Spotorno en la primera línea de este combate por la decencia y la dignidad.

Reeditemos su advertencia. Alcemos nuestras voces contra esta nueva vileza de la tiranía y sus secuaces de aquí y de allá.

Condenemos a la muerte moral y pasemos por las armas del decoro a estos nuevos traidores.

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