LA MELANOFOBIA

ESTEBITAESTAESAHORALABUENACARAJOPor, Esteban Fernández 

¿Cómo hay que tratar al negro? Exactamente igual, de la misma forma y manera, que se trata al resto de la humanidad. ¡Que mal me  caen   los  que  los  desprecian y  también   los   que  los guataquean sin conocerlos!  Aquí  en los Estados Unidos  se  ha pasado  del abuso en épocas remotas al miedo (melanofobia) en la etapa actual.

A cada rato yo veo  cosas como: Llega una pareja de mulatos a una fiesta de blancos. Se trata de unos vecinos que se mudaron al barrio recientemente. En lugar de saludarlos con el normal: “Hola ¿qué tal?” como se hace con todos los desconocidos, con los negros comienzan casi todos los comensales a llenarlos de atenciones y congraciarse con ellos.  A rebajarse ante ellos.

La gente en el “party” quiere demostrar fehacientemente que “no es racista”. Un blanquito se les acerca y les dice: “Traje un C.D. de Diana Ross que cuando ustedes lo escuchen se van a volver locos de emoción”. Vaya, como si la pareja jamás hubiera escuchado a la famosa cantante negra. Otro matrimonio que participa en la “amena” conversación  cae en la política y quieren hacer patente que: “Votaron por Obama dos veces”.  Por poco me muero de la risa cuando el moreno les responde molesto: “¡Oh, yo no, yo soy Republicano!”…

Y otra anécdota aleccionadora fue la de un moreno que se encontraba en una reunión y se le acercó un tipo quien para congraciarse con él le dijo: ¡”Oye, mulato!” y este le contestó: “No, nada de mulato, yo soy más negro que el betún y a mucha honra”

Recuerdo que a la piscina del Hotel de Las Vegas donde yo me estaba quedando llegó un negro con su niñito. El pequeño debe haber tenido siete años. ¡Malcriado como loco!. Se tiraba a la piscina y empapaba a todo el que estaba a su alrededor cogiendo sol. ¿Creen ustedes que alguien dijo algo o aunque sea uno de ellos regañó al muchachito? De eso nada, todos los blancos se desvivían en elogios para el muchacho majadero. “¡Qué niño más gracioso, es un angelito!” decían los blancos asustados…

Antiguamente cometían el crimen de no dejarlos tomar agua en los bebederos de los blancos, no les permitían ni votar en las elecciones, y   ahora les falta poco para besarles el trasero a cada instante. Total, no fueron ellos – ni inclusive sus tatarabuelos-  los que dieron los latigazos, pero se sienten absurdamente responsables.

Y ¿ustedes no han visto a blancos que quieren actuar más negros que los negros? Esa es la cosa más ridícula del mundo y se ve mucho en la industria de la música, sobre todo en el reggaeton y el  rap.  Si usted simplemente escucha al rapero que le dicen “Eminem”,  sin verlo, se puede jugar todo su dinero a que está escuchando a un africano de Nigeria.

Y yo me pregunto: “¿Rebajarse ante ellos y lanzarles 20 zalamerías y lisonjas en público no será, aparte de una hipocresía, una forma rara de discriminación? Sí, porque todo no es más que una farsa,  tratando de hacerles creer a los  negros que los consideran superiores. Mientras, para sus adentros, los afro-americanos creen  que la mayoría de los blancos lo que verdaderamente desean es “montarlos en enormes navíos y devolverlos a El Congo”…

Por catorce años yo fui Manager de una “Casa de cambios de cheques” en Canoga Park, California. Les hablaré sobre  esa etapa próximamente en otro escrito. El 70 por ciento de los clientes eran negros. No los trataba mejor ni peor que al 30 por ciento de blancos y latinos. Cuando un negro engreído llegaba a guapearme y a decir que: “No me cambias el cheque porque soy negro” salían un montón de clientes negros que estaban en la fila a defenderme y botaban al intruso del establecimiento…

Hoy en día, retirado, voy los fines de semana al Topanga Mall que queda frente a la “Casa de Cambios” donde yo laboraba. Y siempre me encuentro con mis ex clientes de color que me extrañan y me estrechan la mano en son de amistad.  Hace unos días fui a “Jamba Juice” a tomarme un jugo de zanahorias y allí estaba una clienta mía de color que es esposa del famoso rapero Kurtis Blow y salió disparada a abrazarme con tremenda alegría..

Y mi triunfo con ellos  no radica en tratarlos bien ni mal, sino en tratarlos NORMALMENTE que es lo que ellos, y todos, merecen. Y en eso siempre he sido igual. Ustedes no saben la alegría que me causa cuando mi amigo Jesús Hernández me dice: “¡Oye, Esteban, con cuanto afecto te recuerdan cuando hablaban de ti en el parque  de Güines tus siempre amigos negros “Cuqui” Amorós Oliva, Angelito Budete y Bebo “McGregor”!

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