LA NUEVA EXPLOSIÓN DEL MAINE EN LA HABANA

Por Dr. Santiago Cárdenas- Especial y en primicia para Nuevo Acción

Las   frías ondas expansivas  en el año 2017 son muy diferentes,  en el termostato político,   de las calientes cuando la explosión del Maine  en el  siglo XIX . Pero muy semejantes en causas y consecuencias. A los gobiernos  de EEUU y Cuba les conviene mantenerlas en el mayor secreto. Es el secreto de la complicidad. Por ahora,  el FBI, el G2  y  la alta comunidad de inteligencia de ambos países  nos  están vendiendo  la “certeza” de  que la explosión del Maine /2017 fue  concebida por obra y gracia del Espíritu Santo.

Los pillastres del Almendares atrapados con  las manos (y  los tímpanos) en la masa. Los halcones del Potomac también atrapados (por conveniencia pendejo- acomodaticia) en el  llamado síndrome de Ana Belén, la ex espía cinco estrellas con su  clásico apotegma: “Cuba ya  no es un peligro para la seguridad de los EEUU”.

Que dos piedras p’a este fogón.  !!Que burla a nuestra inteligencia !!

En realidad me importa muy poco, el clásico comino, lo que  al respecto digan o dejen de decir en ambas capitales  del concordato.  Las  explicaciones del contubernio a los ataques o a las “casualidades”  sónicas no pasarán, por pueriles, a formar parte de los grandes misterios de la historia. Corren otros tiempos en que no se puede impúdicamente tapar el sol (en eclipse ) con  un dedo (el del  medio) de la  mano. Lo dicen las escrituras: nada oculto habrá que no sea expuesto en las azoteas.

Lo importante, el meollo, el legado — como  nos gusta decir– es que  el establishment  estadounidense  y su olfato de seguridad imperial ya re- conoce lo que es  obvio y reiterativo—luego de seis décadas  y  desde las crisis de octubre—que no puede seguir durmiendo tranquilamente, como hasta ahora,  junto al enemigo.  EEUU. tiene que proteger sus fronteras  atlánticas junto  a una Cuba  definitivamente desarmada, apolítica o más  bien anexada como un estado de la Unión. Esto último  parece  ser los más viable, deseable y seguro.  En el Atlántico Sur y el Caribe, Puerto Rico cerraría el arco defensivo del  imperio en sus fronteras orientales. No hacerlo  así y ahora, sería un acto de irresponsabilidad  e inseguridad perenne  para  la historia de América y  su geopolítica. Un foco de conflictos recurrentes y  semillero de una  guerra mundial.

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