LA NUEVA OPOSICIÓN: MUY EXITOSA EN NUESTRO EXILIO Y MÁS ALLÁ

En la foto: El director fílmico Lilo Vilaplana y Marcel Felipe

Por, Dr . Santiago Cárdenas. En primicia para Nuevo Acción

Se ha producido un cambio  radical en el exilio. Muy exitoso, por cierto. Se trata de una nueva  oposición—nueva en su forma,  nueva en su acción, nueva en   su contenido—que ha tomado las riendas de la lucha anticastrista. Y las ha tomado imperceptiblemente, sin sobresaltos, ni consensus,  como suele suceder en las sociedades sanas y democráticas. Nada de rupturas ni de traumas irreversibles con los actores e instituciones del pasado.

La importancia  de lo ocurrido va más allá de los años; de la gerontología. Mós allá del conocido “cambio generacional”; porque lo que  tenemos a ojos  vista es  un acomodo  ideológico y pragmático  a los nuevos tiempos, una lucha  más inteligente y técnico-dependiente. En fin: una bocanada  de brisa fresca, en esta última confrontación que se va haciendo la definitiva—pero  viable hacia el éxito—a partir del 20 de enero del 2017.

Los  apellidos Felipe, Payá, Gutiérrez-Boronat, Reynaldo, Cao, Morell-Ruiz, Rubio, Curbelo, Vilaplana y muchos otros se nos  van haciendo cada día más  familiares y su acción se puede resumir en el llamado cuadrilátero del Dr. Cárdenas. Es un polígono  de cuatro lados identificables (cada uno merece un  artículo aparte)  que será sometido a la crítica pública de ahora en adelante. Sin orden de prioridades. 1- Versatilidad 2- Uniformidad ideológica 3- Independencia  política 4- Tecnología moderna.

El eclecticismo en la acción ha ido desde una convocatoria internacional en una casa del Cerro, Habana, hasta  la proyección artística de denuncias en  la fachada de la embajada cubana en Washington. La unidad no consensuada en la lucha  se ha conseguido más allá  de las siempre estériles  visiones partidarias y/o ideológicas  para fundamentarse en  el meollo: la libertad absoluta y total para los isleños. Nada de cambio-fraude.

Nuestros neo-cons  han re-descubierto lo obvio: que  la piedra angular  de la lucha pasa por el poder político de nuestros legisladores en el nivel de decisión que se ubiquen,  más allá de las orientaciones de los comisarios y cabilderos del establecimiento  estadounidense.  Por último, las redes sociales y  los tuíteres—pero sobre todo la televisión con sus canales y sus docudramas—van relegando  a la media tradicional obsoleta, entendida ésta como el radio y los periódicos clásicos de papel y tinta.

La edad (hay  jóvenes, los medio-tiempo y  preseniles) no es precisamente lo que ubica a los personajes anteriormente mencionados  sino su inserción dentro del núcleo duro del cuadrilátero del doctor.

Atrás, poquito a poquito, van quedando las fundaciones, los clubes, los movimientos, los institutos, los desayunos, las tertulias y sus memorias museables. También las radiopoderosas y mambisas, los municipios y las juntas patrióticas  que jugaron un papel plausible, heroico, –nunca bien reconocido– cuando  mantuvieron la llama encendida durante los largos  años del gran impasse.  Entonces ellos  mostraron, aún  muestran, el camino de la dignidad en la intransigencia.

Siempre el exilio  quedará agradecido por el sacrificio que estos “viejitos”, tan entrañables y queridos  jugaron en  la lucha contra revolucionaria. Ahí están sus medallas y  sus diplomas. Los homenajes y sus lágrimas. Casi todos lo hicieron con orgullo  patriótico desinteresado y  radicalidad. Deben reconocer ahora que su papel  es el consejo y la crítica constructiva a la neo-oposición  exitosa que gatea, pero que  está abriendo nuevas avenidas. Por supuesto, con sus “trials and errors” como diría  un sajón.

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