LA OBSESIÓN POR LAS ENCUESTAS

Nota de Nuevo Acción: La  encuesta sobre la que escribe el articulista  fue financiada por el grupo Trimpa, una firma consultora pro partido demócrata, basada en Denver, Colorado, que promueve cambios sociales y por la “Fundación Sociedad Abierta” fundada por el millonario judío húngaro George Soros, bien conocido por los lectores de Nuevo Acción. Así que ya sabemos por donde van y de dónde vienen los tiros…y lo que buscan.

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

Una encuesta, según la definición lingüística, es un estudio de observación en el que el investigador busca recopilar datos por medio de un cuestionario previamente diseñado, sin modificar el entorno ni controlar el proceso que está en observación…

El tema de las relaciones Cuba-Estados Unidos ha estado bajo el escrutinio de los encuestadores durante mucho tiempo. Hay una reiterada obsesión entre los diseñadores de tales pesquisas, especialmente concentrada en el embargo y las restricciones económicas impuestas por Washington al régimen cubano.

En la mayoría de las encuestas de este tipo las preguntas se limitan a un categórico SI o NO, lo que significa que el interrogado no puede fundamentar su respuesta.

Hace ya algún tiempo se publicó una indagación financiada por el Grupo Trimpa (www.trimpagroup.com), una entidad con sede en Denver, Colorado, que favorece “el cambio social”, y Open Society Foundations (www.opensocietyfoundations.org) una institución que fomenta causas de políticas públicas.

Guillermo Grenier,  (Guillermo.grenier@fiu.edu( foto de la izquierda) profesor de sociología en la Universidad  Internacional de la Florida, quien ayudó a dirigir el estudio, señaló que “los resultados podrían llevar a la administración a revisar la política de Estados Unidos hacia Cuba, favoreciendo los viajes y las actividades comerciales para ayudar al llamado emergente sector privado”.

Los promotores de estas encuestas, y sus intérpretes, evidentemente ignoran que Cuba ha estado sometida por casi sesenta años a un sistema de gobierno cuya filosofía consiste en controlarlo y decidirlo todo, yendo desde lo que el ciudadano debe comer hasta lo que debe leer. Un sistema incapaz de entender los más elementales principios de la economía y las leyes del mercado, donde un ejército de burócratas impone sus dogmas a la sociedad y pone frenos al desarrollo de las iniciativas individuales.

No puede hablarse de “sector privado”, en el sentido estricto del término, en un país donde la economía está sometida a los caprichos de los centros del poder político y a las oscilaciones ideológicas.

Es imposible que la iniciativa privada alcance su pleno desarrollo cuando su principal competidor es el Estado el cual, además, les impone abusivos controles y restricciones de todo tipo.

Tampoco podemos pasar por alto que “los resultados podrían llevar a la administración a revisar la política de Estados Unidos hacia Cuba”, según lo expresado por el señor Grenier.  Es decir, confundir a la administración estadounidense y hacer que se sienta responsable por las tremendas miserias materiales y morales imperantes en Cuba.

No, señor Grenier, en Cuba no hay una incipiente sociedad civil. ¿Y sabes usted por qué no puede haberla? Porque el 90 por ciento de la economía cubana está controlado por los militares, porque los poderes del Estado se concentran en una sola entidad política. No existe esa sublime sociedad civil porque las leyes, e incluso la constitución, son impunemente violadas de manera sistemática y el menor vestigio de oposición o disidencia es aplastado brutalmente.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha emitido numerosas resoluciones en las que censura las prácticas abusivas de la dictadura cubana y le ha señalado aspectos específicos de su legislación laboral que contravienen la letra y el espíritu de los acuerdos suscritos con esa organización.

Una sociedad civil, señor Grenier, aun la más incipiente, requiere del prerrequisito de la democracia y de un conjunto de factores conceptuales, legales y éticos que posibiliten la diversidad entre ciudadanos y no entre cautivos del Estado. Ciudadanos que de manera individual o colectiva actúen para tomar decisiones en el ámbito público, totalmente independientes de los intereses o estructuras gubernamentales.

¿Se puede hablar de sociedad civil en un país donde los ciudadanos no pueden actuar de manera autónoma, restringidos por un ordenamiento legal excluyente y autoritario?

El cubano ha conocido la esclavitud moderna en toda su trágica dimensión más que ningún otro habitante del continente americano. Ha sido tanto y tan vergonzoso lo que se le ha exigido a ese pueblo en nombre de un futuro inaccesible que cada cubano guarda en su memoria cuanto le ha entregado a un proyecto inservible, fracasado y cruel. Ha sido la más auténtica explotación del individuo por el Estado.

Generaciones enteras han jugado el papel de policías, constructores, espías, confidentes, agricultores, marionetas, soldados enviados a morir en las selvas africanas, carceleros, verdugos de sus compatriotas y un sinfín de ominosas funciones por las que, a cambio, ha recibido racionamientos, restricciones a su libertad, salarios de miseria, violaciones sistemáticas y flagrantes de sus derechos básicos, represión, acoso y todas las variantes del chantaje moral, porque la dictadura reclama del pueblo lo que es incapaz de exigir a sus sicarios.

Obviamente el señor Grenier y sus asociados no han tenido acceso a la vigente constitución cubana ni al Código Penal y mucho menos a la Ley de Inversión Extranjera o al Código de Trabajo. No conoce cómo funciona la represión, como se asientan en el espíritu del ciudadano los instrumentos de la propaganda, como se crean estructuras socio-sicológicas capaces de paralizar al más intrépido, como se reduce a cero la posibilidad individual de crear riquezas y como se culpa al obrero por los disparates de los burócratas.

La encuesta del Grupo Trimpa hace énfasis también en el tema de los viajes a Cuba. Es decir, el turismo como promotor del cambio. No conozco un solo país sometido a un régimen totalitario donde el turismo haya operado el milagro de la libertad y el rescate de los valores democráticos.

En Cuba, como destino turístico, resaltan dos aspectos básicos. El primero se refiere a los visitantes extranjeros impulsados por la necesidad del entretenimiento y el placer. Muchos de ellos no ocultan sus simpatías hacia el régimen y consideran su presencia en la Isla como una muestra de solidaridad.

Del otro lado se alinean los turistas del fogaje y la lujuria a quienes les importa un comino la democracia, la libertad y los derechos humanos. Su visión de Cuba es la de un gran burdel donde por un puñado de dólares pueden recibir caricias y besos adolescentes. No sienten el más mínimo escrúpulo cuando compran las bondades de una cubana empujada al tenebroso mundo de la prostitución  por las penurias materiales y éticas.

Y en el último lugar tenemos a los cubanos residentes en el exterior.  Esta especie de turista – que en realidad no lo es – quien va a Cuba con el propósito de ayudar a sus familiares y zarandear un tanto las añoranzas. No quieren mezclarse en rollos políticos porque saben que pueden poner en peligro a su familia y comprometer futuros viajes.

Si el turismo ostentara el embrujo de la transformación política, en el mundo no existirían dictaduras ni dictadores.

Para qué le sirve, por ejemplo, a un médico cubano saber que un colega dominicano obtiene en una hora el equivalente a su remuneración mensual. Si se analiza a profundidad, a ese médico lo acosaría la idea de largase a la Republica Dominicana para ejercer allí su profesión. O qué ganaría un ama de casa cubana al enterarse que un robot puede liberarla de la limpieza de su hogar.

El pueblo de Cuba no necesita la presencia de calenturientos turistas ni de un puñado de vendedores ambulantes para despojarse de sus ataduras.  Como tampoco necesita de encuestas amañadas para comprender la dimensión de su tragedia.

Ese pueblo necesita independencia, estructuras legales que lo protejan y faciliten el desarrollo pleno de sus capacidades individuales.

Ese pueblo necesita sacudirse el servilismo de la dictadura.

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