LA OPINIÓN AJENA: ¿ESTAMOS ANTE EL FINAL DEL POPULISMO? NO SE LO CREE NI CHRISTINE LAGARDE

En la foto: Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). (Reuters)

Federico Quevedo- El Confidencial

Lo comenté el otro día de pasada, pero creo que este es un asunto sobre el que merece la pena detenerse dedicándole algo más de espacio, y no un simple comentario. Hace unos días, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, se dirigió a las autoridades económicas españolas y les dijo que como ya nos encontrábamos ante el final del populismo, había llegado el momento de congelar las pensiones. Dicho de otra manera, lo que venía a querer afirmar la máxima responsable del FMI es: “Como parece que la economía va mejor y eso ha hecho que la gente deje de confiar en esa pandilla de rojos peligros antisistema que son los de Podemos, ha llegado el momento de volver a joder al personal con medidas de ajuste que tanto nos gustan”.

Alguien debería decirle a Lagarde y, en general, a los ‘sesudos’ analistas del FMI, que deberían hacérselo mirar. Hace tiempo que los organismos internacionales, y principalmente el FMI, se encuentran en una dimensión cósmica distinta de la del resto de la humanidad, pero lo grave es que con sus análisis equivocados y sus consejos antisociales pretenden influir en las políticas de los gobiernos. En su día eso llevó a Grecia a una situación insostenible que a punto estuvo de hacer desaparecer el país bajo el protectorado de Bruselas –eso no oculta la responsabilidad de la mala gestión económica de sus gobiernos socialistas y conservadores, pero bien que lo pagaron en las urnas–.

Entendamos por populismo la convicción de que el poder debe estar ahí para atender, de verdad, las necesidades de la gente

Y es que los dirigentes políticos y, sobre todo, aquellos que no son elegidos en sus cargos mediante el sufragio universal, sino mediante la confluencia de una serie de intereses ajenos a la gran mayoría de las personas, se olvidan por completo que la suya es una labor de servicio a la sociedad, de velar por el interés general y el bien común, y no por el bien particular y el interés limitado de una serie de poderes políticos y económicos.

Es verdad que eso que ellos llaman el populismo ha utilizado este mismo argumento para arremeter con violencia en algunas ocasiones contra el sistema. Pero negar que es verdad, solo nos llevaría a seguir insistiendo en la brecha enorme que separa los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad de los de unos pocos privilegiados, y volveríamos a revivir las mismas escenas de violencia antisistema que hemos vivido, por ejemplo, hace unos días en Alemania ante la reunión del G-20.

Al populismo se le combate con… más populismo. Entendamos por populismo no un modelo asambleario de gestión de la res pública, sino la convicción de que el poder debe estar ahí para atender, de verdad, las necesidades de la gente. Y cuando hablamos de necesidades, no se trata solo de las de los más necesitados, de los marginados, sino las de la gente normal, la que trabaja cada día para llevar el pan a su casa y dar de comer y vestir y llevar al colegio público a sus hijos. Y esa es la gente, la mayoría de la gente, de la que se han olvidado los poderes públicos y que encontró en su momento en Podemos una respuesta a parte de sus demandas.

Los más ricos siguen siendo más ricos, pero los más pobres también son más pobres. Los jóvenes encuentran trabajos muy precarios y mal pagados

Es evidente, como decía el otro día, que España atraviesa un momento dulce de recuperación económica, que además parece consolidarse y que eso va a permitir crear más empleo. Pero es cierto también que no todo el mundo ha salido igual de la crisis, y que sigue habiendo gente que ni siquiera ha salido de la crisis. Los más ricos siguen siendo más ricos, pero los más pobres también son más pobres. Los jóvenes encuentran trabajos muy precarios y mal pagados. Por eso es difícil que puedan emanciparse y pensar en formar familias, y eso en un país en el que, efectivamente, existe un problema de envejecimiento poblacional que pone en peligro el futuro de las pensiones.

Pero la solución no puede ser congelarlas… ¿Por qué? Eso es lo más fácil, ir al ajuste, en lugar de plantear medidas que favorezcan la natalidad o recurrir a la mano de obra joven de la inmigración. Y si decir esto es populismo, entonces yo soy populista, porque creo en las personas, y no en los intereses de unos pocos. Y me temo que mientras siga habiendo gente como Christine Lagarde, que anteponga los intereses de esos pocos frente a los de la mayoría de las personas, seguirá existiendo el populismo, porque sospecho que ha venido para quedarse.

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