LA OPINIÓN DE UN KUBANOIDE: KIKITO DICE

“Yo francamente no entiendo al exilio histórico (exilio histérico le llamamos yo y mis amigos). Nuestros padres, abuelos, tíos y parientes, vinieron para la Yuma, y según ellos, se rompieron muy duro el lomo y se quemaron sus pestañas, para lograr bienestar y bonanza, mientras nosotros padecíamos todas las carencias en Cuba, recibiendo a cada rato, una remesa como limosna. Al llegar aquí, con nuestras familias bien situadas económicamente, lejos de ofrecernos la vida regalada que esperábamos y nos merecemos, por habernos jalado tantos años en aquel infierno, lo que hacen es darnos un sermón  de lo duro que hay que trabajar aquí para llegar a ser algo, y ofrecernos un trabajo en una de sus empresas o en la de algún amigo o pariente, que pretende que por cien fulas diarios le trabajemos sin parar 8 horas, cinco días de la semana y encima de eso no les gusta que  coja una ayuda suplementaria  de $710 dólares que me merezco,  y se ponen bravos porque cobro más que el retiro de tía Lola, que solo recibe $600 dólares, porque trabajó veinte y pico años cuando se ganaba un dólar y luego un par de dólares la hora.

Luego, mientras ellos manejan carros del año, a nosotros nos compran  y nos regalan un carrito con dos o tres años de atraso, como si fuéramos familiares de segunda, y nos disparan el eterno cuento de como ellos tuvieron que “jalar” guagua por años antes de poder adquirir un transportation.

Otra cosa que por mucho que lo he intentado no he logrado entender, es su obsesión en contra de los artistas y músicos, que nos gustan a los de mi generación. Si oimos a Silvio, nos quieren matar y hablar bien de Juan Formell y los Van Van es anatema, porque dicen que Juan Formell formó la banda cuando la campaña de la zafra de los diez millones estaba en su apogeo, y en honor a la consigna de “Los 10 millones van. De que Van, Van” la bautizó como los Van Van. Total, si aquí hay otros artistas que allá eran mas “comecandelas” que Formell y hoy son niños mimados del exilio.

Yo me atrevería a vaticinar que si Juan Formell decidiera un día quedarse por estos lares y forman una banda a la que bautizara “El Fracaso Azucarero” , se convertiría de la noche a la mañana, en un  héroe del exilio, y los compañeros responsables de hacer opinión pública enseguida lo adoptarían como una estrella rutilante del exilio.

Conclusión: no podré nunca, aunque quiera, conectar con los que llegaron antes que yo. Yo soy de una mentalidad distinta, que representa al cubano nuevo. Ellos quedaron anquilosados en las páginas de la historia antigua. Simplemente, se les paró el reloj.”

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