LA PALOMA Y YO -AL UNÍSONO- NOS DEFECAMOS EN ÉL.

Por Esteban Fernández

No sé a quién se le ocurrió la peregrina idea de que los opositores iniciales no éramos “contrarrevolucionarios” y acorde con esa idea las organizaciones anticastristas ellas mismas se autodenominaban “Movimiento de Recuperación Revolucionaria y Movimiento Revolucionario del Pueblo”.

Partían de la base de que Fidel Castro había traicionado a la revolución y que gente como Manolo Ray, Humberto Sorí Marín, Manuel Artime, David Salvador, eran los verdaderamente “revolucionarios traicionados”.

Rápidamente mi padre me sacó de ese error diciéndome: “Este H.P. Fidel Castro nunca nos traicionó porque jamás estuvimos con él, y esto sí es una revolución a raja tablas y nosotros somos CONTRARREVOLUCIONARIOS”.

Ya unas pocas horas después de comenzado su primer discurso en la Plaza Cívica yo -JUNTO A LA PALOMA- me estaba defecando en él.

Después de llegar a la conclusión de que “¡Esto es una basura!” vino la pregunta “Y … ¿hora que hago?” Vaya, una pregunta muy peligrosa en la mente de un imberbe.

Si bien había tenido toda la ayuda de mi padre para entender lo que estaba pasando en Cuba y lo que iba a suceder, al querer pasar de la palabra a la acción no tuve la cooperación del viejo. Al contrario, quería a toda costa parar mis ímpetus “combativos”. E insistía en decirme; “¡Déjame eso a mí, ya yo estoy conspirando bajo las órdenes de Lauro Blanco!” Con el paso del tiempo resultó ser el tío de una buena amiga mía llamada Frida Masdeu.

Pero, tuve la inmensa suerte de que el Instituto fue una cantera inmediata de contrarrevolucionarios. Y eso hizo muy fácil el integrarme a las actividades anticastristas.

Como no teníamos ningún material para hacer nada, y alguien me dijo que en el Central Providencia vivía un muchacho que era “Teniente del M.R.R.”, para allá me fui en la guagua a buscarlo. Se llamaba Gilberto Salgado y le decían “Corvea”.

Me ignoró porque no me conocía, pero una semana más tarde se apareció en mi casa en el Residencial Mayabeque y me entregó unos bonos de MRR. Por otro lado, había conseguido unos cohetes que poníamos en el Instituto para interrumpir las clases.

Varias veces fui detenido y me expulsaron “deshonrosamente” del centro de enseñanza ahora llamado “Preuniversitario Juan Borrell” que ya estaba plagado de esbirros bajo las órdenes de Godofredo de Armas Borrell e Ibrahim Rivero.

De muchacho tranquillo, obediente y estudioso pasé a ser militante de una inesperada causa. Esteban Fernández Roig el hombre que más me había inculcado el anticastrismo, ahora puso todas sus energías en sacarme de allí y salvarme de largos años de prisión.

Como ya les he dicho varias veces, cuando el jefe del G2 Elio Guevara lo amenazó con que me fusilaría fue la tapa el pomo, y gracias a Milton Sorí puede abandonar aquel infierno en que habían convertido a Cuba y que yo ingenuamente trataba de combatir.

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