LA POLÍTICA DE CONTENCIÓN

Por, Jorge Riopedre

Sanciones económicas no tumban regímenes absolutistas o dictatoriales. Sin embargo, bien entendido, la imposición de sanciones económicas no persigue derrocar adversarios, sino frenar la intensidad de su comportamiento agresivo. Eso es lo que se conoce, desde tiempos de la guerra fría, como política de contención. Esta política busca posponer, tanto como sea posible, una guerra abierta de graves consecuencias, librando en su lugar escaramuzas retóricas para consumo de la galería. Tal parece que así es como debe entenderse la política de Estados Unidos con relación a Venezuela.

La política de contención puede prolongarse por décadas a la espera de una solución biológica: la desaparición de los líderes históricos enquistados hasta el final en una malaventurada geografía. No obstante pueden ocurrir sorpresas inducidas por el agotamiento de la historia o la quiebra de la fortuna. ¿Qué podría alterar esa larga espera? Lo aconsejable es revisar el precedente.

El 14 de octubre de 1962, un avión espía U-2 tomó fotografías de un emplazamiento de misiles soviéticos de alcance medio en el municipio Los Palacios, provincia de Pinar del Río. Esta fue la primera prueba fotográfica de la crisis de los misiles en Cuba. Una segunda foto cerca del municipio de San Cristobal mostró la construcción de un búnker de cabezas nucleares. No hubo guerra. La crisis terminó el 28 de octubre de 1962, pero la ruleta rusa logró su objetivo: la consolidación del régimen castrista.

Analizado con toda frialdad, el desenlace no estuvo del todo mal para Estados Unidos: se evitó una guerra nuclear, los soviéticos retiraron sus misiles de Cuba, se puso fin a las acciones militares de cubanos anticomunistas desde territorio continental y Washington quedó libre de frenar a discreción las aventuras castristas en Centro y Sur América. De hecho, aplastaron a cuanto revoltoso tomó el camino de la subversión. Eran los intereses de Estados Unidos los que estaban en juego y nada más.

Cincuenta y siete años más tarde el número de sanciones a Venezuela ha ido en aumento. Ahora se han congelado los bienes de propiedades y activos del régimen venezolano y de cualquier individuo que asista a funcionarios afectados por la orden.

La galería aplaude y recibe una infusión de aliento temporal. Sin embargo, han ocurrido cosas menos rimbombantes pero más sustanciales para aquellos que observan con ojo crítico lo que acontece.

El pasado 27 de junio de 2019, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante Craig Faller, confirmó que se realizan vuelos de vigilancia sobre Venezuela para tratar de entender lo que pasa en ese país. Por supuesto que se trata de una declaración sobria, diplomática, que debe leerse entre líneas: en realidad, Estados Unidos tiene información de lo que pasa en Venezuela pero necesita confirmar rumores acerca de movimientos estratégicos que se realizan en secreto. Washington también tenía conocimiento del acontecer cubano cuando ordenó el vuelo del avión espía en 1962, con el fin de salir de dudas sobre lo que se estaba cocinando en San Cristobal, Pinar Del Río.

¿Qué busca Estados Unidos en Venezuela? Confirmar la presencia de armas estratégicas u otro tipo de armamento y elementos iraníes en territorio venezolano. Venezuela es un cliente ruso, pero Rusia no está en condiciones de correr un riesgo similar al de la crisis de los misiles en Cuba. Ni Rusia ni China representan un peligro directo, pero el armamento en manos de un candidato nuclear como Irán, puede resultar una pesadilla.

Entonces, ¿qué pasa en Venezuela? Que La Habana quiere consolidar a Nicolás Maduro como presidente vitalicio de Venezuela y se las está ingeniando para coronar a un rey sin corona. Aquí viene lo que Estados Unidos está vigilando. En los años sesenta con la ayuda soviética, los castristas crearon una crisis internacional de tal magnitud que anuló de facto el estallido de la guerra, dando paso a una solución negociada en lugar de una catástrofe sin beneficio para nadie. Ahora no existen las condiciones para algo parecido, pero no faltarán argucias caribeñas para lograr lo que se proponen. Alargar y alargar las negociaciones con el fin de consolidar a Maduro o negociar su salida del poder a cambio de un comodín en la manga de La Habana, con el rabo del ojo puesto en las elecciones estadounidenses. Toma y daca, ¿consolidación a cambio de qué? Ahí está la clave de la espera.

Un Comentario sobre “LA POLÍTICA DE CONTENCIÓN

  1. Hola Jorge Riopedre. Se este o no completamente de acuerdo en todo lo que expone siempre en sus piezas, es mandatario ser justo con usted: es un formidable analista. Saludos. Oscar Peña

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