LA PROLIFERACIÓN DE BASURALES EN LA HABANA ESTÁ FUNCIONANDO COMO UN NUEVO MÉTODO DE DESOBEDIENCIA CIVIL

Por, Héctor Julio Cedeño Negrín

En una esquina habanera se puede leer; “Prohibido arrojar basura”; Multa de 1500. Firmando la amenaza, P.N.R., C.D.R. o sea, la Policía Nacional Revolucionaria y los Comités de Defensa de la Revolución.

La loma de basura y escombros, estaba tan alta, que apenas podía leerse el cartel La gente arroja basura sencillamente como una protesta contra las autoridades y el gobierno central, que no hacen nada para resolver las necesidades de la población.

Sabiendo además que está prohibido y penado y arriesgándose a la imposición de una multa, de elevada cuantía. Al parecer eso no frena, ni preocupa a los ciudadanos, sino la falta de respuesta a los problemas cotidianos de la nación.

Eso pasa en las zonas más céntricas de la Habana en los alrededores del Capitolio Nacional, sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el nominado “Parlamento Cubano”. Pero también ocurre en la barriada de Miramar, una zona donde se encuentra la mayoría de las sedes diplomáticas y las residencias de los Embajadores y funcionarios extranjeros.

Los basureros también se extienden a lo largo y ancho de los barrios populares y de las zonas residenciales de la ciudad, sin exceptuar ninguna área. Lo mismo en Centro Habana, La Habana Vieja, que en 10 de Octubre.

En el Cerro, Arroyo Naranjo o Marianao. Los basurales se extienden y se encuentran diseminados, en todos los municipios sin distinción, sin discriminar un solo barrio. Algo muy propio y equitativo del socialismo.

En la esquina de las calles Monte y Águila los tanques de basura llegan a once, pero el camión de recogida, pasa una vez a la semana. Por eso los contenedores se desbordan  y forman un basural gigantesco, que se extiende más media cuadra. Además desde un  agro mercado arrojan huesos con restos de carne en los tanques.

A los tres días los huesos podridos, los gusanos y el hedor son insoportables. Además los malandros se roban los tanques para venderlos y molidos se convierten en materia prima para fabricar utensilios y vasijas de plástico. También los queman como un acto de vandalismo, por lo que la fábrica de tanques no da abasto.

Es un constante trapicheo, por eso los basurales y el saboteo de los tanques se han convertido en una nueva forma más de desobediencia civil. Aun cuando perjudica a los propios vecinos y a la población en general que ayuda a diseminar epidemias, enfermedades y vectores, ya sean, ratas, cucarachas, moscas o mosquitos.

En la intersección de las calles Águila y Estrella, existe otro basurero antológico. Ahí está el parque de los gatos en el lugar que ocupara la tienda “Los Precios Fijos”. Un comercio muy popular en otra época. Allí no se ven ratones porque pululan los gatos que comen de la basura y las brujerías que allí arrojan. He contado hasta cincuenta y tres gatos, que hacen del basurero sus delicias.

Al lugar llegan turistas, especialmente de los Estados Unidos en visita al museo Quisicuaba. Se apean de los ómnibus sobre ese inmenso basurero, pestilente y emprenden su viaje. A veces llegan hasta cinco ómnibus simultáneamente cargados con visitantes. El basural es prácticamente parte del paisaje y visita obligada para los huéspedes que en ocasiones lo fotografían.

Es una vergüenza llevar turistas a un lugar tan abominable. Los ciudadanos de éste país deberíamos sentirnos abochornados, con tanta impudicia. Los guías turísticos no parecen darse cuenta ni preocuparse por eso, tan acostumbrados a la podredumbre, que ni siquiera se inmutan y continúan llevando allí a los turistas. Más valen los cuatro pesos que el decoro.

La gente indolente organiza un basurero en una cuarta de tierra como dice el dicho popular. Usted pasa en la tarde y todo está de maravillas, porque pasaron los vehículos de recogida. Pero a la mañana siguiente ya existen toneladas de basura y escombros en el lugar, que apenas le permiten el paso.

Recientemente el gobierno japonés donó cien camiones recolectores, para tratar de solucionar el problema del acopio de los desechos sólidos en la Habana. En una entrega no reembolsable. Ya llegaron los primeros veinticuatro vehículos a la ciudad, que son de la marca Hino, pero vamos a ver el resultado que producen, porque aquí hasta las soluciones más convenientes suelen no resultar.

Por lo pronto se vislumbran nuevas dificultades, porque los choferes deberán trabajar veinticuatro horas seguidas, mientras cambian cada ocho horas las dotaciones, un trabajo muy pesado para un solo chofer, manejar cuatro turnos seguidos. Tal vez doce horas sea más lógico.

Como la intención de la población es protestar de alguna manera, veremos cómo fracasan las nuevas medidas del gobierno. Hoy la consigna de la ciudad es; “Por la Habana, lo más grande”, esto con motivo del próximo aniversario quinientos de la fundación de la Habana, en el 1519.

Pero, a mi modo de ver, esa celebración no tiene mucho sentido para los habaneros, porque están mucho más preocupados con el reinicio del llamado “Periodo Especial”, que promete ser más profundo que el de los años noventa, que ni ventas había.

Dice Raúl Castro que no será más profundo que el de aquellos años, porque la economía cubana está mucho más diversificada, pero reconoce que el cerco se cierra para la tiranía, cada vez más, así que no veo que vaya a ser “menos peor” que aquellos años, como diría Don Segundo Sombra.

La gente está preocupada, porque cada vez que sacan pollo en las shopping, lo sacan con perrera y con “piñacera” y tiene que acudir hasta la policía. Digo, cuando logran llegar a tiempo, para organizar la cola y parar los puñetazos. Cada vez, lo sacan con menor frecuencia.

Los huevos desaparecen y lo encuentras en cinco dólares el cartón o sea, ciento veinte pesos, cuando el precio oficial es de veintisiete PUC. Tampoco hay harina de trigo y ni siquiera la de maíz, que en otros tiempos se llenaban de gorgojos en la bodega.

Tampoco hay leche, de ningún tipo, ni vaca para ordeñar, ni queso y parece que el pescado emigró hace años de loa mares adyacentes de Cuba y por efectos del Cambio Climático. Tampoco se encuentran, medicinas en las farmacias, ni un jarabe, para el catarro, mucho menos los antibióticos, para palear las constantes infecciones del trópico, tanto respiratorias como de otra índole.

Antes era Venezuela la que se parecía a Cuba, ahora es Cuba la que ya está como Venezuela, no hay de nada y los anaqueles de los mercados comienzan a estar vacíos como en la década de los setentas, donde ni con dinero aparecía, algo para comprar.

La carne de cerdo, ya igualó a la carne de res por la izquierda, que vale 2.50 CUC la libra. La de cerdo está, en sesenta pesos cubanos, la libra aunque la carne de res por la izquierda y por. la derecha, tampoco aparecen, ni en los mercados de Miramar, uno de los barrios de los nuevos ricos cubanos y de los diplomáticos extranjeros.

No hay, jamón ni jamonada, en el mercado, ni picadillo de soya; ese animal prodigioso con el que han cruzado, las reses cubanas. Que también produce yogures con diversos sabores y aceites comestibles, que por cierto, también está en falta.

Cuentan, las malas lenguas, que en Matanzas condenaron a cinco años de prisión, a un vendedor izquierdista, de ese líquido viscoso, tan necesario en la cocina cubana y tan escaso en los hogares. Menos mal que no era aceite de oliva, si no le condenan a veinte años.

En fin que pensándolo bien, si se acabarán los basurales con éste nuevo o renovado “Periodo Especial”, porque como los venezolanos, bucearemos y comeremos de la basura y hasta con cola y matazón, marcando en la hilera, desde la madrugada. ¿Quién es el último para el tanque azul?

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