LA RECETA RAULISTA: UN SOCIALISMO SALVAJE

 

En la foto: Miguel Díaz Canel el supuesto sucesor de Raúl como presidente del Consejo de Estado

Por Vicente P. Escobal

Desde su designación como heredero de la dinastía, Raúl Castro ha insistido en la necesidad de transformar la economía cubana sin alterar un milímetro la ideología del régimen ni sus postulados filosóficos inspirados en la más pura ortodoxia marxista-leninista-estalinista.

De Raúl se comenta que es un tipo pragmático, familiar, contrario a los discursos, enemigo de la burocracia y, además, buen bebedor de vodka. Pero Raúl es, igualmente, un ofuscado seguidor de las ideas entronizadas por su hermano acerca de la historia, la política, la economía y la sociedad durante las pasadas seis décadas.

Es bueno recordar que Raúl está ahí no porque fuese electo en un proceso democrático o porque exhiba un talento excepcional. Esta ahí porque la dinastía no puede interrumpirse. Raúl es un militar de ordeno y mando, una prolongación de Fidel. Es ese su único mérito.

Si se analizan en detalles las “medidas” de Raúl advertimos que están destinadas al consumo y no a la producción. Se trata básicamente de crear una quimera con el objetivo de ganarle al tiempo biológico.

Todas las publicitadas “transformaciones” tienen su génesis, tal vez, en el discurso pronunciado por Fidel Castro durante la apertura del IV Congreso del Partido Comunista celebrado en la ciudad de Santiago de Cuba en octubre de 1991.

En aquella ocasión Castro manifestó   su preocupación ante el colapso de la Unión Soviética y señaló que “en el pensamiento revolucionario marxista-leninista estaba, incluso, la posibilidad de construcción capitalista bajo la dirección del proletariado”. Es decir, coquetear con el capitalismo, crear un modelo de desarrollo capitalista, permitir la inversión de capital extranjero, pero mantener intacta la teoría de partido único sin la más mínima presunción de una apertura hacia la democracia.

El capitalismo, en su más amplio alcance, posee una condición irrefutable: la democracia como fundamento y sostén. Donde no hay democracia no habrá jamás capitalismo por mucho que se le disfrace. La libertad económica demanda libertad en otros frentes: separación de poderes, tribunales independientes, libertad de expresión, de asociación y de inversión.

Los escuálidos trazos” liberadores” planteados por Raúl no van a la medula del problema: se quedan en la superficie. Se trata de crear un “capitalismo leninista” planteado por su hermano hace casi treinta años. Un “capitalismo” de baratijas, de ferretería, de frioleras. Un socialismo salvaje.

La receta raulista es sencilla: construir una ilusión de desarrollo, de progreso y hacerle creer a los incautos que se deja a un lado la ortodoxia comunista para reemplazarla por un “capitalismo de estado” similar al creado por los chinos.

Su deseo de “retirarse del poder” el próximo febrero ahora ha sido diferido para abril, utilizando como pretexto los estragos del huracán Irma.

¿Ganar tiempo, echarle más aceite a la maquinaria propagandístico-represiva, pactar ciertos desarreglos y conciliar opiniones adversas sobre Miguel Díaz Canel en los altos mandos militares? Tal vez se trata de una mescolanza de todos esos ingredientes.

Miguel Díaz Canel es un personajillo germinado de la nada, un sujeto al que los militares, los llamados históricos y el resto de la fauna raulista, observan con escepticismo porque no es de su “casta”, no es “de los suyos”, a pesar de haber prometido que “nada va a cambiar” y que además posee el sombrío antecedente de haber sido un apasionado e incondicional admirador del “heavy metal” durante su época de estudiante de secundaria en su natal Santa Clara.

Los guardianes del castrismo, los cancerberos del infierno totalitario, poseen una ilegitima jactancia del uniforme, de cumplir las órdenes sin hacer preguntas porque si cada cancerbero empieza a discutir las órdenes de sus superiores todo se vuelve un despelote y el poder que tanto aman se le va al carajo.

Ha de resultar un trago muy amargo para la cuadrilla del Buró Político y del Estado Mayor aceptar que Díaz Canel ocupe (o usurpe) el cargo que por décadas ostentara (o usurpara) aquel cuyas cenizas esparcieron dentro de una piedra en un apartado rincón de un cementerio santiaguero.

A pesar del hermetismo y las intrigas típicas del régimen cubano hay un hecho real: ¿Posee Raúl un sincero deseo de distanciarse del alucinante proyecto glorificado por su hermano? No lo posee. Ni él ni ninguno de los ancianos que lo secundan están dispuestos a emprender una transformación profunda en Cuba porque saben que una ventana abierta a la libertad, el más mínimo atisbo de democracia, significaría el fin de la dinastía.

No defienden una idea ni un proyecto, defienden solamente sus privilegios.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15