LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CIUDADANÍA

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

Las dictaduras inspiradas en el marxismo-leninismo no toleran a los ciudadanos vehementes.    El comunismo es una filosofía diseñada para mantener a los seres humanos sumidos en la más ominosa obediencia. Toda expresión de disconformidad, disidencia, descontento, es interpretada como un acto de traición.

La estrategia marxista-leninista en el ámbito social es bien clara: sumisión total, acatamiento absoluto, pleitesía incondicional y subordinación ilimitada. El halago al máximo líder es lo que cuenta.  Cuando un ciudadano expresa con humildad y civismo puntos de vista desiguales a los entronizados oficialmente, es registrado en el abominable inventario de los “no confiables”.

El totalitarismo marxista-leninista crea sus propias pautas para juzgar la conducta humana.  El más humilde de los ciudadanos puede convertirse súbitamente en un colaborador del enemigo, en un mercenario al servicio de la burguesía. Y unos espías confesos y convictos, en héroes nacionales.

Para torturar a un ser humano no es necesario someterlo al martirio corporal. Basta con confinarlo a una celda solitaria, negarle la atención médica, suministrarle alimentos inadecuados y mantenerlo alejado de su familia. No hay peor tortura que la soledad, la enfermedad desamparada, la escasez de alimentos y la incomunicación con los seres queridos.

Los que en Cuba han alzado sus voces inspirados e impulsados por el civismo y la dignidad no reclaman una propiedad confiscada ni exigen compensación por la pérdida de un bien material o un privilegio. Nunca proponen algo que transgreda los sagrados intereses nacionales.  Sus pensamientos se inspiran en las mejores tradiciones de los fundadores de la nacionalidad cubana. Patria libre, libertad de expresión y respeto a los derechos humanos resumen   su estrategia política.  Aspiran a ejercer su condición de ciudadanos y a cambio de ello reciben el tratamiento del esclavo que con vehemencia se revela.  Pretenden vivir en libertad y la respuesta a ese desafío los encierra en la cárcel.

Los ecos de la dignidad que llegan desde la isla nos advierten – y nos alertan –   a todos que Cuba no es un país de ciudadanos.  El régimen de derecho, las prácticas sociales, las formas brutales y primitivas en que se ejerce el poder en todos los órdenes no sustentan los derechos amplios y complejos que entraña la ciudadanía.

Los derechos ciudadanos no son una concesión de un funcionario bondadoso.  Esa no es – no puede ser – la base de nada que se parezca a la libertad y a la democracia. Esos derechos no se aplican a partir de ningún decreto, de ninguna incondicionalidad, de ninguna obediencia, sino que exigen un orden social muy distinto al que hoy se ha impuesto a la sociedad cubana.

El ejercicio de la auténtica ciudadanía es también el derecho mínimo al bienestar, más allá de aquel que se le ofrece en el terreno de la salud o la educación. ¿Para qué sirve un ser humano saludable y educado si en el plano de las ideas se le limita y encarcela? ¿Para qué sirve un ser humano alfabetizado al que se le quebranta el derecho de leer?

Los excesos de los funcionarios del aparato burocrático y represivo constituyen el pilar donde se limitan los derechos ciudadanos.

La reconstrucción de la ciudadanía en Cuba será un proceso arduo y lleno de obstáculos impuestos desde arriba y sostenido abajo por la ignorancia, el miedo y la enorme desprotección que padece aquella sociedad.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15