LA RECUPERACIÓN SERÁ LENTA Y COMPLICADA

Por Vicente P. Escobal

Por más que lo intento no puedo evitar mencionar a Fidel Castro. Muchos amigos y colegas me dicen que la mía es una obsesión perniciosa mas no comparto ese razonamiento. Y no lo comparto por una elemental razón: Fidel Castro es el autor intelectual y material del desastre que hoy enfrenta la nación cubana y al tratar de borrarlo de la memoria me parece que estaría escamoteando a las generaciones más jóvenes la posibilidad de enjuiciarlo adecuadamente.

Fidel Castro fue, sin ninguna duda, el personaje más desastroso de la historia política cubana y me atrevería a decir continental. Un sujeto que diseñó una forma de gobierno destinado a mantener amordazada y maniatada a la sociedad.

Fueron tantos los embustes, las patrañas y las calumnias empleadas por Castro para mantenerse en el poder que uno se horroriza cuando las recuerda. Castro siempre estuvo dispuesto a concebir una fabulación para culpar a otros de sus dislates.

¿Se acuerdan, por ejemplo, cuándo un día le declaró la guerra a los mosquitos y acusó a los servicios de inteligencia de Estados Unidos de haber introducido en Cuba una peligrosa plaga de insectos portadores de letales virus? Cuando todos creíamos que aquella hostilidad antimosquitos había concluido entonces echó mano a la tesis de producir plátanos a partir de las defecaciones de los cangrejos.

¿Se acuerdan cuando prometió una zafra de diez millones de toneladas de azúcar en 1970? ¿Y la lucha contra el burocratismo, el despilfarro y el ahorro de materias primas?

¿Recuerdan cuando se comprometió reestablecer la Constitución de 1940 y convocar a elecciones libres en un año a partir del 1 de enero de 1959?

¿Y qué me dicen de aquella maratónica arenga avalando la ejecución de un programa alimentario que pondría punto final al inmoral racionamiento implantado hace ya cincuenta y siete larguísimos años? ¿Recuerdan cuando afirmó que el periodo especial no duraría más de diez años?

Fidel Castro navegó de fracaso en fracaso. El primero fue cuando el descalabro del yate Granma. Para él aquello fue un desembarco cuando en realidad fue un auténtico naufragio.

En 1959, al bajar de las lomas, aseguró que él no era comunista y dos años más tarde se declaró marxista-leninista. Por ahí andan sus discursos, celosamente conservados por los policías del pensamiento. Al leerlos nos damos cuenta que Castro mentía sin el menor decoro y que se burlaba de los deseos de una nación.

Los cubanos – algunos, por suerte – se consideran los habitantes del paraíso y que Cuba es el mejor sitio del planeta, donde se disfruta la justicia social, la igualdad y todos aquellos sofismas con los que Castro embutió al pueblo que lo soportaba.

Para Fidel Castro la sociedad cubana constituía un laboratorio y los seres humanos sus conejillos de india. El ensayó toda suerte de experimentos y llevó a los cubanos a un estado de miseria física y espiritual nunca antes visto en Cuba.

Hoy, sus seguidores se preparan para una gran cruzada contra el robo, particularmente de combustible. Piensan que abarrotando las cárceles de infelices ciudadanos van a resolver el problema. Lanzar a la calle a los esbirros tampoco será la solución.

Robar es un acto censurable, pero soportar la miseria y no poder luchar contra ella es algo repugnante. Nadie roba por pura vocación criminal. No comparto la idea de que el ser humano tiene una tendencia natural hacia la criminalidad. El robo es un producto de la insatisfacción de las necesidades. Cuando se practica sistemáticamente puede convertirse en un vicio. Y yo sí creo en todos los vicios. El vicio del poder, de la maldad, de la traición, de la mentira, con la misma intensidad con la que creo en el valor de la virtud cuando al ser humano se le facilitan las condiciones para vivir con decencia y plenitud.

Los tiranos inspirados en las alucinaciones de Carlos Marx mueren aferrados al poder. Castro no fue una excepción. Gozó el privilegio de la inmunidad y de la impunidad. El mintió a manos llenas

A mí nunca me interesó cuándo, cómo y dónde moriría Fidel Castro. Lo que si me sigue interesando es lo que ha ocurrido después de su muerte.

Cuando desmenuzamos sus postreras declaraciones descubrimos su deseo de dejar a Cuba en un callejón sin salida, escudado en cuestionables principios de honestidad, patriotismo y moralidad.

Es terrible para una nación tener que depender de los arrebatos de alguien cuyas facultades mentales no funcionaban correctamente. Es trágico para una sociedad tener que enfrentar las incertidumbres de alguien atrincherado en el poder incapaz de reconocer sus errores y fracasos. Es miserable la vida cuando la manutención de la familia no está sujeta al salario devengado honradamente sino a toda suerte de trampas y falacias. Es frustrante llegar a la ancianidad y descubrir que no se logró absolutamente nada digno u honorable.

La recuperación de Cuba será lenta y complicada. El rescate de los valores cívicos no se alcanzará a través de un decreto ni de una consigna.

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