LAS BRONCAS

ESTEBITAESTAESLABUENAHORAPor, Esteban Fernández

Alguien dijo hace muchos años en un programa cómico en la televisión cubana: “Desde que se inventó la coba yo no me fajo”. Y nunca he olvidado eso. Otro dijo: Es mejor que digan “aquí corrió un cobarde que aquí murió un valiente”.

Las broncas, es decir “liarse a golpes”, es algo que a toda costa debemos evitar pero que a veces no queda más remedio que echar el resto. O quedar como un pusilánime.

Es decir que si uno va por una acera y a varios metros ve a un tipo con un cuchillo en su mano provocando a todo él que se cruza en su camino y tirando puñaladas al aire lo correcto es brincar para la otra acera, ni mirar para allá y evitar la confrontación.

Sin embargo, si uno va tranquilamente acompañando a una dama (ya sea una novia,  una esposa, una amiga, una hermana o una madre) y un atrevido se acerca y le da una nalgada, ahí no queda otra alternativa que  batirse aunque el pendenciero sea Mike Tyson.

Una pelea callejera es muy parecida a la guerra. Nadie la quiere, todos la detestan, pero existen momentos, lugares y circunstancias en que no queda otra alternativa que lanzarse al combate.

Lo bueno que tienen las reyertas -el fajarse- es que evitan las faltas de respeto. Donde yo me crié nadie se metía con nadie porque te podían partir el hocico bien partido. En los Estados Unidos como existe la gran posibilidad  de recibir una querella criminal si le das una trompada a un imprudente entonces existen muchas más osadías y cualquiera le enseña el dedo vulgar a la gente desde su carro y llueven los insultos sin que la sangre llegue al río.

¿Usted no quiere tener que fajarse nunca? La solución es muy sencilla: si alguien le tira los pantalones delante de la gente no responda a la ofensa inmediatamente, hágase el chivo loco, pero tóquele a la puerta a las dos de la mañana al insolente y cuando salga a la puerta en calzoncillos decirle: “Sió, calladito, no digas nada, no levantes la voz para no despertar a tu familia, sale para la calle desierta y vamos a darnos golpes hasta que uno muera” De 100 soñolientos y sorprendidos 99 no salen y después le dicen a todo el mundo: “¡Oye no te metas con ese que está completamente arrebatado!” Y si usted lleva un bate en la mano mejor.

¿Usted no sabe que los guapetones nada más son guapos cuando tienen un coro observando sus guaperías y después separándolos cuando la pelea dura demasiado tiempo?

¿Saben que es lo que más ayuda a no acobardarnos? El genio. En frío es muy difícil batirse pero bajo los efectos de la soberbia podemos convertirnos en extremadamente agresivos. Nada yo admiro más que al que puede mezclar la valentía con la frialdad. En eso los asiáticos son mejores mil veces que nosotros los cubanos.

Y otra cosa muy buena es “subir la parada”. Me contaba mi padre que su abuelo, también llamado Esteban, fue retado a un duelo a tiros y nunca había tocado un arma de fuego. El que lo desafiaba era un guardia rural experto tirador. Mi bisabuelo asustado pero sereno le dijo: “Perfecto, vamos a amarrarnos una mano a la otra, en la mano suelta cada uno va a tener una pistola rastrillada, vamos a contar hasta tres y al unísono  vamos a dispararnos a quema ropa”. El hombre solamente le respondió: “¡Tutaloco!” y más nunca tocó el tema del duelo.

En pocas palabras: no debemos creer en los alardosos porque perro que ladra no muerde y muy importante: no faltarle el respeto a nadie, porque desde que se inventaron las ametralladoras, el Karate y la Viagra  no existen los contrincantes débiles aunque tengan 80 años.

Y, para terminar, siempre me cuenta Hugo Byrne que había un señor  que presumía de su habilidad para poder romper un huevo de un solo balazo a larga distancia pero lo provocaron a un encuentro a tiros y se rajó. Y la moraleja es: “No es lo mismo tirarle a un huevo estático que tirarle a dos colgando”

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