LAS COLETILLAS

Por, Esteban Fernández

Les hablé hace poco de la frase asquerosa de “Le partieron la siquitrilla” que se puso de moda para conceptuar y alegrarse de las incautaciones, del robo indecente y de la eliminación de la propiedad privada en nuestro país.

Hoy les escribiré de otra no menos detestable palabreja: La Coletilla. Fue el preludio del final de la prensa libre en nuestra nación. Antes que todos los periódico, revistas y medios de difusión fueran confiscados surgieron las infames “coletillas”. Seguidos por las turbas pidiendo “Paredón” al frente de la empresa.

Dentro de cada medio de prensa habían -o colocaban- empleados sumisos y simpatizantes de la recientemente instalada dictadura que se brindaban ante cada escrito que consideraran anticastrista -y por lo tanto ofensivo a la revolución- ponerle un apéndice al final echándoles con el rayo a todos los que osaran tocar con un pétalo de una rosa al tirano en ciernes o a su maldito desgobierno.

Si mal no recuerdo las coletillas decían más o menos”: “Los empleados de esta empresa, fieles a los conceptos revolucionarios y a su Máximo Líder, estamos en desacuerdo total con lo antes expuesto por el susodicho periodista que responde a los intereses de Fulgencio Batista y del Imperialismo Yanqui”.

Increíble, detestable, se fue de palo. Aquello jamás había sido visto en nuestro país. A través de mis cortos años yo había observado polémicas, discusiones y periodistas dando opiniones opuestas sobre todos los temas que nos incumbían, pero nunca que “dentro de un escrito” o “al final del ensayo” desmintieran todas las opiniones personales del autor. Eso era insólito. Era el principio del acabose.

Solamente durante la etapa de Batista habíamos visto la censura de prensa decretada por varias semanas tras un grave suceso que aconteciera en la nación -con la cual yo nunca estuve de acuerdo- pero toda la prensa se solidarizaba para condenar la mordaza impuesta. Y siempre Fulgencio Batista daba marcha atrás y restablecía la libertad de expresión.

Pero esta era una forma distinta, Sui generis, y de igual manera en que todavía hoy disfrazan a los esbirros dando golpes como si fueran “gente del pueblo” en esta ocasión inicial tapaban el hecho cierto de que Fidel Castro eliminaba toda voz que se le opusiera y apareciera como que eran los “empleados de cada empresa los que estaban molestos y actuaban independientemente del “gobierno” en contra de unos farsantes”.

Desde luego, y casi está demás decir, que las coletillas desparecieron inmediatamente cuando se quitaron las caretas y después que todos los medios de comunicación cayeron dentro del jamo castrista y él que discrepara de una sola palabra del tirano y de su corte de testaferros y mercachifles tenía que correr a buscar asilo en una embajada o iba a parar a un infame calabozo.

2 comentario sobre “LAS COLETILLAS

  1. Un buen ejemplo de por qué no confío del todo de aquellos que se demoraron años y años en rechazar al castrismo.
    Excelente articulo.

  2. Frida, yo tambien desconfio de esos elementos. Mucha verdad en tu escrito Esteban. Perdona el tuteo.

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