LAS EXPECTATIVAS ABSURDAS

ESTEBITAESTAESLABUENAHORAPor Esteban Fernández

Una de las mayores mentiras es cuando nos dicen: En la vida tú puedes ser (o hacer) todo lo que pongas tu mente y dedicación para lograrlo. Para mí eso es bullshit.

Porque quizás exista una porción muy pequeña de verdad en esa premisa pero yo le haría unos pequeños cambios a esa exhortación y diría: Debes dedicar todos tus esfuerzos a lo que tengas TALENTO para conseguirlo.

Lo importante en la vida es lograr conocer cual es la capacidad que tenemos y dedicarnos a ella. Ahora mismo yo puedo querer ser barítono o tenor y comenzar a lanzar alaridos -mañana, tarde y noche- y lo único que voy a alcanzar es hacer el ridículo. Lo correcto es darnos cuenta de nuestras limitaciones, poner los pies en tierra firme y huirle a las expectativas absurdas.

Recuerdo, de muchacho, cuantas cosas yo estaba seguro que iba a ser y no conseguí ninguna. Quería ser alcalde del pueblo como mi primo Jaime Quintero,  jugar con el Almendares como mi amigo Miguelito de la Hoz y ser cowboy como Hopalong Cassidy.

Había un famoso chulo en Güines que tenía un precioso Cadillac “cola de pato” y yo le dije seriamente a mi padre: “Viejo, yo quiero ser chulo como Mingo Troya”. Entonces cada vez que tocaban a la puerta mi padre burlonamente me decía: “Estebita abre que deben ser las muchachitas del barrio que  traen el dinero que lograron hacer anoche”.

Acto seguido, porque yo iba de un extremo al otro, también estuve convencido de que sería cura y ya cuando mi hermano Carlos Enrique comenzaba a llamarme “Monseñor” vi la película “Y… Dios creó a la mujer” con Brigitte Bardot desnuda y ahí mismo se me terminó el entusiasmo sacerdotal.

¿Qué tenían en común Celia Cruz, Mickey Mantle, Abelardo Barroso, Puppy García, Plácido Domingo, Orestes Miñoso? Si usted responde “dedicación” yo le digo que está equivocado, la respuesta es TALENTO. Sinceramente la excepción a la regla de mi teoría es Tom Lasorda quién –según yo- no poseía el talento para ser un gran pitcher ni un gran manager pero gracias a su tesón y entusiasmo logró ser las dos cosas.

Hubo una época (quizás eso todavía perdura) en que se acostumbraba que las niñas aprendieran a tocar el piano. Y yo ni corto ni perezoso puse a mis hijas a dar clases de piano con la profesora Raquel la esposa del reverendo David Achón. Gracias a Dios antes de un mes la señora Achón -que era sincera en toda la extensión de la palabra- con una amable sonrisa me dijo: “No es justo que las hagamos perder el tiempo, NO TIENEN TALENTO PARA ESTO” y sanseacabó el asunto.

A lo mejor es al revés y lo que a veces resulta productivo es decir “¡Qué va, tú no sirves para eso!” y entonces la persona se encapricha en demostrar lo contrario. A mí me pasó con una maestra que yo le entregué una composición, la leyó  y me dijo: “Olvídate de las letras y dedícate a las matemáticas como tu condiscípulo José Raúl Montes Sorí”.

Y ahí yo me encarné en escribir. Muchos años más tarde cuando Agustín Tamargo leía mis artículos por Radio Mambí la ancianita maestra los escuchó, consiguió mi número de teléfono, me llamó y me dijo: “¡Yo siempre supe que serías escritor!”

Desde luego, quizás esté equivocado en mi modo de ver las cosas y a todo el que discrepe de mi opinión le pregunto sinceramente ¿usted considera que debo dedicar todos mis esfuerzos en ocupar el puesto dejado vacante por Derek Jeter con los Yanquis de Nueva York? Si logro jugar aunque sea una semana con los Mulos de Manhattan me voy a arrepentir de este escrito

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