LECTURA PARA GENTE GRANDE: EN SU 100 ANIVERSARIO. RELATO DE LA FASCINANTE HISTORIA DE D’ANNUNZIO EN FIUME- TERCERA PARTE Y FINAL

Fiume: la primera (y única) experiencia libertaro-conservadora (I)

Nota de Nuevo Acción: la atención prestada por los lectores a dos artículos publicados sobre Gabrielle D’Annunzio, nos ha animado a seguir tratando tan interesante tema histórico.

Por, Carlos Caballero

De hecho, D’Annunzio miraba en dirección contraria: hacia la costa dálmata. El conde Nino De Fangogna había desembarcado inesperadamente con un grupo de seguidores en la ciudad de Trau el 25 de septiembre y, aunque había sido obligado a reembarcar por los marines norteamericanos, pareció por un momento que el ejemplo podía extenderse. El Comandante tenía sus ojos puestos en Zara y en Pola. La visita de Corridoni, para animarle a marchar sobre Venecia, no tuvo más éxito que la de Mussolini. Esto no quiere decir que el Comandante no comprendiera que era vital para sus proyectos el hacer caer al gobierno de Nitti, pero era esta una tarea que confió a los políticos del Consejo Nacional italiano de Fiume. Eran estos unos políticos de viejo cuño, sólo preocupados por la anexión de su ciudad al Reino de Italia y ajenos a todo proyecto revolucionario, que no dudarían en negociar con Badoglio y con los políticos de Roma, incluyendo al gobierno, con tal de conseguir sus pragmáticas aspiraciones.

Los hombres del entorno inmediato del Comandante eran de una naturaleza totalmente distinta. Uno de ellos se hacía notar especialmente: Guido Keller. Había sido uno de los ases de la aviación italiana en la guerra y en Fiume destacó por organizar un grupo de singulares piratas que era capaz de adueñarse de cualquier barco, italiano o extranjero, que navegase por las aguas comprendidas entre el Estrecho de Messina y Venecia. En el Fiume cercado la llegada de los buques capturados era motivo de una alegría indescriptible, no sólo porque contribuía a solventar la penuria de abastecimientos de la ciudad (por causa del bloqueo establecido por el gobierno) sino -aún más- por lo que estos hechos tenían de desafío y reafirmación de su voluntad. Estas incursiones no se limitaban al mar. En tierra, los hombres de Keller fueron capaces de interceptar las líneas de comunicaciones enemigas, manteniendo así puntualmente informado al Comandante. Incluso se dio un golpe de mano para capturar a uno de los más destacados enemigos de la empresa dannunziana en Fiume, el general Nigra -uno de los comandantes de las tropas que cercaban la ciudad- quien una vez en presencia del Comandante se vio obligado a retractarse públicamente…

En otra ocasión, ya hacia el final de la aventura fiumana, Keller voló  hasta Roma para lanzar un orinal sobre la sede del Parlamento. (En la foto de arriba: D’Annunzio, defecando sobre un tibor, que después lanzó desde un avión contra el parlamento italiano) El mismo D’Annunzio participaba en operaciones similares y así, el 14 de noviembre, desembarca en la ciudad de Zara (bajo administración militar italiana) para anexionarles simbólicamente por unas horas.

En la ciudad misma el ambiente no podía ser mejor. Fiume parecía vivir una fiesta permanente: “La vida en la Fiume dannunziana era un continuo espectáculo (…) Esta eterna fiesta contribuía a mantener el apoyo de los legionarios y de los ciudadanos a los planes del Comandante. La eficacia de la movilización de las masas fiumanas será mejor valorada si se la considera sobre el fondo de la grave situación económica que padecía la ciudad y teniendo en cuenta las dificultades sociales que gravitaban sobre Fiume en el otoño e invierno de 1919”.[17] En efecto, la otrora activa ciudad portuaria y mercantil estaba paralizada. Los suministros escaseaban. La moneda se había hundido. Y el panorama italiano evolucionaba en sentido totalmente contrario al deseado por el Comandante, ya que Nitti había sido capaz de ganar las elecciones de noviembre de 1919.

En esta situación desesperada eran pocos los hechos que llevaban hasta Fiume la esperanza. Y el más relevante de ellos fue la arribada del buque mercante “Persia”. Cargado hasta reventar de armas y municiones, el buque había sido fletado para llevar estos suministros al Ejército Blanco del Almirante Koltchak, que en Siberia combatía a los bolcheviques. Pero, en vez de dirigirse hacia Vladivostok, su comandante, el Capitán Giuletti, había puesto su proa en el rumbo de la ciudad asediada de Fiume. Giuletti no era un capitán cualquiera de la marina mercante: era el presidente de la “Gente del Mare”, el sindicato socialista de los marinos. Y también un amigo íntimo de Enrico Malatesta. El suceso estaba destinado a tener amplias consecuencias. Hasta entonces las fuerzas nacionalistas conservadoras habían constituido el sector más amplio de los que apoyaban a D’Annunzio (junto con los ex-intervencionistas de izquierda). Pero estas fuerzas habían sido incapaces de derribar a Nitti. Ahora eran los hombres de izquierda los que empezaban a prestarle un apoyo capital y D’Annunzio –en consonancia con este hecho- iba a reorientar su política en sentido netamente radical.

Para empezar, el Comandante quiso situar el conflicto en una nueva perspectiva internacional. El discurso del 24 de octubre (titulado “Italia y Vida”) marcó la nueva época. En él, D’Annunzio, tras repasar la lucha por la anexión de Fiume a Italia en sus distintas fases, daba un nuevo enfoque al problema que la ciudad-holocausto suponía en la política mundial:

Podremos perecer todos bajo las ruinas de Fiume; pero de las ruinas emergerá, vigilante y activo, el Espíritu. Desde la Irlanda del indómito “Sinn Fein” hasta la bandera islámica de Egipto, todas las insurrecciones del Espíritu contra los devoradores de carne cruda y contra los explotadores de pueblos inermes se encenderán con nuestra chispa (…) Todos los expoliados de todas las especies se reagruparán bajo nuestro signo. Y los inermes serán armados. Y la fuerza se opondrá a la fuerza. Y la nueva Cruzada de todas las naciones pobres y empobrecidas contra las naciones usurpadoras y acumuladoras de toda riqueza, contra la raza de los depredadores, contra la casta de los usureros que explotaron ayer la guerra y hoy la paz, la novísima cruzada, restablecerá la verdadera justicia, crucificada por un maníaco gélido con catorce clavos.[18] 

Fiumanos, italianos, cuando gritasteis que la historia escrita con lo más generoso de la sangre italiana no podía cerrarse en París (…) anunciasteis el fin del mundo viejo. Por eso vuestra causa es la más grande y la más bella que se opone hoy a la demencia y a la villanía en el mundo (…) Vuestra causa acoge hoy a las razas blancas y a las naciones de color, concilia a los seguidores del Evangelio y del Corán (…) Toda insurrección es un esfuerzo de creación. No importa que sea truncada por la sangre, porque los supervivientes la transmitirán al porvenir.

Alejándose de forma tan elocuente del nacionalismo pequeño burgués de los miembros del Consejo Nacional, el Comandante se acercaba a los ideales de revolución mundial de Giuletti y Malatesta; y se hacía eco a la vez de la teoría de la “nación proletaria” desarrollada por Roberto Michels y otros sindicalistas revolucionarios, como nuevo modelo de Estado Nacional que debería arrancar su lugar al sol en el concierto internacional a los imperialismos de las naciones plutocráticas. Micahel A. Ledeen ha interpretado estos hechos presentando al Comandante como un profeta del tercermundismo avant la lettre. Quizá sea más exacto decir que en él, después de siglos de hablarse incansablemente de los derechos del hombre, aparece por vez primera la temática de los derechos de los pueblos.

Esta nueva orientación suponía un cambio radical en la actitud hacia los vecinos eslavos. Yugoslavia, el Estado artificial surgido de los sueños expansionistas servios y de los oscuros intereses geopolíticos de las potencias occidentales, no era tan sólo el enemigo de Fiume. También lo era de los nacionalistas croatas, montenegrinos, macedonios y albaneses. El Comandante empezaba a comprender que poco podía esperar de un pueblo italiano que seguía votando a Nitti. Quizá la salvación de Fiume procediera de las nacionalidades eslavas que veían cómo el poderío de Servia crecía amenazador.

Mientras D’Annunzio evolucionaba hacia esta nueva forma de pensar, los líderes dell Consejo Nacional proseguían frenéticamente sus negociaciones con Roma. Pero la autonomía decisoria de Nitti era mínima. Sin el apoyo financiero de Estados Unidos el país iría al caos económico. Y los norteamericanos seguían inflexibles en su oposición a la anexión de Fiume. Aún así el Consejo Nacional fue capaz de llegar a unos acuerdos de mínimos con el Gobierno a finales de noviembre. Se contempla en ellos la anexión de la ciudad dentro de determinadas condiciones. Tras algunas vacilaciones, D’Annunzio rechazó este “modus vivendi”. Muchos de los apacibles burgueses de Fiume se sentían satisfechos con él, pero no los hombres como Keller y sus guerreros (no podemos calificar de soldados, en el sentido usual de la palabra, a los singulares especímenes reunidos en torno suyo y que formaban la Centuria “La Disperata”). D’Annunzio y sus legionarios se resistían a aceptar un fin tan prosaico para una aventura tan fascinante. Aunque el pueblo de Fiume votara –como en efecto votó- a favor del acuerdo, el Comandante se negó a aceptarlo y a finales de diciembre se suspendían todas las negociaciones con Roma y con Badoglio.

[1] Son opiniones de G. Barbieri Squarotti, recogidas por Juan Arias, en “El País”, 2.3.1988.

[2] En 1988, con ocasión del primer centenario de la muerte de Gabriele D’Annunzio.

[3] No es éste un artículo donde se pretenda estudiar la obra literaria de Gabriele D’Annunzio, pero resulta imprescindible, para una adecuada comprensión de su figura, reseñar sucintamente sus libros.

En poesía sus principales títulos son “Primo Vere” (1878), “Canto Nuovo” (1882), “Intermezzo di Rime” (1883), “La Chimera” (1885-1888), “Elegie Romane”(1887-1891), “Odi Navali” (1891-1893), “Poema Paradisíaco” (1893) y, sobre todas ellas, “Laudi del Cielo, del mare, della terra e degli Eroi” (1902-1912).

En el capítulo de teatro destacan “La Citta morta” (1898), “La Gioconda” (1899), “Francesca de Rimini” (1902), “La Nave” (1908) y “Fedra” (1909).

La novela fue el género de otras obras: “Il piacere” (1889), “Giovani Episcopo”(1892), “L’innocente” (1893), “Il triunfo della morte” (1880-1894), “Le vergini delle rocce” (1894) e “Il fuoco” (1899).

Escribió también en francés, con títilos como “La Pisanelle” y –sobre todo- la obra de teatro “Le martyre de Saint-Sebastien”. Otros libros suyos son “Per la Morte di Carducci” (1907), “La Leda senza cigno” (1916), “Notturno” (1921), “Il venturiere senza aventura” (1924), “Il sudore di sangue” (1931)… Sus discursos a favor de la causa fiumana y los pronunciados en la ciudad dálmata están recogidos en “Il livro ascetico della Giovane Italia” (1926).

[4] F. T. Marinetti, “Manifiestos y textos futuristas” Ediciones del Cotal, Barcelona, 1978. Cfr. pág. 62.

[5] Ver mi artículo “Sergio Panunzio”REVISION, vol. III, nº 1.

[6] El nombre de “Oración de Quarto” deriva del lugar desde donde, en 1860, Garibaldi partió con sus “camisas rojas” hacia la conquista de Sicilia

[7] Las arengas intervencionistas de D’Annunzio aparecen recopiladas en “Per piu grande Italia; Orazione e Messagi”, 1915

[8] La paz entre los imperios centrales y las potencias aliadas se realizó gracias a una serie de tratados negociados y firmados en distintas localidades de los alrededores de París: Versalles (con Alemania), Saint-Germain (con Austria), Neuilly (con Bulgaria), Trianon (con Hungría) y Sèvres (con Turquía).

[9] El caso de los italianos Sacco y Vanzetti fue mucho más que un ejemplo de error judicial. Acusados, juzgados y ejecutados por un delito que no habían cometido, su caso reveló la xenofobia latente en los países anglosajones contra los hombres de origen latino.

[10] Micahel A. Ledeen, D’Annunzio a Fiume, Edizioni Laterza, Roma, 1975.

[11] Esta alusión resulta difícilmente comprensible sin conocer una peculiaridad del símbolo heráldico de la ciudad de Venecia, el león de San Marcos. Cuando la ciudad estaba en guerra el libro del Evangelio que el león lleva entre sus garras se representaba cerrado, mientras que cuando se halla en tiempo de paz el libro se representa abierto.

[12] Montello y Vittorio Veneto son los nombres de dos de las principales victorias italianas en la I Guerra Mundial. Rovigo es una ciudad del Veneto, en la carretera de Venecia a Bolonia. El “Victoria a ti, Marcos” es –de nuevo- una alusión al santo patrón de Venecia.

[13] Ledeen, op. cit.

[14] “Benoist-Mechin presente l’imagination au pouvoir ou la Constitution de Fiume”La Pensee Nationale, nº 9, noviembre-diciembre de 1975.

[15] Ledeen, op. cit.

[16] Guillaume de Ferette, “Autopsie d’un itinéraire politique: Gabrielle d’AnnuzioDéfense de l’Occident, nº 138 y nº 139 (marzo y junio de 1976).

[17] Ledeen, op. cit.

[18] Alusión al “Programa de los 14 puntos” del presidente Woodrow Wilson, donde se definían los objetivos norteamericanos para la postguerra.

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