LOS ANTICASTRISTAS BIPOLARES.

Por Esteban Fernández

La pregunta clave que se hacen los anticastristas deseosos de ver a Cuba libre es “¿Qué hacer, como podemos ayudar?”

Debemos partir de lograr una gran virtud de la cual carecemos la mayoría de los cubanos: LA ECUANIMIDAD. La ecuanimidad es un estado sicológico que no nos permite ser perturbados por emociones u otros fenómenos que perjudiquen nuestra mente. Nosotros necesitamos  y debemos mantenernos siempre tranquilos, sin que la emotividad nuble nuestros movimientos.

La “bipolaridad política” ha perjudicado enormemente nuestro proceder y nuestras posibilidades de triunfo. “Bipolar político” es todo aquel que salta del optimismo injustificado al pesimismo rampante. Ambas actitudes son dañinas y muchas veces promovidas por el enemigo.

Personalmente yo puedo descubrir a los “anticastristas bipolares” a través de los timbres en mi teléfono. Algo sucede en Cuba, en Venezuela o en el exilio, y recibo cien llamadas consecutivas, se trata de montones de compatriotas emocionados y optimistas por equis motivos, por acciones que obviamente no iban a derrocar a la tiranía castrista ni tumbar a Maduro, pero desborda el optimismo.

De pronto, viene el silencio, el timbre del teléfono no suena, cunde el derrotismo, y hay que esperar tranquilamente a que otro acontecimiento levante momentáneamente la moral de los bipolares.

Créanme, porque yo estaba ahí, que durante las etapas del Plan Torriente y del J.U.R.E de Manolo Ray, conocí a muchos prácticamente preparando las maletas para regresar a la Isla libre.  Mientras tanto, yo – emocionado e inocentemente también- con un rifle en mis manos durante el Jure, y jefe del reclutamiento durante el Plan Torriente en California. Esa fue en la época en que yo aprendí que la emotividad muy bien pudo costarme la vida.

Como ustedes bien saben tras el fracaso de ambos esfuerzos al 90 por ciento de los emocionados militantes no pudimos verlos más ni en los centros espirituales.

La posición correctísima debe ser: estar alertas, atacar en todos los frentes al castrismo y al intento socialista en América, convertir en trincheras cada periódico, cada blog, cada página nuestra en Facebook, y evitar por todos los medios que un solo centavo vaya de sus bolsillos a las arcas del enemigo.

No dejarse llevar por “cantos de sirena”, ni cooperar con ninguna gestión que de antemano usted sabe que no va a ningún lado y que está encaminada a desilusionarnos por completo.

Llega la hora (desde hace mucho rato, creo yo) en que dejemos de ser optimistas y pesimistas para convertirnos en realistas.

Y todos los días repetir -como lo hago yo- 20 veces: “Pase lo que pase con respecto a Cuba y a mi país adoptivo -bueno o malo, positivo o negativo- aquí EL ÚLTIMO QUE ABANDONA ESTA GESTIÓN SOY YO”.

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