LOS HEROES ESTÁN FATIGADOS: DEL EXILIO HISTÓRICO AL FOLKLÓRICO.

Por, Dr. Santiago Cárdenas- Especial y en primicia para Nuevo Acción

Asistimos a la muerte lenta  de los héroes. Están más que fatigados: acabados. La  biología, el paso de los años y la involución, doblegaron  a los robles. La demencia   es patente. Ni una sola propuesta política viable en muchos años y el poco caso que en  la isla  generamos son la mejor prueba  de la nadiedad. Primero fueron los largos decenios del anodino impasse luego de la muerte de Mas Canosa;  luego   la mordida del anzuelo envenenado del pacifismo a ultranza. Ahí están los resultados.

Nada de esto desmerita la sangre, el sudor y las lágrimas de varias generaciones de cubanos  patriotas anónimos que  dejaron una impronta indeleble (una deuda nunca saldada) en la historia con mayúscula de la Patria.

Liquidados y fuera del juego político, insensiblemente, inconscientemente, hemos  ido buscando  el  acomodo en sucedáneos pacíficos y folklóricos que hacen las delicias de la  involución cubana que ya no es retada desde el exterior. No molestamos. Nos hemos convertido en un exilio cultural. Los otroras  “duros”  mueven a compasión  con sus desayunos, memoriales, conferencias, peñas, lanzamientos, bloges, selfies, homenajes, publicaciones y un etcétera largo que no voy a mencionar porque no estará exento de cierta crueldad.

No. No es “culpa” de nadie. La falta de creatividad y de energía son propias de la senectud. Pero, lo importante: el meollo del asunto sigue siendo válido: van, vamos, a morir como buenos y de cara al sol. Con la alegría del deber cumplido.

La jubilación colectiva y los santos óleos deberían  administrarse sin demora al exilio “coherente”, antiguamente  llamado  histórico, derechista, intransigente, reaccionario, combativo……….. Su coherencia  continuará siendo válida  si pudiera pasar el batón simbólico, sin sobresaltos, a las nuevas generaciones que van entendiendo mejor las actuales circunstancias y las maneras más  inteligentes de afrontarlas.

Estos pinos nuevos fueron mencionados en un artículo precedente de este autor, sin  la más mínima intención de hacer un juicio de valor de alguno de ellos, ni de todos  como un  conjunto. Rosa Payá, Orlando Gutiérrez, Lilo Vilaplana y Marcell Felipe forman un  cuadrilátero  de notable posibilidades. Y no son los únicos.

El exilio coherente debería tenerlos muy en cuenta en el traspaso, sin fanfarrias, de  nuestras  responsabilidades hacia otra generación. Repito con candor, que no es mi intención  calificar  a algunos de los mencionados anteriormente. Sé muy bien  que  los juicios  de valor sobre los líderes son inevitables y pronto  comenzarán los murmullos. Pero, sigo siendo optimista; confío en las nuevas generaciones y conozco que el optimismo es más contagioso que el flú.

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