LOS QUE SE FUERON Y LOS QUE SE QUEDARON

Por Vicente P. Escobal- Especial para Nuevo Acción

¿Hacia dónde marcha Cuba? ¿Qué puede esperarles a los cubanos de la isla luego del sarcástico cambio de mando – más cosmético que real – y la aprobación de una constitución plagada de ambigüedades jurídicas y un sinnúmero de arbitrariedades que sólo servirán para echar fuego en la hoguera de ingenuos, hipócritas y farsantes? ¿Tiene objetivamente el sistema implantado a los cubanos a puro porrazo la capacidad y la habilidad de satisfacer todos los anhelos de los nacidos en la isla, especialmente la libertad?

La dictadura cubana celebrará sus sesenta y un  aniversario de anarquía, catástrofe y muerte. Más de seis décadas donde la incapacidad del régimen para enfrentar los grandes desafíos nacionales, la ausencia de instituciones sólidas con compromisos reales con la sociedad y el fracaso de un proyecto irresponsable y aventurero, conforman un escenario donde el desastre está garantizado.

¿Es inocente, acaso, el pueblo de Cuba?  ¿Hasta dónde llega el nivel de su responsabilidad? ¿Han sido consecuentes con la historia las últimas generaciones de cubanos?

Los cubanos del exilio – “los que se fueron” – reciben toda suerte de epítetos ofensivos y degradantes, acusándolos de no haber enfrentado la dictadura, de haber huido, de no ofrecer la más mínima resistencia.

¿Y qué han hecho “los que se quedaron”? La mayoría de los que se quedaron, lo único que han hecho es fortalecer a la dictadura, brindarle su apoyo, aplaudir como animalitos amaestrados y apoyar cualquier barbaridad que incluso comprometa sus más legítimos intereses. No conozco un pueblo en la región que haya soportado más humillaciones, más escarnio y más iniquidades que el cubano. Un pueblo que pidió paredón para sus compatriotas inocentes, un pueblo que se ha resignado a alimentarse de migajas, un pueblo convertido en parásito cuya existencia depende de las remesas que paradójicamente le envían los que se fueron. Un pueblo que ha aceptado como legítimo que sus hijas se prostituyan por bagatelas. Un pueblo al que le robaron sus propiedades y comprometieron su dignidad.

Los que se quedaron oyeron decir tantas veces que el socialismo es sinónimo de democracia que lo creyeron sin percatarse que aquel sistema controla el poder político y económico, la cultura y hasta las costumbres, proclama las leyes y las aplica a su antojo y cuando se producen pálidos atisbos de presiones sociales y el aparato “legal” no es suficiente para entrar por el aro a los protestantes, entonces aparecen el palo y el garrote. Lo imperdonable es que son las masas fanatizadas las encargadas de perpetuar y reforzar el sistema, rindiéndose ante él.

Dice un viejo refrán que “el esclavo hace al amo”, y lamentablemente la mayoría de los cubanos de la isla han otorgado una trágica realidad a esa sentencia.  No se trata, bueno es subrayarlo, de un pueblo sin historia, sin cultura, sin hombres y mujeres que lo dieron todo, incluso la vida, por resguardar la libertad y la decencia.

Y un vistazo retrospectivo a los últimos sesenta y un años impone una conclusión sobrecogedora: Cuba ha vivido estas seis décadas bajo una colosal tragedia de principios, de dignidad, de ética y de valores. Suele decirse que el hambre no genera estallidos sociales y que las masas hambrientas solamente aspiran a saciar su apetito o a huir. ¿Se ha verificado en Cuba esta degradante realidad?

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