LUISA ORTEGA, LA VERSIÓN VENEZOLANA DE JOSÉ ABRANTES

Por, Jorge Riopedre

El Ministro del Interior de Cuba, José Abrantes, condenado a veinte años de prisión en conexión con el caso del Gen. Arnaldo Ochoa, murió en 1991 a causa de un conveniente paro cardiaco que selló para siempre el dossier de Fidel y Raúl Castro en el tráfico de drogas e incontables operaciones financieras reveladas más tarde por el ex agente de inteligencia Florentino Aspillaga.

Con el fusilamiento de Ochoa y de la Guardia los Castro le entregaron a Estados las cabezas de los presuntos culpable; con la discreta liquidación de Abrantes le birlaron a Washington la pistola humeante que ellos buscaban.

La ex fiscal venezolana, Luisa Ortega, tiene un potencial cercano a Abrantes, el sujeto que entregó su alma a la figura dantesca de una especie temible para el futuro de la humanidad, pero afortunadamente ella tropezó en su caso con una marioneta opaca e insípida carente de una maldad que a menudo se califica de diabólica. En Cuba, la abierta oposición de Ortega le habría llevado a prisión pero, paradójicamente, en la Venezuela que aún permanece bajo la constitución de 1999, los asesores cubanos se abstuvieron de violentar la institución. Ya la harían piltrafa cuando se aprobara la nueva directiva dictatorial. Ese fue el error.

No es la primera vez que se equivocan. Perdieron Chile por aplicar razonamientos tropicales a un ejército prusiano; desataron en Centro y Suramérica una guerra urbana y guerrillera que provocó la llamada guerra sucia, una calculada violencia armada financiada por elementos comunistas con el fin de sacrificar a miles de civiles en aras

del objetivo de conquista cubano-soviético. De esa derrota definitiva surge el Foro de Sao Paulo, convergencia de narcoguerrillas y toda clase de malcontentos para llegar al poder por la vía democrática y cambiar las reglas del juego.

Cuando se escriba la historia de este proceso (los veteranos siempre contemplamos un margen de error), el nombre de Luisa Ortega será recordado como la funcionaria de más alto nivel abrumada por la información de corrupción gubernamental que dio la voz de alarma y asumió su responsabilidad como testigo. Habrá que reconocer que ella

fue más inteligente que Leopoldo López y Antonio Ledesma, líderes venezolanos que pasaron por alto lo que sucedió al comandante Huber Matos en Cuba cuando éste cometió el error de contradecir al Big Brother.

Por más jugosas que puedan ser las pruebas de corrupción del estado venezolano que aporte la Sra. Ortega, yo soy escéptico acerca de los resultados. Permítaseme un razonamiento al margen.

Estados Unidos cuenta con cámaras en el cielo, cámaras en Colombia, cámaras hasta debajo de las piedras, por exagerar un poco. Cómo alguien puede decirnos que no sabe lo que ocurre en Venezuela después de 15 años de chavismo. ¡Misterios de la política exterior!

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