MENSAJE A UN BRIBÓN

Por Vicente P. Escobal-Especial para Nuevo Acción

Empecemos por el principio. ¿Sabe usted que se dice de las personas que ocupan cargos de servicio público sin que se hayan sometido al escrutinio popular? Los denominan   usurpadores y bribones. ¿Se siente usted aludido ante estos adjetivos?

El régimen que usted encabeza por obra y gracia de la cobardía de un sector de la sociedad cubana lo único que ha hecho es sembrar el odio, la frustración y la desesperanza. A ustedes, en especial a usted, la gente no los apoya, solo le teme y detesta porque durante sesenta larguísimos años lo único que han hecho es amedrentar a la sociedad, someterla a sus caprichos y prometerle lo inalcanzable.

¿Sabía usted que la política se asemeja más a una partida de ajedrez que a un certamen de boxeo? Ustedes han querido convertir a Cuba en el lugar donde las diferencias políticas se solventan a porrazo limpio y las opiniones que desbordan el marco oficial solo merecen degradación y descalificación.

Asi no se gobierna, señor Díaz Canel, asi no se gobierna. Un gobierno, cuando es legítimo, debe estar formado por personas honorables, capaces de asimilar civilizadamente las críticas y los cuestionamientos, y no encerrar en la cárcel a quienes se le oponen.

Usted nació el 20 de abril de 1960, un año fatídico para los cubanos. Para esa fecha el régimen que hoy usted capitanea ya había pasado por las armas, es decir había asesinado a centenares de cubanos y a otros tanto los había enviado a la cárcel por haber tratado de ejercer el humano derecho al disentimiento. Algunos lo hicieron desde las páginas de un diario, un programa de televisión o una estación de radio. Otros optaron por el camino de las armas, muchos de ellos reeditando sus acciones como miembros del Ejército Rebelde o del Movimiento 26 de Julio porque solo conocían el camino de la rebelión, de la violencia, de las armas.

También por esa fecha muchos cubanos fueron despojados arbitrariamente de sus propiedades alcanzadas a base de esfuerzo, sacrificio y responsabilidad. Ese fue el inicio del desastre en el terreno de la economía.

Su situación es patética, señor Díaz Canel. Usted se asemeja más a un robot que a un auténtico gobernante. Usted no decide nada, usted está ahí porque ha sido sumiso, obediente, incondicional. Está ahí porque ha sabido interpretar el guion que le impusieron.

El régimen que usted encabeza no tiene una ideología definida. Ustedes no son socialistas ni comunistas ni anarquistas ni nada. Ustedes son una caterva de pillos aferrados a los privilegios, al disfrute de los deleites del poder. Y nada más. Ustedes no tienen un programa de gobierno. Lo de ustedes es la improvisación, la mediocridad, y el aventurerismo. Y, si acaso, mucha bulla, mucha televisión y mucho maquillaje.

En las naciones civilizadas y apegadas a derecho, las diferencias políticas e ideológicas se dirimen en el parlamento, identificado como «el órgano político encargado de elaborar, reformar y aprobar las leyes, constituido por una o dos cámaras, cuyos miembros son elegidos por los ciudadanos con derecho a voto, y que está regulado, generalmente, por la constitución».

El cubano de hoy día anda con los nervios de punta, esperando siempre lo peor. La vida le resulta incómoda y difícil, la burocracia abrumadora y la represión un fenómeno cotidiano.  Se sienten humillados de no poder satisfacer sus necesidades más elementales y se lanzan a transitar por el camino de la criminalidad.

El régimen que usted encabeza es intolerante, cobarde, abusivo, represivo y cruel. Se ensaña con sus oponentes, los maltrata, los expulsa de sus empleos, los encierra en prisión o los obliga a emigrar. ¿Qué impresión le producen esas escenas donde mujeres cubanas son arrastradas, golpeadas y humilladas? Son tan mujeres como su madre o su esposa. Son cubanas y les ampara el humano derecho de protestar, de exigir pacíficamente reivindicaciones, de quejarse, de clamar y reclamar justicia, el mismo derecho que asiste a las venezolanas, las nicaragüenses, las bolivianas o las argentinas.

La sociedad cubana tiene mucho más de pérdidas que de conquistas. Ustedes la han envilecido, la han situado en una encrucijada donde las opciones son clarísimas: adaptarse dócilmente, censurar en privado lo que públicamente se aprueba o emigrar. Una sociedad de simuladores jamás alcanzará el pleno ejercicio de la soberanía, la libertad y la independencia. La simulación es el parapeto de los cautivos, la última trinchera de los derrotados.

Sus principales enemigos, señor Díaz Canel, no son las medidas implementadas por Estados Unidos ni las presuntas conspiraciones urdidas por quienes ustedes llaman la mafia de Miami. No, señor, sus principales enemigos son ustedes mismos y por añadidura ese pueblo sumido en esa paradójica mezcla propia de las sociedades esclavizadas, es decir la frustración y la esperanza.

¿A usted no se le zarandea la conciencia cuándo corrobora que centenares de jóvenes cubanos perdieron sus vidas en África y miles de latinoamericanos sufrieron los horrores del terrorismo auspiciado por la ofuscación y la irresponsabilidad de su antecesor? Ese régimen intolerante que odia, que desprecia, que margina, que maltrata ¿es, acaso, el que soñaron nuestros padres fundadores?

Antes de finalizar debo advertirle lo siguiente: la historia es implacable, ese pueblo que hoy aplaude mañana puede lanzar piedras, ese pueblo que hoy aparenta una incondicionalidad que no ejercita, mañana puede revelarse como leones exigiendo libertad, justicia, pan.

Y cuando ese día llegue, señor Díaz Canel, no habrá misericordia y los que hoy le sonríen a su paso y le aplauden y lo halagan con empalagosos calificativos, mañana pueden aborrecerlo. Porque, grábelo en su retorcida conciencia:  la historia no absuelve a los canallas.

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