MENSAJE DE UN EMPECINADO OPTIMISTA

Foto: Comienzo de amanecer en Cuba

Por Aldo Rosado-Tuero

Con dolor, tristeza y aprensión he venido observando como excelentes cubanos y cubanas, que han sido paladines de la lucha contra la tiranía castrista, muestran un pesimismo tremendo y consideran que ya en Cuba no hay nada que hacer.

Aducen estos buenos cubanos que la inmensa mayoría de los cubanos  actualmente no militan, ni participan en los avatares de la lucha contra los opresores de nuestro pueblo, pero resulta de que no se han percatado de que ha sido siempre así, en toda la historia de nuestra patria, desde las guerras independentistas hasta la puja por derribar al castro comunismo.

En el clandestinaje de los primeros años solo participamos activamente una minoría; a los reclutamientos de lo que después sería La Brigada 2506, no se presentaron más de tres mil cubanos; cuando se llamó a integrar las Unidades Cubanas del Ejército Norteamericano—a pesar de que ya en el exilio existían millares de hombres comprendidos en la edad de presentarse como voluntarios—no llegamos a cuatro mil los que nos presentamos y nos incorporamos.

Lo mismo ocurre ahora, solo que somos más y se vislumbra mejor, la gran apatía, los llamados ninis (ni una cosa ni la otra) y los indiferentes y los que aguardan para ver de qué lado va la corriente, pero estoy seguro que en las juventudes cubanas—tan desconocedoras de nuestra historia y tan engañadas por la propaganda comunista—existe latente un minoritario segmento, que si se les llama con hechos a una resistencia activa y militante y se les demuestra que existen líderes dispuestos al sacrificio, responderán.

Toda guerra es triste. Pero mucho más triste, si cabe, una guerra entre hermanos.  Los milicianos de entonces tuvieron al menos el valor y el coraje de defender con las armas las ideas en las que creían. Y nos enfrentamos y combatimos los fanáticos de los dos bandos, los que sólo podíamos luchar sin cuartel. Los que forzosamente teníamos que ser eliminados con el triunfo del adversario.

Mientras la gran mayoría indiferente permanecía en sus casas, los que creíamos en algo nos lanzamos a la lucha para garantizar la victoria del bando en que creíamos y las ideas que comulgábamos.

Es hora de hablar con la verdad en la boca. Hay que criticar duramente la cobarde pasividad burguesa de quienes se quedaron tranquilamente en sus casas mientras se resolvía a tiros el futuro de Cuba. Cuando la Patria se parte en dos, los que permanecen en la cerca deberían de ser escarnecidos.

Para ellos, para los indiferentes ante la tragedia patria, se debía reservar no  odio pero si un desprecio mayor que para el enemigo combatiente,  porque el 90 % de los indiferentes y apolíticos tienen la voluntad de venderse al asqueroso dinero con que se hacen los mercenarios.

Porque en los primeros años de dura lucha armada contra la incipiente tiranía castrista, unos pocos salimos y otros muchísimos no. Mientras unos nos jugábamos el pellejo ante el peligroso enemigo, los eternos indiferentes que solo protestaban cuando les “pisaban el callo” nos lanzaban rosas “desde el cielo de su indiferencia” o de su cobardía. Como bien ha escrito Rafael García Serrano en una de sus novelas: Bien limpia la chaqueta, entonada la corbata y lustrosos los zapatos, veían pasar la Patria en mangas de camisa, ronca y brava, un poco callejera para su británica elegancia”.

Y hoy como ayer, los aprovechados, los eternos indiferentes que confunden patriotismo con política, adjuran del deber y se declaran pacifistas y se conforman con dar migajas a los que se declaran anti violencia y “apoyan” a los rencorosos, los aprovechados, los mariquitas y agentes encubiertos de la tiranía; nos vetan a los que proclamamos que la patria se libera solo por la fuerza de las armas o con un violento alzamiento popular.

Pero ante el descorazonante  panorama que desanima a tantos buenos patriotas, yo sigo empecinadamente, creyendo en las fuerzas telúricas de la nación cubana, convencido de que las grandes causas las impulsan siempre las minorías inasequibles al desaliento, que han más temprano que tarde, dar muestras de que no todo está perdido y que la patria resurgirá, como mítica Ave Fénix  de las cenizas del incendio destructor del maldito castrismo.

Así pues, exhorto a estos buenos patriotas, un tanto descorazonados, a levantar los ánimos y ayudar a devolver la fe, tan necesaria para lograr la recuperación de la patria.

Un Comentario sobre “MENSAJE DE UN EMPECINADO OPTIMISTA

  1. Así ha sido durante estas seis interminables décadas,el tirano se encargó de meter el terror en cada poro de los hermanos de piel fina pero también es cierto a muchos nos curtió la piel y el alma a tal punto que no pensamos en nuestros hijos y fa.para luchar por la Libertad de Cuba!Agradezco a Dios nuestro Señor.y como soy muy optimista,se que nuestro pueblo volverá a conocer de los valores de todos nuestros hermanos que llevan en si el decoro de todos los cubanos,amen

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