MÉXICO, PUNTA DE LANZA DE LOS ISLAMITAS Y COMUNISTAS PARA SEMBRAR EL CAOS EN EE.UU. Y ANIQUILAR LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

Por, Charlton W. Bradford/Especial para Alerta Digital

Cuando Donald Trump anunció su proyecto de construir un muro de separación entre EE.UU. y México millones de voces airadas se levantaron en su contra en todo el orbe. Desde fascista a nazi, pasando por loco y dictador, los sempiternos defensores de los oprimidos por el capitalismo y el imperialismo yanqui le dedicaron todo tipo de descalificativos al recién nombrado presidente de Estados Unidos.

Quizás con lo que vamos a exponer podemos comprender la razón de ese proyecto y seamos capaces de entender lo que está sucediendo –y lo que es peor– lo que va a suceder en muy poco tiempo en todo Occidente y en especial en Estados Unidos.

Desde hace tiempo, casi coincidiendo con la desaparición de la Unión Soviética, se está librando en todo el planeta Tierra la III Guerra Mundial, una guerra que por no responder a los parámetros bajo los que desarrollaron las dos anteriores, la población mundial no es capaz de darse cuenta de lo que está sucediendo.

Esta III Guerra Mundial ha sido declarada contra Occidente por los enemigos que han jurado acabar con el modelo de civilización que ha imperado en los últimos quinientos años y que nos ha permitido alcanzar los grados de bienestar y desarrollo de los que millones de personas disfrutan en todo el mundo. Bien es cierto que aún nos encontramos lejos de conseguir vencer la pobreza y miseria que invaden a grandes sectores de la población mundial, pero es innegable que gracias a los avances científicos, culturales, industriales y tecnológicos, nuestra sociedad se ha situado en niveles impensables hace poco más de cien años.

Guiados por el resentimiento y la frustración, tanto el fundamentalismo islámico como el comunismo de nuevo cuño han suscrito una alianza anti natura no escrita para aniquilar la civilización occidental e implantar sus dogmas en todos aquellos países que han demostrado en el último siglo una admirable capacidad de desarrollo en todos los ámbitos.

Si miramos al fundamentalismo islámico lo primero que advertimos es que sus estructuras sociales y religiosas basadas en arcaicas y medievales ideas incompatibles con el devenir de los acontecimientos no han sido capaces de llevar a sus pueblos las libertades civiles y derechos sociales que se han alcanzado en Occidente.

Si miramos al comunismo de nuevo cuño, advertimos que sigue siendo el mismo comunismo viejo, destartalado, fracasado e inútil que sumió a los países de Europa del Este, liderados por la extinta Unión Soviética, en un experimento económico y social que colapsó bajo la batuta de una Economía de Dirección Central Planificada que sembró de pobreza y miseria las sociedades en las que rigió su tiranía, tal como hoy PODEMOS ver en Cuba, Venezuela y Corea del Norte.

En pleno dominio del Imperio británico en India, a finales del siglo XIX, Rudyard Kipling en su maravillosa obra “KIM” reflejó magníficamente las intrigas políticas llevadas a cabo por los independentistas para conseguir zafarse de la dominación inglesa, todo ello dentro de lo que el autor denominaba El Gran Juego.

En nuestros días ese Gran Juego es el que encontramos flotando sobre el escenario de la III Guerra Mundial, una confrontación tremenda en la que ya no se dan las grandes batallas al uso como las que la humanidad conoció en el pasado, sino a través del terrorismo, la economía, las operaciones bursátiles y las revoluciones sociales.

Los protagonistas en El Gran Juego, algunos de ellos involuntarios, son los siguientes: Estados Unidos de América, indiscutible adalid de Occidente. Europa, sobre todo a raíz de la constitución de la Unión Europea. China, como incontenible gigante financiero e industrial e indiscutible campeón tecnológico y científico, Rusia, majestuosamente surgida a partir de las cenizas de la Unión Soviética bajo el liderazgo del gran Zar Vladimir Putin, el fundamentalismo islámico y, finalmente, el comunismo de nuevo cuño.

Es preciso señalar que dentro del Gran Juego, los dos últimos intervinientes, esto es, el fundamentalismo islámico y el comunismo de nuevo cuño, lo hacen unidos en medio de un idilio que los segundos creen que durará por mucho tiempo, ignorantes de que llegado el caso de que alcanzasen su objetivo primordial, cual es la destrucción de Occidente, sus socios teocráticos los aniquilarían de manera fulminante dada su condición de ateos que niegan la existencia del único Dios, es decir, de Alá.

En los últimos años hemos visto cómo en Occidente, y en concreto en España, el movimiento PODEMOS (encarnación del comunismo de nuevo cuño) ha intentado, hasta ahora sin éxito, el asalto al Poder, en su afán de destruir las estructuras que han constituido la argamasa de la clase media. Así mismo, se ha comprobado que la financiación de PODEMOS ha procedido de Venezuela (república comunista amamantada a los pechos de la castrista Cuba) y de la República Ayatolá de Irán, a su vez respaldada por las monarquías teocráticas de los emiratos del Golfo Pérsico.

Tras esta introducción, centrémonos en el asunto que nos ocupa y que no es otro que el momento crucial al que se va a enfrentar Occidente en su conjunto y Estados Unidos en particular, en el plazo de unos pocos meses.

Es labor innata a su naturaleza el que las agencias de inteligencia de todos los países realicen actividades prospectivas de futuro al objeto de plantearse situaciones de hecho que se darán en el futuro, adelantándose así a los acontecimientos y teniendo previsto para ello planes de contingencia. Sus análisis nada tienen que ver con los propios de la opinión pública, que se basan en los datos que los medios de comunicación transmiten a diario, operando dichas agencias de inteligencia con datos que el ciudadano de a pie todavía no conoce y ni siquiera imagina.

Lo anterior está relacionado con el anuncio que en su día realizó el presidente Trump en relación con la construcción del muro divisorio con México. Cuando Donald Trump dio a conocer su proyecto no estaba en disposición de revelar las verdaderas razones que lo impulsaban a llevar a cabo tan gigantesca tarea, aludiendo para ello a motivaciones de derecho común en aras de preservar la seguridad de los ciudadanos norteamericanos.

La realidad, sin embargo, es muy distinta. El 1 de julio de 2018 se llevarán a cabo en México elecciones federales en las que se eligirán los cargos fundamentales para el Gobierno de esa nación, desde la Presidencia de la República hasta los miembros de las cámaras legislativas.

Esas elecciones se celebrarán en medio de un clima social de absoluta desesperanza en niveles fundamentales para el futuro de una nación, como es el caso de la economía, la seguridad ciudadana, la lucha contra la corrupción, la confianza de la inversión extranjera en el país, las políticas de mejora social y de fortalecimiento y crecimiento de la clase media.

A las elecciones federales del 1 de julio de 2018 el Gobierno de Peña Nieto llega completamente desorientado por el brutal impacto que en todos los órdenes sociales del país supone el poder y presencia de los cárteles del narcotráfico, causantes de una criminalidad brutal que ahuyenta a la inversión extranjera, incrementa exponencialmente la evasión de capitales, dispara alarmantemente los índices de corrupción y sume a la nación en un ambiente de frustración e incertidumbre.

Con una población de alrededor de 130 millones (difícil de evaluar con exactitud dadas las dificultades para contar con un censo fiable) y si bien conforme a los criterios evaluativos de la UNESCO, con un índice de un 4% de analfabetismo, lo cierto es que hoy por hoy se puede considerar que cerca de un 50% de la población mexicana es analfabeta funcional; es decir, que sabiendo leer y escribir, sin embargo es incapaz de arbitrar adecuadamente sus conocimientos lectivos y caligráficos en orden de expresar sus opiniones y conocimientos y de recibir y procesar las informaciones que recibe del exterior.

En medio de un clima de inseguridad ciudadana (en 2017 se han producido 24.000 asesinatos y 33.000 desaparecidos, que coloca a México en el grupo de diez países más violentos del mundo, solamente superado por Siria, Afganistán, Somalia, Irak y Nigeria), y en un ambiente de desesperanza social y una impresionante incertidumbre económica, el 1 de julio de 2018 se celebrarán las elecciones federales para la renovación de los cargos fundamentales en el gobierno de la República.

Es aquí cuando en medio de esa desesperanza surge, por tercera vez, Andrés Manuel López Obrador, más conocido en su acróstico como AMLO, al frente del partido Movimiento para la Regeneración Nacional (MORENA).

Hoy por hoy, AMLO representa para millones de mexicanos desheredados de la tierra, desencantados con los tradicionales partidos PRI y PAN y resignados testigos de la ola de criminalidad que azota el país, la ilusión por el cambio que necesita esa nación.

A la vista del recorrido político de AMLO, de su programa ideológico y de que antes de llegar al Poder, haya sido ya cuestionado en cuanto a que la financiación le llega directamente de Venezuela y Rusia, todo hace pensar que, llegado el momento de alcanzar el gobierno de las instituciones de la república, nos encontraríamos con una sucursal de la Revolución Bolivariana a las puertas de EE.UU.

Considerando que EE.UU. tiene más de 3.000 kilómetros de frontera física con México, una vez que AMLO se instale en la residenciapresidencial de Los Pinos, es lógico el temor a que miles de agentes encubiertos venezolanos y castristas, junto a correligionarios iraníes y todo tipo de elementos fundamentalistas islámicos, circulen libremente por todo el territorio mexicano y creando toda clase de células activistas desde las que llevar a cabo acciones en contra del vecino del Norte.

Aunque ni China ni Rusia están interesadas en volver al comunismo tradicional, ven con buenos ojos el debilitamiento de las estructuras económicas, financieras, científicas y tecnológicas de Estados Unidos.

Por todo ello, en los próximos meses habrá que estar muy atento a lo que suceda en México. Es lógico por consiguiente que el presidente Trump tome medidas orientadas a preservar la seguridad de suscompatriotas. Ese debería ser el principal objetivo de cualquier gobernante, máxime si se comparte fronteras con un país que tiene todas las trazas de convertirse en un polvorín.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15