MI “FAN CLUB”

por Esteban Fernández

Al cumplirse 50 años de haber sido fundado el glorioso semanario “20 de Mayo” por el inolvidable Abel Pérez quiero recordar jocosamente a mi “fan club” de aquella época.

Todos los jueves Antonio Rotella y yo íbamos a dejar el periódico en el Camagüey Market de Culver City. Allí, invariablemente, estaban esperándonos dos señoras, eran tremendas simpatizantes mías, me admiraban, y siempre Rotella me decía: “¡Mira, ahí están  tus mejores fanáticas!”

Pero un día en broma les digo: “Hola amigas, deseo informarles que de ahora en lo adelante el periódico lo vamos a vender a 25 centavos”. Pa’que fue aquello, ahí mismo se disolvió mi fan club, me metieron tremenda descarga, y airadas casi me gritaban: “Tú estás loco, nosotros desde hace un siglo recogemos aquí gratis el 20 de Mayo, y en un final ya tus columnas no están tan buenas como antes, voy a llamar a Abel para decirle que tú estás haciendo negocio, y tratando de hacerte rico con el semanario”. Más nunca vimos de nuevo a mis dos simpatizantes.

Entro a la joyería Alamar, allí estaba su propietario Sotero Machín hablando con un cliente. Sotero le dice al señor: “Mira, este es el periodista Esteban Fernández, te lo presento”.

El hombre me mira desconfiado y responde: “Qué va, tú estás equivocado, yo conozco a Estebita desde hace muchísimo tiempo, y este no es él”.  Me sonrío y le digo: “Amigo y ¿Cuándo fue la última vez que usted vio a Estebita?” “Oh, fue mas o menos en el año 74 en una fiesta del Círculo Güinero en el Luminarias Restaurant”. Resignadamente le dije: “Oh, lo que pasa es que yo he cambiado un poco mi fisonomía desde aquel entonces”. No convencí al hombre.

Estoy con mi hija en un velorio, tranquilamente sentados dentro de una capilla en Glendale, me parte para arriba un asistente al sepelio, me increpa, me señala con el dedo índice a mi cara, mi hija se asusta, y el tipo casi me grita: “¡Oye, sale ahora mismo para el parqueo, tengo que hablar contigo inmediatamente!”

Extremadamente preocupado salgo, y ahí el hombre me suena un tremendísimo abrazo mientras me dice: “¡Coño, compadre, que ganas yo tenía de conocerte en persona, yo te leo desde que llegue de Jatibonico, deja que mi mujer se entere que ya somos amigos!”

Invito a una joven mexicana -mucho más joven que yo- al Nayarit de Izquierdo a darnos unos tragos, a un lado de la barra hay un matrimonio obviamente de cubanos, la mujer se nos acerca y le dice a mi nueva amiga: “¡Ana Julia, yo conozco a tu padre de toda la vida, y leo todos sus escritos religiosamente, pero niña que grande te has puesto, estás hecha una mujer, la última vez que te vi debes haber tenido 10 años!” y comenzó a acariciarle cariñosamente el pelo.

La mejor fue una jovencita acabada de llegar de la Isla, se me acercó en una tómbola de la Cofradía de la Caridad del Cobre y me dijo: “¿Usted es el escritor Esteban Fernández?” Le dije: “Sí, señorita”. Y me dijo: “¡No se le ocurra ir de visita a Cuba, allí te fusilan en el mismo aeropuerto, pa’que sepas!” Me viró las espaldas y desapareció, más nunca la he olvidado porque me quedé con la duda de si había sido un honesto consejo o una amenaza.

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