MI OPINIÓN

Por Carmelo Diaz Fernández 

De nuevo los pusilánimes han vuelto a la carga contra el presidente Donald Trump, desde el oscuro callejón de sus mentes, no puede ser de otra manera. Las anchas avenidas y las altas praderas no existen para ellos.

Ahora quieren reinventar aquello de que el presidente Trump tuvo amoríos con dos señoritas cuyos nombres no es necesario mencionar.

¡Cuánta cobardía en el ejemplo! A los hombres se les ataca de frente, y no con métodos bastardos e impropios.

El Sol brilla con grandioso esplendor, sin embargo, tiene manchas, los tímidos y cortos de ideas miran sus manchas y no su luz.

Quieren manchar la personalidad del presidente Trump y también su obra con comentarios inescrupulosos, tal parece que se ha convertido en algo así como comadres de cuartería que andan el día entero de brete en brete y de chisme en chismes.

Se quieren pasar de puritanos y no son más que embusteros de esquina.

Los actos personales de cualquier persona, hombre o mujer, ya sean humildes o destacados, no deben de servir de marco para atacarlos y menos a un presidente. Esa actitud es propia de personas mediocres e incapaces de combatir en ningún campo de vergüenza y honor.

La insidia y las tinieblas son las armas que utilizan en estos momentos, sólo pueden exponer algo que sí los caracteriza: la envidia.

De los Siete Pecados Capitales la envidia es el más oprobioso y dañino. El presidente Trump será elegido de nuevo porque su base tiene valor y lo apoya unánimemente.

Saben que en 2020 volverá el llanto y la desesperación, están desarmados moral y éticamente, y los canallas tratarán de inventar nuevas calumnias e insultos, cuán cobardes son, pero una vez más llorarán, llorarán, llorarán.

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