DE LOS ARCHIVOS DE NUEVO ACCIÓN: MI POSICIÓN FRENTE A LOS GRANTS

Por Aldo Rosado-Tuero

Mucho se ha tratado de tergiversar mi posición ante quienes acepten dinero que organismos y gobiernos extranjeros ponen a la disposición de quienes pidan ayuda para la lucha contra el castrato. El hecho de que haya criticado a quienes mal usan esa ayuda, ha hecho que muchos crean que yo digo que todo el que acepte una ayuda es un descarado o un estafador. Nada más lejos de la verdad.

Reconozco, y siempre lo he reconocido, que existen muchos cubanos dignos que a través de los años han recibido subvenciones para distintos trabajos en contra del castrismo, que han realizado una buena labor y no han vivido ni lucrado de esas subvenciones. No voy a mencionar nombres, porque el hecho de que no sepa de algunos u olvidara a otros nombres, haría que inmediatamente les colocara en la lista de los estafadores.

Mi crítica feroz y mi ataque continuo es a los farsantes que utilizan los dineros recibidos para su provecho personal, para asignarse sueldos que no serían capaces de ganar en el mercado laboral, para montar lujosas oficinas y viajar el mundo a costa de una causa que les interesa un comino y a la que les conviene, no triunfe nunca, pues se les acabaría la cogioca. A esos son a los que no les daré tregua nunca.

¿Quiere esto decir que he variado mi postura de siempre, que se ha caracterizado (desde el verano de 1961, que arribé a estas playas) de que yo, Aldo Rosado-Tuero, no solicita, ni acepta, subvención alguna, (llámense grants o como quieran nombrarlo) para luchar por su patria? LA RESPUESTA ES UN ABSOLUTO NO.

Sigo pensando igual y he sido fiel por casi 50 años a lo que he predicado. Vengo de una juventud que se educó en el sacrificio y jamás me pasó por la mente, que para luchar por la libertad, la democracia y el bienestar de mi pueblo, pudiera yo devengar un sueldo. Para mí–iluso soñador– eso es un deber que debe de estar instilado en el alma de cada cubano que ame a la libertad. Esos son mis valores y a ellos voy a seguir fiel hasta que me muera.

¿Pero quiere esto decir que considere que mis valores son superiores a los de otros cubanos, que creen en otras estrategias y en otras vías para lograr los mismos objetivos? CLARO QUE NO.

Como dije, yo tengo mis valores y ellos los suyos. Y ni los míos son superiores a los de ellos, y viceversa.

Yo esgrimo una tesis, que cada vez tiene menos adeptos: la de que los cubanos tenemos el potencial y podemos lograr sacudirnos el yugo por nosotros mismos y por eso la aliento con mi conducta. Otros creen honestamente–y reconozco que las circunstancias han cambiado de una forma tan radical que puedan tener razón–de que sin ayuda externa nunca lograremos acabar con el castrismo. Yo lucho y defiendo, predicando con el ejemplo, por lo que creo. Ellos también lo hacen, defendiendo sus tesis. Ni yo soy mejor que ellos por eso, ni ellos son mejores que yo por tomar otros caminos; y por lo tanto no tengo porque criticarlos, y si alguna vez no coincidimos en algo, discrepo de ellos con altura y respeto.

Ahora bien,  con los estafadores, posibles agentes del enemigo, con los ladrones, calumniadores, creadores a sabiendas de entelequias e inventores de planes fantasmas, de organismo inexistentes y de personajes e individuos falsos, cuyo solo propósito es vivir del cuento, apropiarse de los fondos destinados para un noble fin y ayudar a torpedear a los luchadores y oposicionistas de verdad, con esos sí, que ni pido ni doy tregua y haré todo lo que esté a mi alcance para arrancarlos de nuestro ambiente como se arranca a la mala yerba.

(Publicado en la edición del 11 de noviembre 11 del 2010)

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