MI VISITA A LAS DAMAS DE BLANCO

BERTASOLERLIDERDELASDAMASDEBLANCOSANTIAGOCARDENASDR.Por, Dr. Santiago Cárdenas

Las primeras horas del domingo 4 de octubre del 2015 amanecieron lluviosas mientras me acercaba  a la Habana , Cuba. “Es un celaje”, me dijo el chofer, mientras buscábamos  la iglesia de Santa Rita de Casia, en la esquina de la Quinta Avenida  y 26  en Miramar. Hacía  23 años que  había salido de  mi patria  y  cuando  regresé  dos años después para  conversar con Oswaldo Payá fui detenido en el Castillito a escasas cuadras de donde me encontraba ahora.

Eran otros tiempos, pensaba con  asombro y cierta nostalgia… En eso estaba  cuando  me acerqué al grupo de Damas  de Blanco que en el parquecito cercano a la iglesia, esperaban,como cada domingo,el inicio de la misa  de 10 y 30 am.

¿Dónde está Bertica”? preguntú cuando el celaje se convirtió en aguacero, corriendo todos para una pérgola cercana. Me abracé a una negra linda y perfumada, que no salía de su asombro, pero que  me reconoció  desde nuestro común viaje a Panamá, para la Cumbre.

Eran dos  docenas de damas sencillas, mujeres de pueblo, de a pie, a las cuales fui abrazando  una por una y dándoles un besito  en las mejillas, mientras  les susurraba al oído  alguna palabra de aliento, con mis ojos humedecidos.

El esposo de Berta comenzó a accionar una vieja cámara desechable que llevé a propósito desde Miami, mientras que me preguntaba si podía sacarme unas digitales para facebook, a lo cual accedí  gustosamente, con mi gorra y  mi camisa blanca, los colores y atributos  de la organización.

En esos momentos  cuando comencé a hablar culminé  un sueño acariciado y planeado milimétricamente desde meses, más bien años.

Sentía  que era mi deber,  que sinteticé en estas palabras  de corazón, espontáneas, tal como me brotaron en ese instante: “Vengo de otro país  a saludarlas y a acompañarlas. Desde  los EEUU  arriban  a la patria miles de cubanos cada día,   de forma  festiva y en viajes  frívolos. No se sientan solas; una mayoría silenciosa, muchas veces  sin voz, desearían hacer lo que yo estoy hacienda en estos momentos, y las admiran  mucho. En  nombre  de esos  dignos cubanos les pido que no se desanimen, que no tengan miedo y que se mantengan firmes a pesar del riesgo que asumen cada domingo. Yo no estoy afiliado  a ningún partido, ni pertenezco a algún movimiento. Este es un viaje totalmente pacífico y perfectamente legal. Conlleva riesgos y trabajos. Pero mucho tenemos en común: Una cuota de dolor patrio”

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