MIGUEL DÍAZ CANEL, LA INCÓGNITA CUBANA

En la foto; Miguel Díaz Canel (en la extrema derecha de la foto), en  giras propagandísticas auspiciada por la nomenclatura

Por, Jorge Riopedre

 Miguel Díaz-Canel está de moda. El sifón ideológico del Partido Comunista ha empezado a presentar en sociedad al presunto sucesor de Raúl Castro con chorros burbujeantes de despotismo, reminiscencia del antiguo policía que golpeaba el suelo con el bastón o el tolete en señal de advertencia.

Por lo que yo sé y el perfil que percibo, el heredero no me da la talla del gorila que la cúpula gobernante quiere vender para meter en cintura a presentes y futuros ciudadanos empeñados en pensar y hablar sin hipocresía. De eso se encargará la jauría de la Seguridad del Estado sin rostro ni nombre. Pero como el objetivo de las ciencias sociales es predecir y explicar lo que va a ocurrir, Díaz-Canel se adentra ahora en un territorio peligroso, tal vez no deseado o imaginado, por esas cosas de los imponderables o el destino, si usted prefiere dejar en manos celestiales la suerte de los hombres.

Parece indiscutible que mientras Raúl Castro viva la cuota de milagros se reduce casi a cero, digo casi porque a veces los ángeles se rebelan y nos sorprenden con la caída del Muro de Berlín o misiles nucleares soviéticos en Cuba, que nos dejan sin aliento.

Pero cuando Raúl Castro abandone este mundo dejando atrás un pueblo tan deshecho materialmente como huérfano de instituciones funcionales, alguien tendrá que llenar el vacío de una dirigencia que deja un país en ruinas. ¿Será Díaz-Canel? No voy rezar el rosario de funcionarios destituidos, encarcelados o fusilados por disentir o hacer sombra a los dueños absolutos del poder, pero partiendo siempre del precedente me pregunto si el sucesor contará con el apoyo, conocimiento y presencia de ánimo para asumir la transición.

En última instancia, no importa. Según mis cálculos, comparado con la Revolución Mexicana y la Revolución Rusa, el proceso cubano se acerca a su fin. Díaz-Canel puede pasar a la historia como un juguete de la familia Castro o como un cubano responsable que asumió no el pasado, sino el presente.

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