MIS CUATRO NEGATIVAS

ESTEBITAESTAESLABUENAHORAPor Esteban Fernández

Posiblemente la palabra más importante en casi todos los idiomas es “No”. Un “no” rotundo y contundente nos puede conducir a la pobreza con decencia mientras que a veces un “sí” nos puede llevar a la opulencia o la cárcel.

En mi caso (y yo sé que ustedes tienen las suyas) hay CUATRO NEGATIVAS que fueron y han sido trascendentales en mi vida. Y que conste que las cuatro fueron en etapas donde yo me estaba comiendo un cable.

El primer “No” fue casi recién llegado de Cuba. Comencé a trabajar en una gasolinera en la calle 8 y la 27 avenida del S.W. de Miami propiedad del compatriota Lino Menéndez que había sido dueño en Cienfuegos de los Ómnibus Menéndez.

La cuestión fue que a los 15 minutos de comenzar a trabajar unos empleados me dijeron: “Mira, la bomba que está al final la tenemos arreglada y en lugar de empezar en cero comienza en un dólar, cuando lleguen a echar gasolina algunos ancianitos despistados los envías para allá, y al final del día nos repartimos todos los dólares extras que obtengamos”

Le contesté: “¡Oh no, yo no vine de Cuba para robar en los Estados Unidos!”. Y me dijeron: “Bueno, pues si no participas no puedes trabajar aquí”.  Y -como tampoco quería ser chivato- me fui calladamente y sanseacabó el empleo que tanto necesitaba.

El segundo “No” fue cuando me dijeron: “Oye, tu amigo fulano está aquí súper cómodo, está forrado de billetes y al mismo tiempo está estudiando en la Universidad, vete a verlo y te conseguirá un buen empleo”. Efectivamente fui a su casa, me dio un abrazo y me dijo: “Bueno, lo que estoy haciendo es robando carros, si quieres te enseño a abrir y encender los automóviles y te buscas un paco de dólares”. De nuevo nos dimos un abrazo,  me despedí y no volví a verlo más nunca.  Hoy, por otros motivos, mi antiguo amigo cumple cadena perpetua.

Ya trabajando en el Liborio Market de Miami (les hablé de ese lugar en otro escrito) un empleado me dijo: “Mira, mete un montón de mercancías de valor en un cartucho, lo lanzas al zafacón de la basura que está atrás y después venimos de madrugada y nos llevamos las bolsas”.  Y ya ustedes saben lo que le dije: “¡De eso nada, consorte!”.

La última negativa fue al salir del buque madre Venus del JURE de Manolo Ray Rivero. Un par de compatriotas se me acercaron -conocedores que durante las travesías del barco Venus no me había acobardado- y me dijeron: “Socio, vamos a hacer lo mismo que ya tú sabes hacer -como rendezvous en el medio del mar- pero en lugar de armas y pertrechos de guerra para la lucha contra Castro, vamos a transportar drogas, y si logramos ir de guardaespaldas a La Guajira en Colombia nos buscamos más que trabajando un año como un burro en Florida”. Y esta vez no les dije que no, simplemente los mandé para el carajo.

Y no crean que estoy tirando alardes de honradez ni valentía. Al contrario, es parte del terror que siempre he tenido de que alguien me pueda señalar con un dedo y llamarme “bandido” primero delante de mis padres y ahora de mis hijas.

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