¡MUERA LA INTELIGENCIA!

AUTODEFERNANDOLONDONODES[UESDELATENTADOEs indudable que el atentado a Fernando Londoño lo perpetraron las Farc, cuando Enrique Santos, el hermano del presidente y su mentor, se reunía con sus cabecillas en Cuba y el mismo día en que la Cámara de Representantes se aprestaba a votar uno de los últimos debates del fementido Marco Jurídico para la Paz (En la foto: Así quedó el automóvil blindado al grado máximo (5) en el que viajaba el ex ministro Fernando Londoño)

JESUSVALLEJOMEJIAPor Jesús Vallejo Mejía-Periodismo sin fronteras

El viernes pasado, en diálogo con Fernando Londoño Hoyos a través de “La Hora de la Verdad”, me referí a varios tópicos que considero oportuno recapitular y comentar aquí.

Lo primero que tratamos fue lo concerniente a los señalamientos amenazantes de Anncol, página oficial de las Farc, contra escritores públicos, dentro de los cuales me cuento, que hemos manifestado nuestro escepticismo acerca de los diálogos que se desarrollan en La Habana.

Cada uno de nosotros, a su manera, ha presentado argumentos justificativos de la desconfianza que suscitan esos diálogos. Se supone que en una controversia civilizada a los argumentos se responde con argumentos contrarios tendientes a mostrar las debilidades de las premisas en que aquellos se basan o las falencias lógicas de las conclusiones que tratan de sustentarse en ellos. Por ejemplo, si yo digo que hay que desconfiar de las Farc porque son una organización terrorista, lo lógico es que se demuestre que no es así o que, aún siéndolo, no es razonable desconfiar de los terroristas. Et sic coeteris.

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Pero la respuesta de los “intelectuales” de las Farc es el agravio personal, acompañado de la amenaza, como ha sucedido en el caso de Darío Acevedo.

Entonces, uno puede concluir que, como las Farc están acostumbradas a obrar a través de la fuerza bruta y no del diálogo civilizado, parece difícil esperar que como consecuencia de algún acuerdo resultante de los diálogos de La Habana estén dispuestas a competir con sus contradictores de acuerdo con las reglas de juego de la democracia liberal.

Como brillantemente lo acotó Londoño, su actitud es la misma del generalote español que, en vísperas de la guerra civil española, cerró un célebre debate con don Miguel de Unamuno lanzando la bárbara consigna de “¡Muera la inteligencia!”.

El pavoroso atentado que sufrió Londoño de parte de las Farc es elocuentísimo y deja lecciones que es ineludible considerar para futura memoria.

Ante todo, si alguien en la política colombiana de los últimos años ha hecho despliegue de luminosa racionalidad, exquisito empleo del lenguaje y heroico valor civil para denunciar el peligro que entrañan las Farc para nuestra patria, ese es Fernando Londoño Hoyos. Y la respuesta de esa organización narcoterrorista ha sido estremecedora: primero, con el atentado contra el Club El Nogal; segundo, con la bomba lapa que pusieron en su vehículo y cuyo estallido dio muerte a sus escoltas.

El país no ha reflexionado lo suficiente sobre ese crimen atroz. Es indudable que fueron las Farc quienes lo perpetraron, cuando Enrique Santos, el hermano del presidente y su mentor, se reunía con sus cabecillas en Cuba y el mismo día en que la Cámara de Representantes se aprestaba a votar uno de los últimos debates del fementido Marco Jurídico para la Paz.

Tanto el gobierno de Santos como la Cámara de Representantes y, sobre todo, el oscuro general Naranjo, que corrió a desviar la atención sobre la autoría del crimen, se mostraron cobardes ante sus perpetradores. Como se dice vulgarmente, se dejaron medir el aceite por las Farc y les dieron vuelo  para mostrarse intransigentes en los mal llamados diálogos de paz, estrategia que han adelantado con éxito abrumador. De ello da cuenta un artículo reciente de Plinio Apuleyo Mendoza que es bueno traer a colación aquí.(Vid. http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/una-realidad-que-no-vemos-plinio-apuleyo-mendoza-columna-el-tiempo/16299398).

El procurador Ordóñez no se ha cansado de repetir que la presencia en el debate público de un grupo feroz que conservaría guardadas sus armas es el peor peligro que pende sobre la democracia colombiana. Sin entrega de las amas, no habrá paz posible con las Farc, y estas insisten en que harán “dejación”, pero no entrega de las mismas, y que la fuerza pública deberá hacer lo mismo.

Otro lamentabilísimo episodio de presencia activa de la fuerza bruta en el escenario político acaba de ser protagonizado por el monstruoso dictador venezolano, Nicolás Maduro, que parece calcado de Brutus, el pintoresco y despreciable personaje de la tira cómica de Popeye.

Lo que acaba de hacer la satrapía venezolana con nuestros compatriotas residentes en el vecino país es inaudito. Razón de sobra tienen los que comparan los recientes episodios ocurridos en la frontera colombo-venezolana con lo que hacían los nazis y los comunistas soviéticos con las poblaciones que consideraban indeseables. Tal como lo ha señalado Londoño Hoyos, se trata ni más ni menos de actos de genocidio.

Pero América Latina está padeciendo un deplorable proceso de involución en la calidad de sus dirigentes. Los que se imponen hoy son unos jayanes que exhiben el cinismo y la brutalidad que caracterizaba hace décadas a los dictadores de la región, especialmente los caribeños y los centroamericanos.

Hay que releer hoy “Entre la libertad y el miedo”, ese clásico de Germán Arciniegas al que por razón de la época en que se publicó le hizo falta un capítulo adicional sobre los fatídicos hermanos Castro, para encontrar los modelos que inspiran a Maduro y sus esbirros. No vamos hacia adelante, sino en reversa. Y los que no son sanguinarios, son descaradamente corruptos, como se ve hoy en Argentina y en Brasil, o cobardes, como lo estamos sufriendo en Colombia.

Debo ofrecerles a mis lectores una fe de erratas por datos equivocados que di sobre los precios internacionales del café en la década del 50 del siglo pasado, para ilustrar sobre la crisis económica que hoy nos aflige por la improvidencia del gobierno de Juan Manuel Santos.

La mayor cotización del café suave colombiano en el mercado externo se produjo en 1954, durante el gobierno de Rojas Pinilla, cuando subió a US$ 0.80, que equivalen hoy a US$ 7.10 (Vid. http://www.bls.gov/data/inflation_calculator.htm). Pero en 1956 se produjo una brusca caída que dio lugar a la crisis cambiaria que nos afligió hasta la “bonanza cafetera” que se presentó a partir de 1976 durante el gobierno de López Michelsen y llegó hasta 1979).(Vid.http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/economia/banrep1/hbrep64.htm;http://www.banrep.gov.co/docum/ftp/borra163.pdf;  http://www.banrep.gov.co/docum/ftp/borra095.pdf;http://www.banrep.gov.co/docum/ftp/borra255.pdf).

Hay no pocas analogías entre lo que empezó a presentarse en 1955, que acarreó la caída de Rojas Pinilla, y lo que hoy sucede en la economía colombiana. Nos está llegando la época de las vacas flacas y no estábamos preparados para ello. Santos recibió una herencia millonaria y la dilapidó. Ahora nos toca afrontar la baja de todos los indicadores de la economía, y nos vemos de contra en medio de un proceso político con los subversivos de las Farc que podría desembocar en un “postconflicto” cuyo valor es hoy incuantificable.

Colombia pudo manejar la asfixia cambiaria después de la caída de la dictadura porque contaba con un precioso instrumento político que aseguraba la gobernabilidad: el Frente Nacional. La crisis en que ya estamos inmersos, en cambio, nos encuentra divididos por obra y gracia de los protuberantes errores políticos de Santos, que carece de toda capacidad de liderazgo para la conducción del país en estos momentos de tremendas dificultades.

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