“NICE” Y CHÉVERE

Por, Esteban Fernández

Nada agradezco más en la vida que alguien se refiera a mí como “nice”. “Nice” en cubano es “chévere”. También me gusta mucho la palabra “Humble” que quiere decir “humilde”.

Llamarme “nice” creo que lo iniciaron mis hijas de esta forma: yo a cada rato llego y les digo: “Conocí a una persona hoy que es de lo más nice”. Y ellas invariablemente me dicen: “No, el que eres “nice” eres tú y la gente te responde de la misma forma en que tú los tratas”.

Lo cierto es que los seres humanos actúan casi siempre en reciprocidad a nuestro trato. Hay una frase muy acertada que dice que “Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”.

¿Ustedes nunca han conocido a personas que son unos bofes fríos a las 12 de la noche y que con dulzura han logrado domesticarlos?

Me pasó mucho en mis trabajos tratando con el público. A veces llegaban individuos que eran unos pedantes, y cuando se convertían en clientes fijos yo -a propósito- me daba a la labor de “domarlos” como si fueran unos caballos salvajes acabados de bajar del cerro.

Al 95 por ciento los amaestraba, al resto los mandaba por un tubo y les decía que no regresaran más Porque yo les quiero decir algo que ustedes ya saben: hay personas que son incorregibles.

Lo cierto es que en esta vida hay gente que además de ser unos hígados son también unos H.P. Vaya, no es como que en Cuba uno cae preso, lo llevan a “100 y Aldabó” y convence de su buena fe a través de su simpatía personal al desmadrado interrogador del G2.

Y es importante decir que mientras más ‘nice’ es un individuo MÁS GENIO TIENE porque la persona buena, noble, chévere, ‘nice’, no entiende, ni acepta, ni cree merecer que lo traten mal ni que le hagan una trastada. Y responde acorde.

Así es que cuando mis hijas insisten en decirme” No, dad, el ‘nice’ seguramente fuiste tú” yo les respondo: “Se equivocan, si la persona de que les hablo hubiera sido un zoquete incorregible, yo lo hubiera mandado a freír espárragos”.

Para resumir, yo soy “nice y chévere” hasta que dejo de serlo, o hasta que los mequetrefes me obligan cambiar mi actitud porque no merecen ni la más mínima gota de miel de que les hablé al principio.

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