ÑICO, EL CHANCHO, BOLA DE CHURRE Y EUTIMIO

Por Esteban Fernández

Así sucedieron las cosas: En apoyo al ataque al Cuartel Moncada “Ñico” López participa en el ataque al puesto de Bayamo, el tipo de ahí escapa a Guatemala y allí se reúne con “El Chancho” Ernesto Guevara de la Serna.

Acto seguido -en Mexico City- “Ñico” le presenta al “Chancho” Guevara a “Bola de Churre”. En ese momento el “Chancho” se encontraba actuando como fotógrafo ambulante en un parque de la ciudad.

“Bola de Churre” no se siente muy impresionado con “El Chancho” pero como dice que es “médico” se interesa por sus servicios en la futura expedición que prepara.

¿Conocimientos militares del “Chancho”? Ningunos. Y “lo de médico” nadie, ni un solo paciente, puede acreditarle su curación al “Chancho”. Ni tan siquiera ponerle un dedo encima ni tomarle la presión arterial a un enfermo en Cuba.

Tampoco era dentista, pero se brinda para sacar muelas sin anestesiar a todo el que simplemente dijera que sentía un dolor en la mandíbula. Era adicto al dolor ajeno.

“Bola de Churre” que era tremendo hijo de la mala leche de Ángel, pero de bobo no tenía un pelo, no se deja tocar la boca por el “Chancho”, manda a buscar una silla de dentista y un profesional. Andaba siempre quejándose de un diente frontal muerto.

“Ñico” muere en el desembarco, el “Chancho” es considerado un lijoso y un bueno para nada. Cae mal, los cubanos le perdonan todo a alguien menos que sea pesado.

Los barbudos no se tragan al atorrante “Chancho”, quien se cree la gran cosa y comienza a llamarle “comemierda” a cuanto cubano le cae abajo.

De pronto -en plena Sierra Maestra”- las sospechas caen sobre un atribulado guajiro llamado Eutimio Guerra de ser chivato de los guardias rurales.

Pero no hay pruebas, en esos momentos no hay nada parecido a un cuerpo investigador. Todos se miran unos a otros a ver quién le pone el cascabel al gato.

El “Chancho” da el paso al frente que lo inicia -y después se consagra- como uno de los asesinos en serie más grandes que ha producido la humanidad. Si es que en algún momento de su cochina vida haya sido parte de la humanidad.

Toma la iniciativa y mata a mansalva al sorprendido y asustado campesino con su pistola .32 en pleno cerebro. Nunca nadie se ha ocupado de investigar posteriormente su culpabilidad.

“Bola de Churre” que tenía tremenda intuición para eso se da cuenta de que delante de él no tenía a un médico, ni a un fotógrafo, ni a un dentista, ni un motociclista, sino que el “Chancho” era un criminal nato. Y lo nombra Comandante de la revolución primero que a su hermano, primero que a nadie, primero que a todo el mundo.

En La Cabaña formó el sangrerío más grande jamás derramado en tierra del archipiélago cubano. Al frente de otros cafres se fue para el Congo y corrió más que un guineo ante la persecución de mi inolvidable amigo el capitán René García y de gloriosos pilotos cubanos anticastristas. Escogió a un grupo de patibularios matarifes y se los llevó a Bolivia y cambió su seudónimo a “Ramón”.

Cuando la caña se les puso a tres trozos, y de verdad se suponía que tendría que demostrar su valor personal, se rajó con una rata de caño sucio: Histérico gritaba “¡No me maten, yo soy el Che, y valgo más vivo que muerto!” Le dieron pirey.

Y hoy, en el quinto infierno,  en tres calderas con agua hirviendo, a fuego lento, se encuentran “Ñico”, el “Chancho” y “Bola de Churre”. En el limbo con la posibilidad de ser el primer mártir de la sangrienta tiranía se encuentra el guajiro Eutimio Guerra.

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