NO ES MI MEMORIA

Por, Esteban Fernández

Algunas personas le dan crédito a mi memoria y a mis recuerdos de la Cuba de ayer. Se sorprenden que yo -por haber salido a los 17 años de la Isla- me acuerde de un millón de cosas. La gran verdad es que yo nunca salí de la CUBA DE AYER. Sí, salí de Cuba PERO NUNCA ABANDONÉ A LA CUBA DE AYER.

Mientras en Cuba intentaron y lograron barrer con nuestro pasado, en el exilio muchos cubanos -quedando solamente un pequeño grupo dándole el frente a la causa cubana- les dieron las espaldas a la Patria y se ocuparon de sus nuevos trabajos, de sus familias y de mil cosas más.

El gran triunfo cubano -del cual tan orgullosos estamos- trajo aparejado que un 99 por ciento de mis compatriotas en el exilio olvidaron completamente quien fue -PARA PONER UN EJEMPLO ENTRE MILES- “Pedro Guasch y Palanganovich” el personaje interpretado por Jesús Alvariño en “La Taberna de Pedro”.

¿Qué importancia tenía ese “polaco Pedro” (y como él muchísimos personajes ficticios y reales) dentro de las agendas de los que estaban obligados a labrarse un porvenir, y el de sus seres queridos, en tierras extrañas? Para que ustedes sepan: Yo me he encontrado con compatriotas que habiendo vivido 50 años en California no vieron nunca un periódico “20 de Mayo”.

Pero un muchachito llamado Estebita se quedó estancado mentalmente en los poquitos años que vivió en Güines. Y no crean que me quedé solo Estuve rodeado por cubanos sabios en la materia y expertos en nuestro pasado.

Hoy en día tal parece -porque han desaparecido nuestros verdaderos historiadores- que soy un maestro, pero me he pasado toda una vida siendo un alumno.

Aquel joven que se pasó por lo menos cinco de los 17 años vividos en Cuba frente a un destartalado televisor Zenith de 17 pulgadas viendo los programas, los noticieros, ha llegado el momento en que puedo recitarles de memoria hasta los anuncios comerciales.

Sin menospreciar un vetusto radio donde escucha diariamente desde “Los Tres Villalobos” hasta “la Novela del Aire y Divorciadas” pasando por “Leonardo Moncada” su caballo “Ligero” y su perro “Campeón”.

Y aquí he pasado 55 años -aunque hoy las muertes y el alzheimer han mermado extraordinariamente mis fuentes de información- teniendo a mi disposición a la flor y nata de la sabiduría cubana, a el historiador José Duarte Oropesa, Luis Conte Agüero, a Andrés Nazario, a Carlos Zárraga, a Rosendo Rosell, a Agustín Tamargo, a Hugo y Mario Byrne, a Aldo Rosado, a José Ignacio Rivero, a Humberto Medrano y a muchos más. Sin olvidar a Ángel Torres Navarro quien me impartió conocimientos sobre nuestro béisbol por medio siglo.

Solamente tenía que coger el teléfono, marcar determinados números, y tenía a 100 personas dispuestas a orientarme. Y en el terreno güinero tenía a Tomás Bolado, Efrén Besanilla, a Panchito Arocha y 20 más y todavía me quedan Orlando Aris Caso y Enrique Bin para ilustrarme.

Y ahora prácticamente sin la ayuda de mis antiguos mentores pero con un saco de conocimientos adquiridos y recuerdos personales en mi cerebro me he dado a la tarea de tratar de ilustrar a los que llegan de allá y a los que estuvieron aquí desde un principio pero han olvidado muchos detalles.

No, no tengo la mejor memoria del mundo, nada más alejado de la verdad. Sólo que he dedicado absolutamente toda mi vida a pensar, aprender y a dar a conocer las cosas agradables y las malas de Cuba.

Cuando vamos al médico y el doctor nos cura la dolencia nadie le dice: “Doctor, que memoria usted tiene ¿Cómo se acuerda de la medicina apropiada para mi molestia?” Sin embargo, ese galeno sólo ha dedicado 20 años a su carrera, y yo lo he dedicado 60 a mi obsesión.

Y el que dude de mis palabras pueden preguntarle a mi ex esposa Rina Fernández quien estuvo a mi lado por más de 20 años y puede atestiguar que nunca logré sacar de mi cabeza -aunque fuera por un ratito- a la CUBA DE AYER.

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