¿NUNCA LLUEVE EN CALIFORNIA?

Por Esteban Fernández

En Florida, donde se vive de aguacero en aguacero, se burlan de nosotros en California cuando nos preocupamos por “cuatro gotas locas”. De la misma forma que los que viven en el Norte sufriendo el frío brutal y las nevadas se ríen de los miamenses cuando están a 60 grados y ya comienzan a hablar de tomarse tazas de chocolate con churros.

Pero, bueno, con respecto a nosotros los “cubanos-californianos” tienen toda la razón. Aquí nunca llueve pero cuando llueve parece que se va a acabar el mundo. Tres días antes de la lluvia comienzan los noticieros a amenazarnos con el torrencial que se avecina.

Inmediatamente yo salgo para el Ralphs Market y me avituallo y me pongo listo para acuartelarme. Hago más preparativos que los que hacía el Padrino Vito Corleone (go to the mattresses) cuando se avecinaba una gran batalla entre las pandillas neoyorquinas.

Y si el diluvio que nos prometen es de envergadura entonces me convierto en un general Patton antes de ir a la guerra. Y después lo que tenemos son unas espórádicas lloviznas. Como decía el capitán de corbeta José Millás “Diseminadas por todo el territorio nacional”. En este caso “estatal”.

Pero de eso nada, esta semana han caído “raíles de puntas” en Los Ángeles. Y yo estaba solo en la casa. Mi hija Ana Navarro (no confundirla nunca con la RINO de CNN) estaba para Las Vegas. Y a mi otra hija Sandra, que estaba trabajando, se le ocurrió la peregrina idea de decirme que no tenía a nadie que recogiera a mi nieto del colegio y que necesitaba mi ayuda.

Y pa/llá me fui a buscarlo debajo de un torrencial. Les cuento que lo que salió de mi casa no fue un cubano sino un astronauta. Tenía un tremendo abrigo (o mejor dicho dos abrigos) una bufanda, una gorra, un paraguas y hasta unas botas de goma. Mi nieto, que me recibio con un pulóver y un shortcito, ni me reconocía con la indumentaria que yo llevaba puesta.

Pero ahora viene LO GRANDE, lo increíble, lo devastador: por lo menos en mi casa la AT&T había colapsado y cuando llegué a mi hogar no funcionaba nada, ni el teléfono fijo, ni la Internet, ni Facebook ¡ni la televisión!

El celular sólo me trabajaba para lo básico -para hacer llamadas telefónicas- porque había perdido el Wi-Fi y tampoco entraban Google, ni Internet ni nada. Y no podía enviar Emails.

En estado de pánico “a duras penas” pude llamar a Aldo Rosado para decirle que pensaba que esta semana no escribiría en Nuevo Acción y a Aldo le dio risa porque “el grave problema que me aquejaba” él y todos los floridanos lo viven constantemente.

Ya por la tarde (aquí ahora con el pesado cambio de horas oscurece a la cinco) no sabía qué hacer. La aburrición era vigueta. Mis vecinos y mis amigos Orlando Caso y Hugo Byrne me decían que no tenían problemas. Afuera los aguaceros y los vientos que parecían un ciclón y adentro con todos los cachivaches desarticulados.

Se acuerdan de mi escrito “Marque el uno, marque el dos” bueno, pues llamé a la AT&T cuatro veces. Con la última muchacha que pude hablar me dijo: “No, señor Fernández, usted nos llamó hace media hora y no ha cambiado nada, este problema se va a resolver en 24 horas, no es necesario que vuelva a llamarnos, es un problema con su caja de U-Verse”.

Les juro que me parece que si seguía importunando y llamando a la AT&T ya los empleados de la compañía de teléfonos hubieran dicho “Oh, ahí está otra vez Estebita mortificando”

Y de pronto encontré la solución de todos mis inconvenientes, abrí una gaveta en busca de una linterna “por si acaso se iba la luz” y me encontré ALGO MARAVILLOSO y que les recomiendo a todos en momentos de pesadumbres: El libro DIARIO DE UN COMBATIENTE ANTI-CASTRISTA sobre la guerra de guerrillas contra la tiranía de Agapito “El Guapo” Rivera que aparece en la foto inicial…

Estuve más de tres hora leyendo hasta que con una sonrisa en mis labios me dormí tranquilamente pensando: “Este tipo si es un cojonudo y yo soy un comemierda”…

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