OTRA DE LAS LOCURAS DE FIDEL CASTRO, AHORA CUESTA MILLONES A CUBA

En 1959, al nuevo dueño de Cuba, Fidel Castro se le metió en la cabeza una de sus megalmaníacas ideas, que tanto daño le han hecho a Cuba. Ėsta si no fue la primera de sus tantas disparadas ideas y planes, debe de haber sido la segunda o la tercera. De la misma categoría que las locuras que vendrían después: las cortinas rompevientos de eucaliptos,  la siembra masiva de pangola y el plan de sembrar el cordón de La Habana de café Caturra, entre otras.

MELALEUCAAl “loco de la colina” se le metió en su disparatada cabeza que había que desecar la Ciénaga de Zapata, para usar  esos extensos humedales para la agricultura. Y enseguida se procedió, por los que se apresuraban a hacer  realidad el menor deseo del “mesías del Turquino” a la importación de grandes cantidades de postura de Melaleuca,(foto de un tronco de Melaleuca arriba a la izq.) un árbol australiano que consume una gran cantidad de agua para su crecimiento y reproducción y que seca los lugares pantanosos donde se siembra. Como acostumbra, Fidel no oyó los concejos de los conocedores y desechó los avisos del peligro de introducir ese árbol en la isla, y el daño ecológico que ese mismo árbol estaba ocasionando en los Everglades de la Florida.

Pues bien, hoy  a casi 48 años de ese disparate, vean lo que publica la revista comunista “Bohemia” sobre la Melaleuca y como callan conveniente y cobardemente  quien fue el de la idea de traer esa especie invasora y desecante a Cuba.

Revista Bohemia(Cuba), mayo 15-2007 

“Quien desee toparse con la Melaleuca quinquenervia no tiene que desandar mucho monte. A ambos lados de la carretera de Playa Larga crece por trechos esta especie de la familia Myrtaceae, llegada de Australia con fines ornamentales, e introducida en el país por la zona de Guamá a finales de los años 50 o inicios de los 60 del siglo pasado.

Se comporta como una planta invasora que aparece primero aislada y después forma cayos. Ocupa espacios antes propiedad del herbazal de ciénaga, y transforma el ecosistema: desplaza la vegetación típica de la zona y la fauna original.

La Melaleuca absorbe mucha agua del suelo y transpira también buena cantidad por sus hojas, lo cual provoca la desecación de la ciénaga. Ni la casuarina, ni el marabú (también con mala fama), preocupan tanto a Jorge Luis Jiménez, director del órgano local del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), como este árbol resistente, quizás porque con aquellas ya se sabe qué estrategia seguir. “Estamos investigando la distribución completa de la planta, pero se estima que más de 40 mil hectáreas del humedal pudieran estar infectadas”, dice Jiménez.

Desde inicios de 2007 comenzaron los estudios para determinar qué conducta seguir con la Melaleuca. De conjunto con los pobladores, en dos parcelas experimentales se anillaron y pelaron los troncos para secarlos, o se aplicó petróleo con aceite quemado en las incisiones. “Pero ha habido rebrotes. Hoy la técnica debe ser controlar los bordes de la infección para que no siga extendiéndose”, asegura Jiménez”

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