OTRAS VOCES: CUBA, LORCA LO HIZO CÉLEBRE Y AHORA SE CAE A PEDAZOS

Por Jesús Díaz Loyola- Atrio Press

103 años después de fundado, ¡Un Siglo!, el ‘Gran Hotel Comercio’ de Caibarién, Cuba (1914), entre la dejadez y el deterioro, ha emprendido el sinuoso camino del fin.

Una de las expresiones de la arquitectura clásica cubana del siglo pasado que lucía como joya junto al Caribe, se cae a pedazos.

Esta es la crónica de sus días más célebres. De momentos épicos como la visita del poeta andaluz Federico García Lorca en 1930 y su inexorable triste camino hacia el final.

¿Cúanta historia se iría con él?

El hotel Comercio ya en ruinas por el abandono oficial, después de robado a sus legítimos propietarios (Pie de grabado de Nuevo Acción)

EL FIN DEL RINCÓN MÁS DESEADO DE CAIBARIÉN Y DE GRAN PARTE DEL CENTRO DE CUBA 

Algunos de los acontecimientos que hicieron célebre a uno de los hoteles más emblemáticos del interior de la isla.

     “Todos los días del año el Gran Hotel Comercio estaba en las tertulias callejeras”.

El restaurante del hotel Comercio (foto de arriba), el rincón más deseado de la hostelería de la villa, desde que fue fundado en 1914, fue punto de encuentro permanente de la cultura y toda la casta caibarienense hasta que la Revolución Socialista no pudo con su conservación, lo cerró y el Comercio empezó el sinuoso camino hacia su deterioro.

Cada año, en las fiestas por navidades, sobre los salones del ya mítico hotel se veía a todo el Caibarién mediático, artístico y político.

En los años de la radio de la primera hora, cuando el asturiano Manuel Alvarez lanzó desde Caibarién —en 1917, hace un siglo— las primeras señales que abrieron la era de la radiodifusión en Cuba, el pueblo vivía de convite en convite. El Alcalde de la ciudad se encantaba con la radio y manifestaba permanentemente su sorpresa ante el poder y el alcance de algo tan efímero como el sonido:

6EV, la primera emisora de radio de Cuba que sacó al aire en 1920 el asturiano Manuel Alvarez y fue testigo del paso de Lorca por la villa.(Foto: encima de estos renglones)

—Llamen a los historiadores y a la prensa, convoquenles al Comercio y que hagan constar que en Caibarién, antes que en cualquier otro lugar, ha salido al aire la primera estación radiotelefónica de Cuba. 

En los años primerizos de la radio, el hotel Comercio era un corrillo impenitente de celebración en celebración. Los periódicos inundaban cada día los quioscos, hablando de la gran actividad entre la radio y el Comercio.

Cada semana los reporteros de La República, El Imparcial de Caibarién; y La Publicidad de Santa Clara, vivían atrincherados entre la emisora y el hotel en un zafarrancho permanente cocinando las crónicas que llenaban sus ediciones.

Los redactores de publicaciones especializadas como Magazine de La Lucha y La Gaceta Radio de Cuba fueron fieles testigos profundizando en sus trabajos de fondo, tomando fotos aquí y allá. Ora en la estación de radio, ora en el hotel Comercio, ora en el centro  de la ciudad, contando cuanto se vivía en el esplendor del Caibarién de la primera mitad del siglo pasado.

Los fotógrafos diligentes de los estudios Martínez Otero, quienes desde el lente de sus cámaras eran unos apasionados de la historia, se encargaron de captar para la posteridad el día a día de la Villa junto al mar.


El director fundador del hotel Comercio, Braulio Fernández Cima (en la foto de la izquierda), sintió tanta devoción por el lujoso hotel —uno de los mejores del interior del país— que llegó a ocuparse diligentemente de la llegada de cada visitante todo el santo día. Por mucho tiempo Braulio fue el hombre orquesta de los placeres y los días en Caibarién.

Cada día los periódicos decían algo nuevo y la sensación que experimentaba todo un pueblo era la de ver en el Comercio un rincón impávido.

Desde su espectacular inauguración, ya todos los días del año el emblemático Comercio estaba en las tertulias callejeras:

—¡ Hay que ver lo que ha conseguido este gran hotel en la ciudad! —coincidían los comentarios en cualquier parte con todo el énfasis del acontecimiento que estaba representando el Gran Hotel.

LORCA, ESTRELLA EN EL “COMERCIO”

El sábado 28 de marzo de 1930, descendió en la villa el poeta andaluz Federico García Lorca. Lo acompañaba un grupo de amigos, entre ellos, el escritor e investigador José María Chacón y Calvo, anfitrión de una larga estancia cubana. Todos se alojaron en el Comercio.

Aquel día de primavera la noticia daba cuenta de la multitud que rodeaba a Lorca, mientras se trasladaba al emblemático hotel Comercio que relucía en la esquina de María Escobar y Justa.

Durante mucho tiempo en Caibarién, se habló de aquella ilustre visita y de la estancia de Lorca que hizo más memorable el hotel, testigo de la sensibilidad musical del poeta, porque allí le vieron tocar varias veces, según las crónicas de la época. Lorca improvisaba magistralmente piezas al piano en el hotel Comercio. En realidad, la música marcó las noches cubanas del poeta desde su paso por La Habana, de donde venía ya impactado con el son sabroso que aprendió a admirar en la urbe.

El domingo 29 de marzo de aquel año (1930) el poeta ofreció una conferencia ante un auditorio reunido en los jardines de la Colonia Española, frente al parque, donde tenía su sede la Institución Hispanocubana de Cultura.

Lorca salió andando desde el hotel Comercio rodeado de una amplia comitiva. Llegó a la sede social de los españoles elegantemente vestido, todo de verano y bien peinado, una distinción particular siempre en él.

Concluida la conferencia, la Hispanocubana de Cultura ofreció un banquete de despedida al poeta. En el espacioso salón donde los invitados más distinguidos charlaban entre sí, con el impacto extraordinario que era la presencia de Lorca, se oían valses y hasta jazz hot que llegaban con las magistrales ejecuciones de las grandes Big Bands americanas. La comida era en mesas separadas, cosa que a Federico no le impidió pasearse por el salón saludando al público presente. Al granadino se le vio todo el tiempo con su vaso de whisky con soda y entre el furor de las anécdotas y los saludos, hasta hizo al piano alguna ejecución entre la declamación de sus versos más elocuentes.

Durante varios días el poeta entraba y salía del hotel Comercio como si de un alma bendita se tratara.

En la foto, de última aparición, supuestamente Lorca, posa junto a los trabajadores en la barra-restaurante del emblemático hotel en los días de su estancia en Caibarién, en la primavera de 1930.

El miércoles tres de abril de 1930, el poeta y sus amigos abandonaron las habitaciones del lujoso Hotel Comercio en el 28 de la calle de María Escobar y se dirigieron a la estación de ferrocarril a tomar el tren Cincuenta que los retornaría a La Habana.

Lorca dejaba su huella en el Comercio como la dejaron tantas celebridades a su paso por Caibarién en los años años más adorables del siglo XX.

De esa manera, el Gran Hotel Comercio y muchas edificaciones que ahora se reducen a ruinas, pasaron a ser célebres en aquella ciudad junto al mar y Caibarién formó parte también de la vida de muchas celebridades que recorrieron sus calles, como lo hizo el elenco completo de la película “Y si ella volviera”, que inmortalizó a la ciudad en la historia y en el tiempo.

El 1957, cuando el filme que hizo época ya era un hecho, el actor mexicano Victor Manuel Mendoza, protagonista de aquel rodaje, confesó a la conocida revista del papel couché, ‘Vanidades’, que sentía una atracción especial por Cuba tras su paso por Caibarién, de cuya villa admitió no olvidarse nunca, y recordó “las sabrosas comidas que me dieron los pescadores de Caibarién cuando allá estuve filmando con Irasema Diliam, “Y si ella volviera”, contó Mendoza sin dejar de reconocer que “hay allá (en Caibarién) una playa, “Los Ensenachos”, que es la playa más linda del mundo, más que Varadero, que Acapulco, que Biarritz”, suscribió para la historia “Vanidades”.

Hoy, los herederos de aquellas generaciones lloran el desgaste de una ciudad entera y todo el pasado mítico que van sepultando sus ruinas. Las paredes centenarias del hotel Comercio, que la corrosión del tiempo y la indolencia han ido echando abajo, guarda tras de si los días memorables de Lorca y de cuanta celebridad pasó por la villa.

Allí quedan historias amontonadas de los manuscritos emborronados que Lorca y tanta gente de culto llevaba siempre consigo.

Se decía ya en el Comercio que a cualquier hora y en cualquier parte Federico García Lorca nunca abandonaba el manojo de papeles que llevaba siempre encima. Tal vez —nadie sabe— en Caibarién Lorca afinaba ya su pluma sobre los borradores de “El Público”, su más angustiada obra que comenzó a escribir en Cuba.

Y angustia es ahora la que se vive en aquel pueblo costero y pescador cuando se está sepultando toda la historia constructiva de una ciudad entera, Caibarién.

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