OTRAS VOCES: EL PODER REGENERADOR DEL NO

Este proyecto no ha sido elaborado por una Asamblea Constituyente compuesta por delegados elegidos mediante un proceso electoral con todas las garantías.

Por Ariel Hidalgo

Un grupo patriarcal que gobierna a Cuba desde hace 60 años presenta un proyecto constitucional para que se convierta en ley de leyes en el país. Pero este proyecto no ha sido elaborado por una Asamblea Constituyente compuesta por delegados elegidos mediante un proceso electoral con todas las garantías, como se supone debe procederse en un país realmente democrático, sino que fue el resultado de un encargo a un equipo de redactores elegidos a dedo por la cúpula del partido que rige el país. La palabra partido viene de parte, por lo que se desprende que representa sólo a una parte de la población y no a todas las corrientes de pensamiento de la ciudadanía para que se considere realmente fruto de la voluntad popular. Esa Constitución reafirmaría la violación de elementales derechos de los seres humanos como la libre asociación, la libre expresión y la libre actividad de los ciudadanos para la búsqueda de su prosperidad. La respuesta de la ciudadanía ante esta consulta debe ser: ¡No!

Nuestro gran problema como nación es que hemos pasado nuestra existencia diciendo sí o, al menos, callando cuando teníamos que decir no. Cuando un grupo de militares perpetró un cuartelazo para derrocar a un presidente elegido democráticamente y abolir la Constitución no nos lanzamos multitudinariamente a las calles para gritar con una sola voz: “¡No!” Y ese fue el principio de nuestras actuales desgracias. Luego llegó un grupo de supuestos redentores y, en gratitud por nuestra presunta liberación, acatamos ciegamente todo lo que nos imponían. ¿Para qué elecciones libres? ¿Para qué restituir la Constitución violada si ahí estaban los elegidos por la providencia para guiarnos por un camino de libertad y prosperidad? Si idolatras a un caudillo y lo elevas a un altar, ese falso dios regirá tu destino con puño de hierro.

Este grupo que en otros tiempos también ha perseguido y reprimido a los ciudadanos por su orientación sexual, por sus prácticas religiosas e incluso por sus preferencias artísticas, y que luego tuvo que tolerar hasta los toques de santo, las celebraciones del orgullo gay e incluso erigir una estatua a John Lennon, no ha dejado de ser el mismo, sino que ha tenido que ceder ante la marejada del pueblo practicando en silencio la desobediencia civil. Ahora es el momento de imponer el derecho a pensar diferente y a respetar las distintas opciones y preferencias de la población en esferas como la economía, lo social y lo político, uniéndonos todos en una sola fuerza para decir no a esta constitución que quieren imponernos.

Hay quienes todavía creen que ante las consultas electorales del poder la actitud correcta es la abstención, que todo es una farsa, que manipularán el conteo de los votos y que éste saldrá legitimado por la asistencia de los sin poder. Pero esta opción se ha elegido ya muchas veces y se ha repetido ante los oídos sordos de ciudadanos para los cuales no es fácil abstenerse en un país donde la ausencia en los centros de votación los señala como desafectos y donde las organizaciones progubernamentales los presionan para que participen, mientras que es menos señalado asistir y votar por el no en la privacidad del recinto electoral; y hoy, en este mundo, la abstención no es noticia en ningún país, sino lo más frecuente para una humanidad cansada de la corrupción y las mentiras de los políticos. No se ve como rechazo sino como indolencia, una indolencia que de cierta forma significa también aceptación, porque el que calla otorga. Por eso hay que exhortar a asistir a las urnas para votar por el no.

Que el poder va a manipular los resultados es sabido, pero con una abrumadora votación a favor del no la verdad se filtraría por todos los rincones y resquicios, y correría por diferentes e insospechadas trayectorias, como la crecida de un río, y aun cuando no se alcance la mayoría, bastará una minoría vigorosa para ser impactante en un mundo donde siempre ha reinado el miedo, y donde se exige la unanimidad. Y enviará un claro mensaje a quienes aún colaboran con ese régimen, ya sea por miedo, por oportunismo, o por ignorancia, entre los cuales hay funcionarios, militares y militantes del Partido. Que sepan que ya los vientos soplan en dirección contraria, anunciando la proximidad de una renovadora tempestad. Y si los temerosos comienzan a perder el miedo, los oportunistas a replantear su incondicionalidad y los ignorantes a cuestionar lo que hasta entonces aceptaban ciegamente, ese será el principio del fin de ese mundo construido a base de la mentira. Porque nadie gobierna sin el consentimiento de los gobernados, esto es, del pueblo o de una parte de ese pueblo, y si esa parte decide finalmente vivir en la verdad, ese mundo se desmorona como las sombras nocturnas ante los rayos luminosos de la alborada.

La campaña por el no, podría, además, tener un fruto invalorable: la confluencia de las fuerzas renovadoras que luchan por el cambio. Los verdaderos frentes y coaliciones no se realizan en torno a una mesa, sino en el trabajo y la lucha conjuntos. Y nunca como ahora se requiere la concertación de todas las filas contestatarias en una fuerza única capaz de derrotar pacíficamente al sí. Porque esta campaña no la podría ganar ningún grupo aislado frente a un régimen que monopoliza todos los medios masivos de comunicación. Pero un frente unido por el no, sí sería capaz de alcanzar la victoria. Nuestras diferencias, nuestros distintos proyectos y perspectivas, reflejo de la riqueza policromática a la que representamos, lejos de distanciarnos, nos une como un arco iris en la defensa de la libertad de pensamiento frente a quienes quieren, por la fuerza, acallar nuestras voces para imponer una unanimidad estéril.

Es preciso un llamamiento consensuado, comedido, pero que exponga convincentemente las razones para votar por el no, fruto de las filas contestatarias representativas de todas las corrientes de pensamiento que, en consecuencia, pueda presentarse, ajena a todo partidismo e ideología, en nombre –y como voz–, de toda una sociedad civil que hasta hoy ha permanecido en silencio, amordazada por la censura. Podría, con la cooperación de todos, publicarse en todas las redes, los blogs y circular de mano en mano en los vecindarios, los centros laborales, las universidades, en los teatros y seminarios y otras actividades culturales, y luego poner al descubierto los manejos del poder para manipular los resultados. Semejante documento conjunto no requeriría de sus redactores trasladarse a ningún lugar de encuentro, pues no se necesitaría más viaje que la navegación por el ciberespacio, ni más salón para acoger a los delegados que un sitio virtual. No hay que temer hacer campaña por el no, pues es un derecho legítimo informar a los ciudadanos acerca de la otra cara de la moneda de lo que esa dirigencia quiere imponer mediante la coacción y el miedo, pues en una verdadera consulta popular en la que es lícito votar por una de las dos opciones, y el poder cuenta con todos los medios para abogar por una de ellas, debe ser también lícito la defensa de la opción contraria.

Concertémonos todos en una fuerza única capaz de derrotar pacíficamente la propuesta gubernamental. ¡Todos a votar por el no!

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