OTRAS VOCES: TRABAJADORES SERÁN DUEÑOS DE LAS EMPRESAS

Por, Ariel Hidalgo*- El Nuevo Herald

No lo digo porque en estos días congresistas de ambos partidos estén proponiendo un proyecto ley para incentivar a los empresarios a compartir la propiedad con sus empleados (“ownership”, le llaman), sino porque esta misma propuesta es resultado de un proceso gradual que desde hace mucho se abre paso en un mundo donde, paradójicamente, la brecha entre el salario de los empleados y las ganancias de grandes empresarios es cada vez más abismal.

En 1954 los dueños de la Anson Industries Inc., en Illinois, se retiraron del negocio y ofrecieron su venta a los gerentes. Actualmente todas sus acciones se encuentran en manos de sus empleados y tienen como regla que nadie que no trabaje en Anson puede poseer acciones. Un empleado expresa: si no fuera por eso “no trabajaría los sábados, los domingos y feriados como hago ahora”.

La compañía alemana Siemen AG cuenta con 135 mil empleados en 60 países con acciones de la empresa. “Si los trabajadores sienten como suya la compañía, se sentirán más responsables del futuro de la misma”, manifiesta Joe Kaeser, presidente y consejero delegado de Siemen.

Algunos empresarios que enfrentan conflictos laborales, prefieren convertir a los trabajadores en socios accionarios, los cuales serían más eficientes y productivos, que mantenerlos como adversarios con el alto costo de los paros laborales. En 1994, tras un período de aerolíneas quebradas, United Airlines se vio en peligro de desaparecer en medio de una huelga por aumentos salariales. Los altos ejecutivos alegaban que un alza de salarios los incapacitaría para competir con otras aerolíneas. Robert Rich, entonces secretario del Trabajo, propuso una solución salomónica: “Pues si no pueden dar más salarios, ofrézcanles otra cosa”. Y esa otra cosa era, obviamente, acciones. Como resultado los empleados obtuvieron el 54 por ciento de las acciones para convertirse en la compañía más grande del mundo en propiedad de los trabajadores.

Así como la sociedad industrial desplazó a la agraria, hoy la industrial está siendo desplazada, a su vez, por la informática, la tercera ola de la que hablara en los 80 Alvin Toffler. El nacimiento de las computadoras personales y de internet abre la posibilidad de que cualquier persona, con un ordenador y un poco de imaginación, sea capaz de crear su propia empresa para satisfacer necesidades muy particulares, o trabajar por contrato, sin perder su independencia, para empresas que cada vez más prefieren pagar servicios a trabajadores independientes antes de gastar en salarios para empleados a quienes tendrían que pagar, además, toda una serie de beneficios. El número de freelancers, como se llama en los Estados Unidos, o de “cuentapropistas”, como llaman en Cuba, está creciendo aceleradamente. Un estudio del Foro Europeo de Profesionales Independientes concluyó que entre el 2000 y el 2011, el número aumentó en Europa un 82 por ciento. En Estados Unidos, según algunos cálculos, ha alcanzado los 60 millones. Esta tendencia continuará hasta sus últimas consecuencias, porque la ganancia mueve montañas; el salario, por sí solo, no.

En la Antigüedad el sistema salarial se empleaba sólo para un tipo de esclavo que gozaba del privilegio de poder ausentarse en horas no laborables y al que se le daba, en vez de techo, ropa y comida, dinero para que resolviera por sí mismo esas necesidades. Los artesanos de los gremios medievales no usaron jamás el sistema salarial, porque el asalariado, por su naturaleza, no estaba realmente interesado en la calidad del fruto de su trabajo, ya que ese fruto no era para beneficio propio. El aprendiz se contentaba sólo con recibir alimentos porque sabía que pronto se convertiría en otro artesano. Independientemente de la buena o mala voluntad de quienes pagan o de si la cantidad es justa o no, el sistema no fue generalizado en la sociedad industrial para generar trabajadores libres y prósperos, sino como forma de prolongar la dependencia del esclavo o del siervo bajo una forma más sutil. El desinterés del asalariado era tan conocido que hasta el mismo Jesús lo señalaba en una de sus parábolas: “El buen pastor su vida da por las ovejas, mas el asalariado, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, porque es asalariado y no le importan las ovejas” (Jn.10:12 y 13).

*Escritor e historiador.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15