OTRAS VOCES: VENEZUELA-GUERRA ASIMÉTRICA- OPCIONES DEFINITIVAS: REBELIÓN O SOMETIMIENTO

Por, Alejandro Morillo-“Llanero Digital”

ENVENEZUELASIGUELALUCHALo que ha alargado la Resistencia de la población venezolana al régimen que la oprime y explota, más que la desigualdad del enfrentamiento, es la dispersión de acciones que sigue imprimiendo la dirigencia política, la cual estimula un pacifismo que no se corresponde con la salvaje represión

La multiplicación de marchas sin destino real y concentraciones simbólicas, si bien muestra una natural diversidad, va acumulando una frustración que contrasta con el avance que generan las acciones de barricadas, con la evidente desesperación del régimen para restablecer un orden social falso en medio de su crisis de gobernabilidad.

Todas son expresiones de descontento, ciertamente, pero el contraste de sus resultados para el régimen, aconseja cerrar la brecha que media entre una simple oposición nominal y una resistencia que desafía el control del espacio `público.

Cuando se enfrenta en la calle su brutal fuerza represiva, el régimen ve cuestionada su negación de derechos humanos y ciudadanos, pues la presencia altanera de pobladores que bloquean la circulación urbana desafía la pretensión de paralizar a la población bajo un autoritarismo inconstitucional.

Y, a sabiendas de que de un momento a otro los bloqueos públicos pueden generar en su coincidencia una movilización incontrolable, el régimen muestra su debilidad de control del espacio fragmentando aún más las urbes para impedir esta posibilidad, como lo hace al imponer una administración municipal de la protesta exigiendo autorizaciones locales de la misma (TSJ).

De esta manera, el régimen da prueba de su incapacidad para gobernar el espacio público y así impedir que la protesta se multiplique y amplíe hasta amenazar el poder central, obligando a los alcaldes a ejecutar tareas de represión que no les corresponden en su administración del espacio municipal.

Es este un acto de desesperación que valida la resistencia de la población y puede endurecerla aún más en la negativa del derecho más elemental de una democracia, el de la manifestación pública. Y al traspasar el acto represivo a las alcaldías y desvirtuar su función, lo que se está haciendo es pervertir las relaciones de los ciudadanos con las administraciones locales, introduciendo un nuevo ingrediente al conflicto social.

Al colocar así nuevas barreras a la movilización de la población por sus derechos, se pretende encerrar aún más a ésta, aislándola de sí misma, encorralándola cual rebaño en predios administrativos.

Esto lleva la Guerra Asimétrica a un nuevo nivel represivo que amenaza por igual a ciudadanos y alcaldes con lo cual a la población descontenta solo le quedan dos opciones definitivas: REBELARSE O SOMETERSE.

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