¿PATRIOTISMO O MI MAYOR IMPRUDENCIA?

Por, Esteban Fernández

En mi humilde lucha, porque humilde ha sido, aunque otros no quieran aceptarlo, hay un momento culminante. Quizás el más importante de los tres cuartos de mi vida dedicados a esta causa.

Me he pasado décadas escudriñando en ese instante que pudo haber cambiado mi vida, teniendo un 99 por ciento de posibilidades de haberla terminado sin haber cumplido los 20 años de iniciada.

¿Grave error, exagerado patriotismo, deseos locos de poder liberar a mis padres y hermano y de paso a mi país? Qué sé yo, nunca he podido llegar a la conclusión de si fue un gesto heroico o una gigantesca tontería.

Lo cierto es que de haber logrado mi intención hoy usted no me estuviera leyendo, ni yo hubiera logrado tener hijas y nietos, ni disfrutar de una larga vida.

Yo era simplemente parte de la tripulación de la Motonave Venus, era su telegrafista, y mi labor era mantenerme a toda costa en el barco.

Acercar a los patriotas a la Isla –nosotros no penetrábamos las aguas jurisdiccionales cubanas -y que estos se montaran en la lancha que llevábamos a remolque y hasta ahí llegaba nuestra encomienda.

Quizás mi gran fallo fue (a pesar de haberme ganado con este insólito gesto la amistad eterna de Jorge Riopedre y de Humberto Solís, y el respeto de los héroes de la causa de Cuba Vicente Méndez y Edel Montiel) el compenetrarme enormemente con los combatientes.

La cuestión fue que de pronto le dije al capitán del Escambray Vicente Méndez: “Vicente, quiero hablar contigo”. El guajiro me dijo: “Dime “Serapio”. “Serapio” era un apodo que él me había endilgado.

Y de sopetón le dije: “Yo quiero bajar y quedarme en Cuba contigo”. Riéndose me respondió: “Chico, lo que pasa es que tú te has pasado todo este viaje mareado y lo que estás es loco por salir de aquí…”

Y añadió: “Yo no soy tu jefe, preséntale tus deseos al capitán del barco Blas Enrique Castro y que él decida, por mí no hay inconveniente”.

Y para allá nos fuimos a hablar con Blas quien me miraba con los ojos muy abiertos como si él fuera el director de Mazorra y estuviera escuchando a un loco recién recluido que quería salir del sanatorio. Sólo dijo 11 palabras: “Estoy en desacuerdo, pero has lo que te dé la gana…”

Una hora más tarde le pregunté a Vicente: “¿Tú tienes ‘un hierro’ para mí?”. Y me dijo: “Pregúntale a Edel, tú te vas con su guerrilla, me parece que él tiene disponible uno de esos rifles que ustedes fabricaron y nos mandaron desde Los Ángeles, creo que son buenos”. Yo le respondí: “Son una mierda, y gracias yo prefiero irme con Montiel”. Los dos nos reímos.

Al otro día -ya ustedes saben- la Marina Dominicana nos detuvo, nos envió para la Isla Beata detenidos por 49 días, nos devolvió a Puerto Rico y posiblemente me salvaron la vida.

Cualquier duda sobre esta imprudencia mía pueden indagar –y me servirá de testigo- con Jorge Riopedre, un hombre serio, patriota quien laboró en Radio y TV Martí por más de 30 años.

Un Comentario sobre “¿PATRIOTISMO O MI MAYOR IMPRUDENCIA?

  1. Pienso que has hecho mucho mas por la causa de Cuba vivo que muerto en combate, aunque yo creo que si la Marina Dominicana no te detiene, hubieras estado entre los heroes o martires que desembarcaron en Playa Giron. Fue tu patriotismo, no lo dudes.

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