PENSÁNDOLO BIEN

JORGERIOPEDREPor, Jorge Riopedre 

Ni el exilio cubano ni la oposición interna deben tirar la toalla ante lo que parece un duro golpe a las aspiraciones de un cambio democrático en Cuba, por el contrario, la reanudación de relaciones diplomáticas con Estados Unidos implica una derrota estratégica para el régimen castrista.

Forzado por la quiebra moral y material del país (reconocida por Raúl Castro en un sonado discurso en el que dijo que la isla se encontraba al borde del abismo), el régimen ha optado por una retirada táctica, un repliegue similar al urdido por Fidel Castro en los años noventa para salir del período especial aceptando temporalmente las inversiones extranjeras en Cuba. Sin embargo, la correlación de fuerzas ha cambiado y la historia no suele repetirse.

La cúpula gobernante cubana se halla en un callejón sin salida. Necesita el apadrinamiento de Estados Unidos para tener acceso a las instituciones financieras internacionales, pero no puede tolerar el pluralismo político sin una eventual pérdida de poder. Dispondrá de más dinero para reprimir a la oposición pero la represión tendrá que ser cada vez más brutal. En contraste con los caudillos decimonónicos que se refugiaban sin mayores dificultades en otros países de la región, muchos funcionarios cubanos sobre los que pesan graves acusaciones corren el riesgo de ser encausados en el exterior si renuncian a la inmunidad diplomática y abandonan la isla. Muchos de sus hijos viven en Miami, pero es probable que ellos se vean obligados a permanecer en Cuba hasta el fin de sus días, a menos que decidan buscar la protección de Estados Unidos a cambio de contar todo lo que saben.

Por consiguiente, la cúpula gobernante cubana ha abierto la caja de Pandora acuciada por la necesidad y tal vez por inferencias irreales. Cuba no tiene parecido alguno con China ni con Vietnam; Cuba es un polvorín tropical rodeado de agua por todas partes. Si abre el mercado es de esperar que la disidencia aumente en proporción directa con el auge de su independencia económica. Si lo cierra o permanece estancado como hasta ahora será aún peor, porque ha sobrevalorado las expectativas de la reanudación de relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Ahora ya no hay marcha atrás.

Paradójicamente, tanto las filas de los cancerberos como de los exiliados se van agotando por el inexorable paso de los años, abriendo el camino a nuevas generaciones de cubanos. Ya Cuba no le pertenece ni a los represores ni a los reprimidos, sino a un amasijo de gente aplastada y maltrecha tan perturbada como los alquimistas que se apoderaron de sus almas. Esperemos que los cubanos del futuro sean más sensatos que los represores y los reprimidos pero debo confesar que tengo mis dudas.

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