POLÉMICO TEMA: EL MITO DEL COMUNISMO DE FIDEL CASTRO-SEXTA PARTE

Por Servando González- Especial para Nuevo Acción-(Tomado de mi libro La CIA, Fidel Castro, el Bogotazo y el Nuevo Orden Mundial, [2012])

¿Un führer caribeño?

Un somero estudio del pensamiento y el comportamiento político de Fidel Castro indica claramente no sólo la carencia de los más elementales rudimentos de marxismo sino una gran influencia de los clásicos del fascismo — hecho que detectaron hace muchos años Hugh Thomas,117 este autor,118 Georgie Anne Geyer119 y el profesor de la Universidad de Berkeley A. James Gregor, quien calificó el castrismo de “variante tropical del fascismo”.120 No es marxismo, sino fascismo, las repetidas menciones de que “la jefatura es básica” que aparecen en sus escritos de la Sierra Maestra. No es marxismo, sino fascismo, lo que rezuma la teoría foquista de tomar el poder a través de golpes de estado, que Castro le sopló al oído a Regis Debray.

Pero estos no son los únicos indicios de la tendencia fascista de Fidel Castro. Por ejemplo, las palabras finales de su autodefensa en el juicio por el asalto al cuartel Moncada, “Condenadme, no importa, la Historia me absolverá”, son demasiado similares a las últimas palabras de Hitler en su propia defensa en el juicio por el frustrado putsch de 1923, “Condenadme, no importa, la Diosa de la Historia me absolverá”.121 La similitud no pasó desapercibida para los comunistas cubanos.

Ciertos elementos de los símbolos seleccionados por Castro para sus movimientos políticos también apuntan hacia el fascismo. Por ejemplo, los colores de la bandera del Movimiento 26 de julio eran rojo, negro y blanco. Esto es poco usual porque, a pesar de que el rojo y el blanco son los colores presentes en la bandera cubana, el negro no aparece en ninguno de los símbolos nacionales cubanos.

Hugh Thomas (foto) cree que, inconscientemente, Castro tomó la idea de los colores de la bandera anarquista.122 Sin embargo, rojo, blanco y negro son también los colores de la bandera nazi con la swástika. El hecho de que Castro aprobara o sugiriera el uso del color negro en la bandera del M-26-7 puede haber sido tan sólo el producto de una coincidencia, pero cuando uno lo ve en conjunto con otra información se evidencia que tenía un simbolismo muy específico.

Las primeras unidades de la milicia, creadas en la Universidad de La Habana, llevaban camisas oscuras muy parecidas a las de los nazis.123 Más aún, en algunas de las primeras concentraciones de masas en la Universidad las milicias desfilaron portando antorchas. La semejanza con las tropas de asalto nazi llegó a ser tan evidente que la milicia de la Universidad pronto cambió sus uniformes por unos más convencionales.

Pero, lejos de ser una nueva idea, la milicia de la Universidad con sus antorchas y sus camisas oscuras eran en realidad un viejo sueño de Fidel Castro. El 27 de enero de 1953, en la víspera del centenario del nacimiento de José Martí, un grupo de seguidores de Fidel se presentó en la Universidad. Luego, bajaron por la escalera central marchando hombro con hombro y portando antorchas en un impresionante desfile al estilo nazi.124

Cuando Castro se encontraba en México enfrascado en la preparación de la invasión de Cuba, alguien lo denunció a la policía secreta mexicana, la cual detuvo a algunos de los revolucionarios y registró la casa en que vivían. Entre las cosas que la policía mexicana halló estaba un ejemplar de Mi lucha de Hitler el cual, según algunos que lo conocían de cerca, Castro siempre tenía a mano.125

Una autora y periodista norteamericana halló que, “durante sus días de universidad de La Habana, Castro leía a Marx, y el Mi lucha de Hitler” y ambos libros ejercieron una gran influencia en él.126 Por su parte, Mario Llerena, miembro prominente del M-26-7, afirmó que algunos habían notado en Fidel muchas de las características de un dictador fascista, y que a menudo había oído decir que uno de los libros favoritos de Fidel era Mi lucha.127 La evidencia muestra que Castro siempre estuvo muy familiarizado con las ideas de Adolfo Hitler.

Por ejemplo, sus seguidores más cercanos llamaban a Hitler “el Führer” (el jefe). Entre su círculo íntimo Fidel Castro es llamado “el jefe”.128 Hitler deshumanizó a sus enemigos llamándolos alimañas. Castro llama a sus opositores gusanos.129 Castro utilizó la palabra “bandidos” para denominar a los patriotas cubanos que luchaban una guerra de guerrillas contra él en las montañas del Escambray. Por su parte, una instrucción especial de la Oberkommando nazi, fechada el 23 de agosto de 1942, ordenó que, por razones psicológicas, el término “guerrilleros” no se debía utilizar, sino “bandidos.” Es evidente que Castro, un ávido lector de literatura nazi, copió el uso de estos términos de los nazis.

En los primeros años de la revolución, era común escuchar a los asistentes a los mítines y asambleas de masas cantar rítmicamente a coro: “Fi-del!, Fi-del!, Fi-del!”. El coro monótono se asemeja demasiado al “Zieg-Heil!, Zieg-Heil!, Zieg-Heil!” [pronúnciese Sig Jail] de los nazis.

Un lema común en la Alemania de Hitler era: “El Führer ordena, nosotros obedecemos”. El lema castrista era: “Comandante en Jefe: ¡Ordene!” Evidentemente, hay demasiadas similitudes entre el castrismo y el nazismo para que tan sólo sean producto de la casualidad.

En un discurso pronunciado en Santiago de Cuba a principios de 1959, Castro denunció la “mal intencionada” prensa de Estados Unidos y lanzó la idea de un servicio latinoamericano internacional de noticias, escritas en nuestro propio lenguaje. Inmediatamente, Castro comenzó a reclutar periodistas y, a principios de marzo de 1959, creó la agencia de noticias Prensa Latina, totalmente bajo su control.

Curiosamente, la idea de Castro se parecía mucho, incluso en el nombre, a una similar que otro dictador fascista de América Latina había tenido muchos años antes. El dictador no fue otro que Juan Domingo Perón, quien creó la Agencia Latina, un servicio de noticias que fielmente llevaba a cabo el trabajo de propaganda de su régimen. La analogía entre los nombres y los objetivos de las dos agencias de noticias se torna aún más sorprendente cuando uno descubre que Castro nombró como director de Prensa Latina a Jorge Ricardo Massetti, un periodista argentino, amigo íntimo del Che Guevara, que había trabajado para la Agencia Latina de Perón.130

No sólo los comunistas cubanos, sino también los trotskistas, notaron la extraña afinidad entre el nazismo y el castrismo. En abril de 1961, The Militant, una revista trostkista, publicó un artículo titulado “Señales de peligro en Cuba”, en el que el autor señalaba las similitudes entre Hitler y Castro.131

A pesar de los intentos más retóricos de Castro de convertir a posteriori la rebelión contra Batista en una revolución de los pobres, la verdad es que en gran medida la rebelión fue un fenómeno de la pequeña burguesía. En realidad, la rebelión armada de Castro fue rechazada por la mayoría de los negros cubanos, que engrosaron el ejército de Batista, así como por la mayoría de las masas pobres de las zonas urbanas y rurales, que vieron con apatía los toros desde la barrera.

Un somero estudio de la rebelión en contra de Batista revela que no fueron ni el “imperialismo yankee” ni las condiciones económicas en Cuba los responsables de la supuesta conversión de Fidel Castro al “comunismo”. Acrecienta aún más el misterio y la complejidad del enigma el hecho de que nunca el Partido Comunista de Cuba se opuso a Batista. Por el contrario, los comunistas cubanos se opusieron a todos los movimientos en contra de Batista, entre ellos el de Fidel Castro. Entonces, ¿cómo pudo Cuba convertirse en un estado comunista, cuando los comunistas cubanos se opusieron a la revolución que produjo ese estado? Si Castro era comunista, ¿por qué el partido comunista inicialmente mantuvo una actitud tan despectiva hacia sus operaciones militares? Si Castro en realidad era comunista, ¿por qué un oficial de la CIA, que testificó en 1959 ante un subcomité del Congreso de los EE.UU., declaró que la evidencia disponible no justificaba esa conclusión?132

Existen pruebas circunstanciales que indican que el motivo principal por el que Castro trató de probar su filiación marxista no era porque creía en el marxismo, sino porque sabía que sólo el comunismo o el fascismo le permitirían mantener el poder ilimitado que había conseguido de repente. Sin embargo, tal como he explicado más arriba, la historia de Fidel Castro muestra que sus ideas se acercaban más al fascismo que al comunismo.133 Pero el fascismo, sobre todo después de la derrota de la Alemania nazi, ya no estaba de moda, por eso adoptó el disfraz de comunista.

Como bien observó el profesor de la Universidad de Berkeley Paul Seabury,

“En otra coyuntura de conflictos internacionales, Castro bien podría haber sido simplemente un fascista antinorteamericano. En realidad, la filosofía de activismo revolucionario de Castro se parece más a la de Mussolini que a la de Lenin.”134

La decisión de declarar su revolución marxista fue la estratagema que Castro usó para engañar a amigos y enemigos por igual. Como lo que más temía era la pérdida del poder que había obtenido ilegalmente, tomó el único camino que le facilitaría mantener su liderazgo por siempre; el camino del “comunismo”.

En febrero de 1959, Castro aprobó un decreto llamado la “Ley Fundamental de la Revolución.” El decreto no sólo canceló todos los derechos constitucionales de los ciudadanos, sino que también trasladó el poder legislativo al gabinete, que él controlaba. Esta ley draconiana y antidemocrática fue el equivalente de la Ley de Habilitación en Alemania, que le dio poderes dictatoriales a Adolfo Hitler, o el Patriot Act de los EE.UU, que le otorgó poderes dictatoriales a George W. Bush. Inmediatamente después de haber aprobado la ley, Castro asumió el cargo de Primer Ministro y le prohibió al Presidente títere que él mismo había nombrado que asistiera a las reuniones del gabinete .

Tan sólo seis meses después de que Castro se apropió del poder en Cuba en 1959, el éxodo de cubanos que huían del país había cobrado impulso. Día tras día, cientos de cubanos — niños pequeños, personas mayores y parejas jóvenes y de mediana edad — hacían largas colas ante los mostradores de las compañías aéreas con vuelos desde La Habana. Su equipaje personal incluía los triciclos de los niños, las mantas, las fotografías de sus seres queridos, sus cubiertos de plata y prácticamente todo lo de valor que poseían, como joyas y relojes de oro. En dramáticas escenas que recordaban la fuga de los judíos a principios de la Alemania nazi, los agentes de la Seguridad del Estado castrista en el aeropuerto se incautaban de las propiedades de valor de los que escapaban.135

En los primeros meses de 1962 la oposición al régimen de Castro se extendió por todo el país. Las redadas por las tropas del gobierno se hicieron comunes. Aunque Castro se llegó a graduar de la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana, nunca creyó en el imperio de la ley, sino en el imperio de los hombres. A los pocos meses de tomar el poder, el sistema judicial de Cuba se trastornó radicalmente. Al igual que en la Alemania de Hitler, en Cuba el poder del líder (führergewalt) se convirtió en la ley absoluta del país, y todos los caprichos maníacos de Castro se convirtieron de inmediato en códigos y reglamentos de la ley.

En 1962 Castro creó los “tribunales militares móviles,” una técnica de exterminio que hizo que todos los crímenes de Batista lucieran pálidos en comparación. Camiones cubiertos tipo panel viajaban por todo el campo, llevando a cabo en el terreno juicios sumarios. Estos tribunales militares se enviaban zonas del campo donde alguien había denunciado anónimamente disturbios o infracciones a la nueva ley. Las infracciones comprendían un amplio espectro, desde ser “enemigos del Estado”, “hablar en contra del régimen”, hasta “negarse a asistir a la escuela” o “negarse a hacer trabajo voluntario para cortar la caña de azúcar”. Los juicios se llevaban a cabo en sólo unos minutos, y la mayoría de los acusados eran ejecutados en el acto. En muchos casos, los ataúdes habían sido llevados con anterioridad y los propios “jueces” servían como miembros del pelotón de fusilamiento. Los afortunados que no eran fusilados eran condenados a 30 años de trabajos forzados.136

A principios de 1964, Castro ya había creado un gran sistema de detenciones masivas, con 57 cárceles y 18 campos de concentración con un estimado de 100.000 presos políticos en un estado de servidumbre total al tirano.137 Aunque muchas personas todavía creen que, a diferencia de otros tiranos totalitarios, Castro nunca incurrió en arbitrariedades o venganzas personales, la realidad es bien diferente. A pesar de que Castro ha negado que los presos en sus cárceles son torturados o tratados en forma inhumana, muchos de los presos políticos que han logrado escapar han testificado extensamente sobre lo contrario.138 Desafortunadamente, en estos momentos los EE.UU. ha implementado en la prisión militar de Guantánamo, y en otras prisiones secretas en diferentes partes del mundo, técnicas de tortura mental y física muy similares a las que se aplican en las prisiones castristas.

A comienzos de 1980, la represión generalizada en Cuba había alcanzado niveles intolerables. En abril de 1980, producto de la desesperación, un grupo de familias cubanas en busca de libertad secuestró un autobús de la ciudad y, después de estrellarlo contra la tapia de la Embajada del Perú en La Habana, trató de entrar a la embajada a través de la brecha en la pared. Los soldados cubanos que rodeaban el complejo abrieron fuego y mataron a varios de ellos, incluyendo niños pequeños y mujeres. Los que lograron penetrar en los terrenos de la embajada pidieron asilo político.

Unas horas más tarde, un furioso Fidel apareció en la televisión e insultó a los cubanos que se habían refugiado en la embajada con epítetos que iban desde “gusanos” hasta “agentes de la CIA.” Castro terminó su discurso gritando: “No los queremos aquí. ¡Todo el que quiere irse, que se vaya!” Al día siguiente, las palabras de Castro fueron reproducidas en letras grandes y gruesas en la primera página de los periódicos. Pero al parecer la mayoría de los cubanos tomó su consejo al pie de la letra. El gigantesco tsunami de cubanos que escaparon de la isla a traves del puerto de El Mariel luego fue llamado “el éxodo del Mariel”.139

Preocupado por el espectáculo de miles de cubanos que trataban de salir legalmente de la isla, Castro dio marcha atrás. Primero, comenzó a llamar “escoria” a los desesperados cubanos que trataban de escapar de la  isla, y añadió que eran delincuentes. Poco después, se le ocurrió la  diabólica idea de los “actos de repudio”, en los que se acosaba física y psicológicamente a quienes, siguiendo su propia sugerencia, planeaban salir legalmente del país. Una descripción detallada de los “actos de repudio” va más allá del objetivo de este libro, pero es suficiente decir que fueron una nueva puesta en escena de la ßpersecución inicial a los judios en la Alemania nazi.140

El comportamiento de sus turbas en los “actos de repudio”, inspiró a Castro para la creación de otra de sus abominaciones fascistas, las infames Brigadas de Acción Rápida; grupos de matones y delincuentes comunes patrocinados por el gobierno, al parecer inspiradas en los squadristi,141 los matones callejeros fascistas de Mussolini, y las SA nazis. La tarea principal de las Brigadas de Acción Rápida es la brutal represión de los disidentes cubanos.

Otra abominación de inspiración fascista creada por Fidel Castro en Cuba son los Comités de Defensa de la Revolución (CDR); grupos de informantes en cada cuadra de la ciudad para espiar a sus conciudadanos. Carente de originalidad, Castro obtuvo su inspiración para los CDR de los blockwarts, una institución muy similar creada por Hitler en la Alemania nazi.142

Aunque ha tomado algún tiempo, al parecer más y más gente en Cuba se ha dado cuenta de las semejanzas entre el castrismo y el nazismo. En 1986, el periódico Granma, órgano oficial del gobierno castrista, publicó en su primera página una fotografía de Castro en una reunión del temido Ministerio del Interior (MININT), la policía secreta de Castro similar a la Gestapo nazi. La foto mostraba a Castro con la mano derecha levantada en el típico saludo nazi y, detrás de él, la palabra “ario” en una pancarta en la pared. La foto había sido captada por un fotógrafo astuto que había encuadrado a propósito las cuatro últimas letras de la palabra “revolucionario”  que aparecían en la pancarta. Tan sólo unos cuantos ejemplares del periódico llegaron a la calle antes de que las autoridades castristas descubrieran el subterfugio y confiscaran y destruyeran toda la edición. Acto seguido, una severa purga se llevó a cabo en Granma, y varios periodistas y fotógrafos terminaron en las cárceles de Castro.

Notas:

  1. Hugh Thomas, “The U.S. and Castro, 1959-1962,” American Heritage, Vol. 29 No. 6 (October/November 1978), p. 34.
  2. The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol (Oakland, California: Spooks Books, 2001).
  3. Georgie Anne Geyer, Guerrilla Prince (Boston: Little, Brown and Company, 1991), pp. 233-305.
  4. A. James Gregor, The Fascist Persuasion in Radical Politics (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1974), p. 302.
  5. Ver, Jules Dubois, Fidel Castro (New York: Bobbs-Merrill, 1959), p. 83. Para una interesante comparación entre las palabras de Castro y las de Hitler, ver “History Will Absolve Me,” en F. Castro and R. Debray, On Trial (London: Lorringer, 1968), p. 40. Ver también Konrad Heiden, Der Führer (Boston: Houghton Mifflin, 1944), p. 206; así como William Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich (Greenwich, Conn.: Fawcett, 1962), p. 118.
  6. Hugh Thomas, op. cit., p. 828.

123 . En su edición del 25 de noviembre 1959, El Libertario, una publicación de los anarquistas cubanos, mencionó que las milicias recordaban los combatini fascisti de Mussolini o los “camisas azules” falangistas. Ver, Carlos M. Estefanía, “Liquidación del socialismo libertario en Cuba: ¿final de una utopía?”, Revista Cuba Nuestra, http://hem.passagen.se/cubanuestra. Poco después, El Libertario fue prohibido.

  1. Ver, Marta Rojas, “Manifestación de las antorchas por el centenario de José Martí,” en Aldo Isidrón del Valle, Marta Rojas, Arturo Alape, et al., Antes del Moncada (Havana: Editorial Pablo de la Torriente, 1986). pp. 119-126.
  2. Daniel James, op. cit., 55.
  3. R. Hart Phillips, The Cuban Dilemma (New York: Ivan Obolensky, 1962), p. 18.
  4. Mario Llerena, The Unsuspected Revolution, (Ithaca, N. Y.: Cornell Univ. Press, 1978), Chapter 5, note 7.
  5. Ver, Lee Lockwood, Castro’s Cuba, Cuba’s Fidel. (New York: Macmillan, 1967), pp. 50, 52, 55.
  6. Lee Lockwood, Ibid., p. 57.
  7. Paul D. Bethel, The Losers (New Rochelle, N.Y.: Arlington House, 1969), p. 116. Masetti peronista en David D. Burks, Cuba Under Castro (New York: Foreign Policy Association, 1964), p. 42. Massetti había sido miembro de la Alianza Nacionalista, una organización de matones peronistas de extrema derecha. Años más tarde, Massetti dejó Prensa Latina y viajó a Bolivia, donde creó un pequeño grupo guerrillero que pensaba invadir Argentina. En abril de 1964 el grupo tuvo el primer encuentro armado con el ejército, que liquidó la mayor parte de los guerrilleros. Massetti logró escapar a la selva y más nunca mas se supo de él.
  8. Trent Hater, “Danger Signs in Cuba”, The Militant, April 17, 1961. Para un devastador ataque del castrismo desde una perspectiva marxista (o trotskista), ver Bill Vann, “Castroism and the Politics of Petty-Bourgeois Nationalism,” una conferencia dictada en Sidney, Australia, el 7 de enero de 1998, en la International Summer School on Marxism organizada por el Australian Socialist Equality Party. http://wsws.org/exhibits/castro.
  9. Testimonio de un oficial de la CIA informando al Congreso de que Castro no era comunista en Communist Threat to the U.S.Through the Caribbean, 86th Congress, 1st Sess., Part. 3, Nov. 5, 1959, 162-164.
  10. Adam B. Ulam, The Rivals (New York: Penguin, 1976), p. 315.
  11. Paul Seabury, The Rise and Decline of the Cold War (New York: Basic Books, 1967), p. 68.
  12. Paul D. Bethel, op. cit., p. 241.
  13. Ibid., p. 318.
  14. Ibid., p. 388.
  15. Ver, por ejemplo, Jean Cau, “Cuba a ses camps de mort,” Paris-Match, 12 de junio de 1971, y también Armando Valladares, Contra toda esperanza (Plaza & Janés, Barcelona, 1985).
  16. Sin embargo, algunas personas creen que no hubo nada de espontáneo en los sucesos, y que todo fue planeado de antemano entre Castro y sus amigos en los E.UU. Ver, Liz Balmaseda, “Exile: ‘I Was Mastermind of Mariel’”, The Miami Herald, julio 31, 1989.
  17. Ver, Carlos Alberto Montaner, entrevista a Manuel Sánchez Pérez, Diario Las Américas, April 27, 1986, 5E. Ver también, Reinaldo Arenas, Before Night Falls (New York: Penguin, 1992), pp. 276-285, así como Alina Fernández, Castro’s Daughter (New York: St. Martin’s Press, 1998), 153-155. En un libro reciente, Montaner añadió algunos detalles horripilantes cuando describe las acciones de los matones castristas en el hostigamiento de las personas que, siguiendo la sugerencia de Castro, trataban de abandonar la isla legalmenbte.Ver, Carlos Alberto Montaner, Journey to the Heart of Cuba: Life as Fidel Castro (New York: Algora, 2001), pp. 131.
  18. A. James Gregor, The Fascist Persuasion in Radical Politics (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1974), p. 302.
  19. Edwin Tetlow, Eye on Cuba (New York: Harcourt, Brace, 1966), p. 132. Por varios años, uno de los carteles que identifican los CDR ornaba una de las paredes de La Peña, un centro de agitprop comunista en la República Socialista de Berkeley, California.(Continuará)

Un Comentario sobre “POLÉMICO TEMA: EL MITO DEL COMUNISMO DE FIDEL CASTRO-SEXTA PARTE

  1. Los analisis cuando son superficiales desvirtuan los hechos, al igual que cuando son demasiado profundos, distorsionan el entendimiento, se llega hasta la semiotica del texto para saber entonces que es comunismo o que es ser comunista. Siguiendo la profundidad de este analisis, tambien entramos en el character de Fidel Castro para definir si lo era y no, y oh sorpresa, Fidel es solo Fidel con sus ambiciones y egoismos, por tanto no era comunista. Y que fue Marx, Lenin, Stalin? Bueno, ahora se me antoja decir que ellos tampoco son comunistas, me ire a profundidad y dire que son satanistas. Creo que cuando analizamos dentro del contexto politico y damos una definicion, es comunista, estamos hablando del comportamiento politico. No podemos salir de ese contexto para entrar en una biografia personal del dictador y luego decir que no fue comunista, que fue un mafioso. Fidel Castro implanto el comunismo en Cuba y en otras partes del mundo. El arbol de pera no da calabazas. Mas cordura, por favor.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Help

WordPress theme: Kippis 1.15